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Las trampas del insomnio

RUTH RODRÍGUEZ| El Universal
00:17Sábado 24 de noviembre de 2007
El corto efecto de las pastillas para dormir provoca, en muchos casos, el abuso y la dependencia de los consumidores. Algunos confunden la depresión con problemas de sueño, al igual que los médicos. Un buen diagnóstico, la clave: especialistas

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Las mujeres son quienes más abusan del consumo de pastillas para dormir.

Los somníferos o inducidores de sueño, como también se les conoce, tienen un alto potencial adictivo por sus efectos tan cortos en el organismo, y las personas que los consumen requieren en poco tiempo de mayores dosis para poder dormir, lo que genera abuso y dependencia, advierten especialistas de los Centros de Investigación Juvenil.

De acuerdo con datos de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM, 30% de los mexicanos ha padecido insomnio en algún momento de su vida y 10% de éstos lo sufren de manera crónica, quienes llegan a perder cuatro o más horas de sueño cada noche.

Y como paradoja, una de las 20 causas de los trastornos del sueño se debe a la dependencia al uso crónico de inductores.

La Encuesta Nacional de Adicciones 2002, elaborada por la Secretaría de Salud, indica que 0.68% del total de la población consumen tranquilizantes; 0.24%, sedantes y 0.34%, estimulantes fuera de prescripción. Estas sustancias se consumen más en zonas urbanas que en rurales.

Los somníferos llegan directo al sistema nervioso central, se concentran en la sangre, ejercen su efecto (menos de media hora) en el organismo y la persona se queda dormida, explica Luis Solís Rojas, director de Prevención de los Centros de Integración Juvenil.

“Esa es la idea de este grupo de fármacos entre los que se encuentran el Diazepam (Valium),Clumitrazepan, clonitrazepan, etc, que son inducidores de sueño, pero que mantienen a la persona despierta durante el día”, comenta el también médico siquiátra.

Se consume menos que la mariguana

Desde el punto de vista epidemiólogico, “si comparamos estos fármacos con la mariguana y otras sustancias de uso médico, se consumen menos, pero sí se consumen”.

A partir de la década de los 80, señala Luis Solís, es cuando la legislación y las medidas de regulación en México se hacen más estrictas con respecto a la venta, prescripción y adquisición de estos medicamentos, lo que ha permitido la disminución de su consumo con fines de abuso.

Antes —reconoce— era muy fácil conseguirlas sin receta médica, en la actualidad no.

Si bien estas pastillas para el sueño solo pueden ser adquiridas con receta médica, se pueden conseguir en el mercado negro producto de los robos a farmacias y camiones que transportan estos medicamentos.

Agrega que es muy frecuente que en los sistemas de seguridad social se receten estos fármacos con facilidad.

“Simplemente las personas llegan a su consulta para que el médico le prescriba estos fármacos cuando en su expediente clínico esta persona tiene antecedentes del consumo de pastillas para dormir desde hace tiempo”, evidencia.

El abuso

Para que haya un diagnóstico de abuso en fármacos inductores de sueño, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, debe haber un patrón de consumo, a lo largo de un año y de manera continua, en donde la persona experimenta síntomas como desajuste social y familiar.

Para los expertos, si las pastillas para dormir se prescriben en una persona que las necesita, que no tiene antecedentes de adicciones en un periodo no mayor de cuatro a seis semanas, pueden ser de gran utilidad.

Pero cuando se utilizan fuera de prescripción, puede surgir el abuso, se consumen dósis más altas de las recetadas o por más tiempo. “Hay personas que rebasan hasta 20 veces lo que debían de consumir durante el día, y se encuentran perfectamente despiertas, porque su organismo se hizo tolerante al fármaco”, explica.

Grupo de riesgo

El grupo poblacional de mayor riesgo son las mujeres entre 30 y 45 años y en adelante, antes de esa edad, no es frecuente el uso o abuso de este tipo de sustancias.

Es en este grupo, explica, en donde se da con mayor frecuencia el abuso de las pastillas para dormir pues la mujer aún se encuentra en su etapa reproductiva, que se suma a la tensión cotidiana que vive como trabajadora, ama de casa y responsable de la crianza de los hijos, “ss el estrés de la vida cotidiana lo que puede generar en ellas las dificultades para dormir”.

Otra causa, asegura el especialista, pudiera ser por depresión y no por falta de sueño.

Desde su experiencia, “80% de las veces el insomnio o los problemas de sueño pueden ser parte de un síndrome depresivo, y en este caso, lo que está indicado es la administracion de una antidepresivo no de un medicamento para tratar el sueño”.

Es ahí, alerta, cuando los médicos o las mismas personas al automedicarse, recurren a estas pastillas para dormir, lo que agudiza el problema.

Los diagnósticos

Es frecuente que el insomnio sea confundido con depresión u otras enfermedades físicas que alteran el sueño.

Los afectados acuden angustiados al médico general y les recetan medicamentos no adecuados que, a la larga, causan tolerancia, dependencia y efectos secundarios.

Antes de prescribir un somnífero, hay que descartar otras causas que justifiquen el problema del sueño, recomiendan el especialista.



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