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Diario de un mexicano en Japón

Julio César Rentería vive en Tokio, desde donde nos narra el día a día de la tragedia que azota a todo Japón
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Video Estabilizan planta nuclear de Fukushima; continúa alerta.
Trabajadores y expertos de la planta nuclear japonesa lograron restaurar la electricidad en dos de las unidades nucleares, un paso clave para restablecer el sistema de enfriamiento de los reactores

Lunes 21 de marzo de 2011 Redacción | El Universal13:07
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21 de marzo / Mi hijo me pregunta si puede pisar los charcos

Este día fue de descanso debido a la celebración del equinoccio, por lo que decidimos permanecer en casa. En la televisión recomendaron no salir, no tanto por las plantas nucleares, sino por las lluvias.

No obstante, mi esposa salió por comida y encontró en el supermercado un mejor surtido de productos, con algunos precios ligeramente más altos.

Me parece que a una semana del terremoto ha cambiado la preocupación en Japón: primero se trataba de ayudar a la gente que se había quedado sin hogar, luego fue la cuestión de la radiación y ahora lo de los alimentos, posiblemente contaminados.

Aunque sigue la preocupación en los japoneses, siento que están confiados en que el problema en su país se va resolver. Los mexicanos que decidimos quedarnos también confiamos en que van salir bien las cosas.

Mi hijo de seis años lo intenta tomar muy en serio, tratando de entender lo que sucede de la mejor manera posible, aunque todavía no tiene una dimensión real de lo que pasa a su alrededor. Me preguntó que si podía pisar los charcos, por el temor a una radiación. Por supuesto le expliqué que ahí no había ningún problema.

Continúan los temblores todos los días, apenas ayer a las 6 de la tarde se sintió uno, de unos tres grados, pero ya ni nos preocupamos. Los celulares emitan incluso falsas alarmas de temblor.

20 de marzo / La preocupación sigue, pero no crece

Hoy en Tokio el día fue más tranquilo, es un día de descanso. La gente trata de seguir su vida normal, la preocupación persiste. Sin embargo, no crece. Mi familia y yo pensamos que para salir un poco de la tensión nos hacía falta salir y decidimos ir a caminar a un parque cerca de nuestra casa, a pesar de las recomendaciones de no salir. Lo hicimos más que nada por nuestro hijo.

A mi esposa la veo muy confiada de lo que está haciendo su gobierno, positiva de que las cosas van a salir bien.

Las calles siguen aún semivacías y la gente conserva la tranquilidad. Atzuko salió de compras por la mañana y sólo pudo encontrar pan, pero no estamos preocupados, tenemos suficiente con las reservas que tenemos en casa.

La población japonesa está más optimista ante la situación, tiene confianza en que su gobierno resolverá esta crisis en la que se encuentra el país. En la capital, se está retomando el tema de la gente que perdió todo debido al tsunami.

Hoy vi un punto de acopio cerca de mi casa para donaciones de agua, arroz o cobijas para los afectados en el norte de Japón, en Sendai.

Por la televisión, vi sobre la alerta de radiactividad en agua y en alimentos. Informaron que las tiendas no iban a vender productos de esa áreas cercanas a las plantas nucleares. Sólo hay que revisar el origen de los productos. La gente confía plenamente en las medidas que toma el gobierno japonés. He escuchado varios comentarios entre la comunidad extranjera y creo que definitivamente tenemos más confianza en el gobierno japonés, que en nuestros mismos gobiernos.

Mañana se espera lluvia en Tokio, pero no nos han dicho nada sobre lluvia radiactiva, sólo había escuchado que se podía limpiar un poco de radiación cerca de las plantas nucleares con el agua.

En la parte norte de Sendai hay un problema con el traslado de ayuda por la caída de un puente.

19 de marzo

En Tokio el fin de semana no devolvió la normalidad a la ciudad. A pesar de que he visto un poco más de gente en las calles, la vida en la capital japonesa no es ni la mitad de lo que normalmente se ve.

Sin embargo, algo comienza a cambiar. Hoy noté a los japoneses con quienes me reuní más optimistas sobre la crisis nuclear; al menos más de lo que pude notar a mis amigos extranjeros.

La gente aquí confía en su gobierno y está segura de que ha hecho todo lo posible para enfriar los reactores nucleares y quizá por eso yo no los veo tan temerosos.

Pero yo sí temo. A pesar de que mi esposa Atsuko y mis amigos me dicen que confían en que la crisis pase, sigo preocupado por lo que pueda ocurrir, principalmente por mi hijo de seis años.

