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Humanista radical

El Universal
Domingo 20 de junio de 2010

Nuestro primer sentimiento es el de una especie de orfandad intelectual, moral y cultural. Carlos representa toda una manera de ver y de pensar el país, así como de vivir la cultura mexicana y de responder así a las demandas sociales.

Creo que Carlos Monsiváis aglutinaría a todo un sector de México de los que queremos ver cambios fundamentales en términos mentales, políticos y culturales. Un cambio que nos hiciera plenamente democráticos y que respetara las diferencias. En suma, un cambio hacia un México más humanista. Carlos era un humanista radical. Él no se definía así, pero yo así lo veía. Un humanista radical que no toleraba la injusticia.

Una de las cosas que Carlos no soportaba era la impunidad de los poderes y poderosos, fueran eclesiásticos, empresariales o políticos, de ésos que se sienten con superioridad moral y ven a los demás con mirada de prepotencia y son capaces de despreciar y emitir juicios contra modos de ejercer la sexualidad, por ejemplo, o los modos de vida que suponen inferiores, los cuales, según ellos, no iban con la supuesta tradición mexicana. Carlos tenía una debilidad. Él me lo decía. Que no podía decirle que no a nadie. Por su estancia de la colonia Portales pasaron activistas contra el sida, feministas, ecologistas, defensores de las pequeñas especies, los enemigos de las corridas de toros, maestros disidentes, estudiantes del CEU, campesinos, infinidad de sujetos sociales de diversas causas. Los escuchaba y emitía una opinión. No es que diera sugerencias, no se sentía un gurú, discutía con ellos. Pero, por sobre todas las cosas, se interesaba en sus demandas. Cabe resaltar que la curiosidad e interés de Carlos en la cultura popular eran infinitos.



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