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El Presidente en Naciones Unidas

Jorge Hernández Tinajero *| El Universal
Jueves 27 de septiembre de 2012

La intervención del presidente Felipe Calderón el día de ayer en la Asamblea General de la ONU que se lleva a cabo en Nueva York, en relación al fenómeno de las drogas y de su impacto en nuestras sociedades resulta un tanto sorpresivo, ciertamente, en la medida que abogó por todo aquello que no estuvo dispuesto a cuestionar, debatir o siquiera escuchar durante su mandato.

Durante más de cinco años, el presidente Calderón negó toda posibilidad de considerar el consumo de drogas como una realidad inocultable de todas las sociedades, para concentrarse en utilizarla como un sustento moral de su estrategia particular de guerra contra el crimen organizado.

Habló de evitar “falsos prejuicios”, pero en el ejercicio del poder adujo en distintas ocasiones argumentos abiertamente discriminatorios contra los usuarios, al señalarlos indistintamente como enfermos, faltos de ética y de adscripción religiosa, e incluso como delincuentes o como cómplices de los fines y negocios del crimen organizado.

El presidente Calderón pidió en la ONU examinar y considerar alternativas de mercado, pero en el caso de la mariguana él mismo ignoró el debate interno y el internacional, a la par que criticó abiertamente a todos los estados de la Unión Americana en los que, por procedimientos democráticos, se ha conseguido regular su consumo a pesar del sistema de control internacional vigente.

De este modo, al negar o desestimar tal debate, y al no haber podido distinguir nunca entre sus convicciones personales y la representación de los intereses de un Estado, el presidente Calderón reconoció que él mismo se encargó de cancelar, en su propio país, las mismas alternativas que ahora pide considerar.

Asimismo, el Ejecutivo federal pidió ahora a la ONU un debate amplio en cuanto a los alcances y limitaciones del sistema internacional de control actual, que su propia política exterior se encargó de minimizar, mantener en silencio, o de plano ignorar en los distintos foros especializados en la materia. Bajo su mandato, México fue el único país latinoamericano en votar en contra de la modesta petición de enmienda boliviana, hecha a la comunidad internacional, para diferenciar en la Convención Única de 1961 entre la hoja de coca y la cocaína, aduciendo que nuestro país consideraba tal enmienda como una amenaza a la integralidad del mismo tratado.

Por último, el Presidente insistió en un tema de gran importancia para el crecimiento de la violencia en México: el control de armas. Sin embargo, aquí el Presidente se mantuvo en la misma línea hasta el final: criticó nuevamente la laxitud de las regulaciones estatales estadounidenses para el comercio de ciertas de ellas, pero omitió mencionar el particular “apetito mexicano” por ellas.

De haber actuado en consecuencia durante su mandato, hubiera tenido que hacer las cosas al revés: preocuparse menos por la oferta y más por la demanda. Al parecer, dependiendo de qué lado del mostrador se esté, el mundo se ve al derecho o al revés. El Presidente parece estar todavía decidiendo cuál le viene mejor a él.

*Director ejecutivo. Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas, A.C. www.cupihd.org



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