No conocemos la situación a la que nos enfrentamos. La radiación es algo que no comprendemos y no puedo saber si en 10 o 15 años él pueda desarrollar problemas por la exposición a la radiación.

Hasta ahora trato de explicarle a mi hijo la situación en que vivimos y lo que podría venir en los próximos días. En la escuela le han explicado muy bien todo lo que pasa con el sismo y el tsunami, y él me pregunta sobre eso, pero no sobre la radiación. Es algo que ni siquiera uno mismo entiende.

A pesar de eso, sigo seguro de mi decisión de no salir de Tokio ni dejar Japón.

He platicado con mi esposa cuál sería el punto de quiebre, la situación extrema que nos obligaría a regresar a México y creemos que, si el gobierno japonés empieza a repartir pastillas de yodo en Tokio para combatir la contaminación nuclear, sería la señal inequívoca para salir del país.

Debo decir que también hay algo que me hace pensar más la decisión de regresar a México. ¿Será más peligroso quedarse en Tokio con la emergencia nuclear que regresar a mi país y enfrentar la inseguridad? Pensarlo es algo tragicómico.

18 de marzo

Hemos tenido fallas en la comunicación telefónica hacia el extranjero. En Tokio seguimos pendientes de la cobertura que los medios extranjeros dan sobre la crisis en Japón y no podemos dejar de notar un tomo alarmista.

La situación sí es difícil, pero quizá la percepción es exagerada. Mi familia en México está muy temerosa y quizá también quienes tengan familia o amigos aquí. Quiero que sepan que a pesar del riesgo, las plantas nucleares están muy lejos de Tokio y que los intentos por disminuir la emergencia nuclear avanzan.

Julio César nació en el Distrito Federal hace 39 años. Viajó a Japón por primera vez en 1992 y aprendió el idioma, lo que le permitió trabajar en una empresa japonesa cuando regresó a México.

Hace once años se mudó a Tokio en donde vive con su esposa Atzuko y su hijo Leo César

17 de marzo

A casi una semana del sismo y el tsunami que azotaron este país, desde Tokio la situación se ve más preocupante.

Hoy platiqué con muchos amigos extranjeros y mexicanos y la mayoría ya piensa en regresar a sus países o viajar a otras zonas de Asia. Un amigo estaba alegre por haber conseguido un pasaje de avión a Sri Lanka.

Al contrario de los extranjeros, yo no he visto que los japoneses estén planeando salir del país o dejar la capital y movilizarse hacia el sur. La gente más bien está a la expectativa, se pregunta qué puede pasar, porque hasta ahora el gobierno no ha asegurado que sí vaya a poder controlar la emergencia nuclear.

Las calles en esta ciudad, la más poblada del mundo, siguen semivacías. Hoy pasé por una zona famosa por su vida nocturna, que normalmente se ve desbordante desde el jueves, y estaba completamente vacía. Las pantallas gigantes y el alumbrado público estaban apagados.

Los cortes eléctricos continúan y afectan más en esta época del año, cuando a pesar de la llegada de la primavera las temperaturas siguen siendo bajas. En casa no tenemos calefacción y mi hijo se ha tenido que quedar en casa de sus abuelos.

Me han comentado que el arroz y el agua embotellada están escaseando. Hoy fui a comprar unas baterías y los anaqueles estaban vacíos, todas se habían acabado. Tampoco había papel de baño. Las tiendas están vendiendo kits de emergencia que contienen un radio, una linterna y barras nutritivas.

Toda esta alarma por la crisis nuclear también nos ha hecho olvidar un poco la situación que aún padece la gente en Sendai y otras zonas más golpeadas por el sismo y el tsunami. La plática cotidiana ya no aborda tanto esos temas sino la emergencia nuclear.

Quizá por el ambiente en el que estuve hoy y la gente con quien platiqué regresé un poco cabizbajo a casa. Cuando esto inició no había contemplado la posibilidad de salir de Japón y regresar a México, pero en este momento la situación te lleva a pensar un poco más en eso.

Mi esposa Atzuko, que es japonesa, y yo teníamos el plan a largo plazo de regresar en unos años para que mi hijo estudiara allá, pero tomar la decisión en un mes es muy precipitado. Aquí está mi casa y no es fácil dejar trabajo, negocio, todo.

Mi familia en México me pide que no le busque, que me regrese mientras pasa la emergencia, pero planearlo es difícil porque nadie sabe lo que vaya a pasar. Nunca habíamos vivido algo así.

