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Una jornada de diálogos sin acuerdos

Juan Arvizu| El Universal
Sábado 15 de octubre de 2011
Una jornada de dilogos sin acuerdos

ENCUENTRO. Javier Sicilia, que se caracteriza por su generosidad en repartir besos y abrazos, miró hacia otra parte cuando se acercó a saludarlo el presidente Felipe Calderón. (Foto: NICOLÁS TAVIRA NOTIMEX )


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Casi seis horas después de un diálogo que a veces pareció de sordos, helado por el clima y el ambiente político, cargado de reclamos por parte del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad a Felipe Calderón, tocó hablar a Clara Jusidman con un tono de terciopelo, de estreno en el tema de la seguridad pública, y describió a detalle formas posibles para recomponer el tejido social y acabar con la violencia.

La escuchaba con atención absoluta su interlocutor, el Presidente de la República, a unos 15 metros de ella en la mesa en forma de herradura, sobre el piso a cuadros de mármoles negro y blanco del Castillo de Chapultepec. También, Margarita Zavala.

Al comentar lo dicho por la doctora Jusidman, ella escuchó a un interlocutor que resultaba desconocido, ya que apreciaba las posibilidades de la recomposición del tejido social.

El abandono de niños, adolescentes, jóvenes, de la comunidad, destruye la acción de la familia, del vecindario, del barrio. Y esa pérdida ha vulnerado a los mexicanos.

Minutos después, cuando todo terminó y Calderón se despedía sin prisa de los asistentes al diálogo, Javier Sicilia, el representante más destacado del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad comentó:

“Ese es el cambio que queremos, la paz mediante la atención al tejido social”.

Los diálogos al desnudo en Chapultepec empezaron el 23 de junio con voces y palabras duras que siguieron ayer con un encuentro de muchas propuestas y muchos oídos abiertos en ambos lados.

Sin embargo, esta segunda ocasión en que se reunieron los dirigentes de la sociedad civil con el Presidente para revisar el muy complejo problema de la seguridad pública en México, el encuentro abrió con malos augurios.

A los invitados, todos víctimas de la violencia, no los dejaban entrar al Castillo con sus cartulinas y fotografías de desaparecidos que nadie busca. Y la crema y nata del movimiento se quedó a las puertas del lugar hasta que todos pudieran entrar. Además, los activistas llevaban una lista de incumplimientos del gobierno.

Javier Sicilia, que se caracteriza por su generosidad en repartir besos y abrazos, cuando se acercó Felipe Calderón a saludar, miró para otra parte. El Presidente tocó su codo derecho y siguió adelante.

“Su guerra”, le dijo una y muchas veces más a Calderón sobre las acciones contra el crimen, pero lejos de repartirle carretadas de culpas, Sicilia pidió que el diálogo abierto tuviera resultados y centró un tema nuevo: las elecciones, con desprecio por esa opción pública y dijo que serán los comicios de la “ignominia”, pues los partidos ignoran el desencanto y dolor de millones.

En esa mesa de diálogo participaron invitados nuevos: Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí, entre otros, quienes perdieron un hijo a manos de la delincuencia organizada.

“Hermanos y hermanas de dolor”, dijo Isabel Miranda al saludar a los líderes que han perdido un hijo u otro ser querido en esta época del país.

Calderón, junto con Margarita Zavala, había escuchado con atención las intervenciones y ambos escribieron notas; incluso, el Presidente abrió su computadora portátil y tecleó. Rebatieron el mensaje de “nada han hecho”, la procuradora general de Justicia, Marisela Morales, y los secretarios Alonso Lujambio (SEP) y Francisco Blake (Segob).

Estuvo sin decir palabra, Genaro García Luna, imán de las inconformidades sobre el uso y el abuso de la fuerza pública. Ausentes, los protagonistas del combate al crimen Guillermo Galván (Defensa), y Francisco Sáynez (Marina).

Fue una jornada de diálogos al desnudo, y de oír al interlocutor, por fin sin tonos guerreristas.

 

 



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