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La ministra y el jefe

Ahumada afirma en su libro que negoció con el entonces senador Diego Fernández el apoyo de la bancada panista para que Margarita Luna Ramos llegara a la SCJN

Margarita Luna Ramos. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Ciudad de México | Viernes 08 de mayo de 2009 Redacción | El Universal00:06
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Carlos Ahumada tiene un reclamo: su amigo, Alejandro Luna Ramos, lo dejó solo cuando más lo necesitaba. Por eso le dedica varios párrafos dentro del capítulo "Cárcel" en su libro Derecho de Réplica. El empresario recuerda una relación consolidada en el tiempo: "con Alejandro Luna Ramos, hoy magistrado del Trife, con quien compartí por más de 10 años un sinfín de reuniones y fiestas en su casa y en la mía".

Y entonces refiere una historia con fuertes implicaciones: "Margarita Luna Ramos, por cuestiones de esas inexplicables que tiene la vida, gracias en gran parte a mi intervención y a la negociación de los famosos videoescándalos, logró llegar a ser ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En enero de 2004, un fin de semana, un sábado, llegó Alejandro a mi casa y me preguntó cómo era mi relación con Diego Fernández de Cevallos. No sé cómo, pero de algo estaba enterado. Le dije que en esos momentos creía que era buena y entonces me comentó que su hermana Margarita había sido propuesta para ocupar el lugar de ministra de la Suprema Corte, como relevo de Juventino Castro.

 

El 2 de diciembre, la fracción del PAN en el Senado, encabezada por Diego, no había aprobado su nombramiento, a pesar de contar con el apoyo del PRI y del PRD. La terna había sido devuelta al presidente Fox, quien estaba obligado a presentar una nueva.

 

Alejandro consideraba que en la nueva propuesta seguramente iría nuevamente su hermana Margarita y por ello quería contar con el apoyo de Diego y, por lo tanto, del grupo del Senado del PAN.

Le dije que me dejara ver qué podía hacer, que si veía a Diego -yo sabía que lo iba a ver por el asunto de los videos- se lo plantearía. Sin embargo, era tanto su deseo de conseguir el apoyo de Diego a través mío, que con el pretexto de que ver la remodelación de su casa, obra que me había pedido que realizara y para la que ya se tenían el proyecto y los planos hechos, me pidió que ese mismo sábado fuera a su casa ubicada en la calle de Sargazo número 118, en la colonia El Rosario, en Coyoacán.

 

Fui aproximadamente a las 3 de la tarde, vimos los detalles y confirmé que se trataba de un mero pretexto para que fuera a su casa. Alejandro subió a la planta alta y me mandó a decir con su esposa, doña Gloria, que si podía subir porque justo había hablado su hermana Margarita el celular de Alejandro y que el aparato no es escuchaba bien en la planta baja.

 

Subí y Alejandro me dijo que Margarita me quería saludar por teléfono; me la pasó, la saludé, hablamos dos o tres minutos, en los cuales me agradeció de antemano cualquier gestión que pudiera realizar con el llamado "Jefe" Diego para lo de su ratificación como ministra de la Suprema Corte. Le dije que no tenía nada que agradecer, porque yo no sabía si podría lograr algo, pero que haría mi mejor esfuerzo.

 

Salí de la casa de Alejandro e inmediatamente le hablé a Diego y le pregunté si lo podía ver; me dijo que fuera en ese mismo instante a su casa. Eran los días en que nuestra relación estaba en su mejor nivel, al grado de que sentía que en esos momentos podía pedirle un rib eye fresco de Sonora y él lo mandaría traer de inmediato en avión para la cena, con el fin de que yo estuviera contento con él. Por supuesto que nunca se me ocurrió y nunca lo hice.

 

Lo que sí hice fue plantearle la situación y pedirle el favor de que apoyara a Margarita Luna Ramos para ser ministra. De entrada, me dijo que era una señora muy conflictiva y pagada de sí misma, pero luego añadió: "Bueno, dentro de la relación que estoy teniendo contigo y como una muestra más de mi apoyo hacia tu persona, está bien, la voy a apoyar".

 

Le pregunté si me podía comunicar con Alejandro para comentarle su respuesta, y aceptó. Llamé a Alejandro, le dio mucha alegría, me dijo que jamás en la vida me lo podría pagar y me dio el número de celular de Margarita para comunicar a Diego con ella.

 

Acto seguido los comuniqué, quedaron en desayunar el lunes siguiente y lo último que supe, por los medios de comunicación, fue que el 19 de febrero de 2004, Margarita Beatriz Luna Ramos fue nombrada ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con el apoyo del Jefe Diego y la mayoría de los senadores del PAN, a pesar de que al interior de la bancada se le cuestionó a Fernández de Cevallos por qué el PAN tenía que apoyar a Luna Ramos, cuando en diciembre no lo habían hecho.

 

Después, cuando yo estaba preso y las autoridades del GDF abusaban de su poder para pervertir el curso de la justicia en todos mis procesos, Alejandro Luna Ramos se desentendió de mí, de nuestra amistad, cuando lo único que pedía era su apoyo para que mi caso fuera tratado en los tribunales con el más elemental apego a derecho".




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