A la gente que tienen familia o amigos en Tokio me gustaría decirles que hasta ahora estamos bien. Sin embargo, si la situación se pone peor si habría que pensar seriamente en regresar.

16 de marzo

Mi nombre es Julio César, trabajo en una importadora de productos mexicanos. Tengo 11 años de residir en este país, donde comparto mi vida con mi familia, con mi esposa y con mi hijo. Todo estaba bien, hasta que nos golpeó la tragedia.

Ya pasaron unos días del terremoto y el tsunami, y el temor sigue ahí, vivo, aunque la gente lucha por tratar de llevar las cosas con normalidad.

Hoy algunas gasolineras estuvieron cerradas. En las pocas estaciones que se puden encontrar abiertas las filas de autos eran de un kilómetro para poder comprar 20 litros de gasolina, la cantidad máxima que están surtiendo. Tuve suerte de conseguir gasolina.

De regreso a mi casa en la avenida principal el alumbrado público estaba apagado. Hoy se cortó la luz de 2:00 a 7:00 de la noche. Habían avisado que habría dos cortes al día pero apenas hoy fue el primero.

Mi esposa me ha comentado que la leche ha escaseado. No había agua en el supermercado.

La gente anda normal en la calle. Se ven menos personas y menos coches pero todos tratan de hacer su vida normal, hasta donde se puede. No hay pánico. La gente confía en que la crisis nuclear no se ha salido de control.

"La calle hacía olas, como una cama de agua"

Julio César Rentería estaba trabajando en un sótano en el centro de Tokio cuando inició elsismo de 8.9 grados del 11 de marzo.

En entrevista telefónica con EL UNIVERSAL, el mexicano asegura que nunca había sentido un sismo de magnitud similar en Japón. "La calle hacía olas, como una cama de agua", recuerda.

Con once años viviendo en la capital nipona, Julio César cuenta que desde que llegó al país la plática cotidiana al inicio de cada año es el temor de que vaya a ocurrir un sismo de magnitudes catastróficas.

"Lo había escuchado tanto que me daba risa, pero cuando tembló supe que de eso era de lo que estaban hablando", aseguró.

En Japón el servicio de telefonía celular emite una alerta sísmica cada que ocurre un movimiento de gran intensidad, sin embargo en esta ocasión la alerta no llegó, señala.

"Un compañero de trabajo llegó corriendo a decirnos que estaba temblando. Yo salí con otros dos compañeros a la calle", recordó.

Como él, cientos de personas evacuaron la zona de oficinas en donde trabaja y permanecieron en la calle, con temperaturas cercanas a los cero grados centígrados, atentos a las réplicas más fuertes del terremoto.

Julio César refiere que el caos en la ciudad más poblada del mundo era considerable. Los servicios telefónicos se colapsaron y el tráfico saturó las calles.

Después del sismo, la gente buscaba la forma de regresar a sus casas, recuerda, pero la suspensión del servicio de trenes, el transporte más usado en Tokio, provocó que las calles se llenaran de personas que demoraron hasta cinco horas en regresar a sus hogares.

"En Japón hay gente que toda su vida se ha movido en tren y que no sabe regresar a su casa caminando. Muchos iban por la calle con mapas o el GPS de su celular viendo hacia dónde caminar", cuenta.

De todo lo que vio en Tokio, Julio César destaca el orden que mantuvieron las personas ante la tragedia y los escasos daños que se registraron en la capital.

"Generalmente en un terremoto la gente se queda tranquila esperando a que pase. Yo siempre he buscado salirme de donde estoy pero soy la única persona. Después del sismo la gente salió a la calle y permanecían callados".

Un día después del temblor, Tokio se encontraba en calma, relató Julio César. Las autoridades pidieron a las personas no salir de sus hogares por lo que las calles lucían vacías, sin embargo aún existe el temor por las posibles réplicas y la emergencia nuclear, aunque las autoridades han descartado cualquier amenaza para la capital, en donde no se perciben daños severos.

"Yo estaba seguro que los edificios se iban a caer, los postes eléctricos se movían muy feo, y me sorprendió ver que ni los anuncios se cayeron; no vi nada de destrucción", contó el mexicano, quien destacó la diferencia de esta catástrofe con la vivida en México durante el sismo de 1985.

Recuerda que en aquella ocasión él acudió a entregar equipo para los rescatistas que trabajaban en los edificios colapsados de la colonia Roma y asegura que lo impactó el daño que vio en la Ciudad de México, algo que hasta el momento no ha visto en Tokio.

jfra/rcr

 



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