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Obama no prevé reforma en armas

J. Jaime HernándezCorresponsal| El Universal
Sábado 22 de mayo de 2010
La estrategia se centra en detener el tráfico hacia México: asesor

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WASHINGTON.— Estados Unidos no dejó que pasaran 24 horas desde que el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, demandara ante una sesión plenaria del Congreso el restablecimiento de la prohibición contra las armas de asalto para responderle con una negativa sin equívocos.

“No hay previsto impulsar un proyecto de ley en el Congreso sobre este tema”, dijo sin rodeos el asesor principal de Asuntos Hemisféricos del Consejo de Seguridad Nacional, Dan Restrepo, durante un encuentro convocado con periodistas para valorar la visita del presidente de México.

“Nosotros respetamos el derecho del presidente, Felipe Calderón, a expresar sus preocupaciones y las del pueblo de México”, fue el escueto comentario de Restrepo cuando se le preguntó sobre las demandas del mandatario mexicano ante el pleno del Congreso.

Pero la estrategia de la Casa Blanca no pasa por impulsar una prohibición de armas, sino por “tomar los pasos en el marco de las agencias federales que tienen responsabilidad de cortar esos flujos (...) de la inspección Norte-Sur e ir detrás de los que están violando las leyes actuales de los Estados Unidos, que son parte del problema”, añadió el funcionario.

Sin voluntad de cooperación

El desdén de la Casa Blanca, frente a la petición presentada por Calderón para impulsar la restitución de la prohibición contra las armas de asalto que expiró desde el 2004 —y que ha permitido en buena medida el flujo de armamento que va a parar a manos de los cárteles de la droga—, dejó en evidencia la escasa voluntad de la administración Obama para complacer a su vecino en un tema tan espinoso como el control de armas.

“Por lo visto la petición presentada por el presidente de México fue más allá del nivel de confort para la Casa Blanca”, dijo Andrew Selee, director del Instituto México en el Centro Woodrow Wilson, en referencia a un asunto de complicadas aristas en pleno año electoral.

“Creo que planteó algo muy ambicioso y no sé si con ello obligue a la Casa Blanca y al Congreso a ofrecer algo a cambio”, añadió el especialista en referencia a una lógica de pulso y regateo entre ambas naciones, en un capítulo que suscita profundas divisiones en el Congreso y frente al cual el propio presidente Obama reconoció, desde su primera visita a México en abril del 2009, que no sería “nada fácil”.

En aquel entonces, el presidente Barack Obama se comprometió a presionar en el Senado de su país para conseguir la ratificación del tratado interamericano contra el tráfico de armas, con el objeto de endurecer la lucha contra los carteles de drogas, pero hasta la fecha ese compromiso ha pasado a formar parte de las promesas incumplidas.

 

 



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