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Morelos, el feudo de Arturo Beltrán Leyva

Francisco Gómez y Justino Miranda Enviado y corresponsal| El Universal
Viernes 18 de diciembre de 2009
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Video El Jefe de Jefes, entre la proteccin divina y la corrupcin.
Durante años Arturo Beltrán Leyva tejió una red de corrupción que le proveía de impunidad por lo que logró controlar hasta 15 municipios en Morelos, al ver que ésta falló, intentó encomendarse hasta a los Santos

“El Barbas” vio cómo cayó su “reino” en los últimos 234 días

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CUERNAVACA, Mor.— El imperio de Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, se extendió por más de 15 municipios del estado en los que controlaba la vida o la muerte y los negocios de la droga, así como una red de protección y complicidad de militares, ex jefes policiacos y oficiales corruptos en activo. Pero ni la protección que pagaba ni el amparo divino de los seis amuletos que llevaba consigo, impidieron que fuera abatido al enfrentarse a integrantes del cuerpo especial de infantes de la Marina.

Rodeado de espoletas de granadas usadas en su último combate, cientos de cartuchos percutidos, estampillas de santos, sobres de suero y paredes y techos ensangrentados, quedó el cuerpo del hombre que en los últimos 234 días vio cómo cayó parte de la estructura de poder que sostenía su reino criminal en la entidad.

A las puertas del departamento 202 de Las Torres Altitude, ubicado en el fraccionamiento Punta Vista Hermosa Resort, su última guarida, fue abatido Beltrán Leyva junto con cuatro de sus sicarios.

Entre el olor a pólvora, ríos de sangre mezclada con agua de las tuberías reventadas por el fuego cruzado entre marinos y delincuentes, el departamento donde se escondió El Barbas, desde el viernes pasado en que fue ubicado por las unidades de élite de la Armada en una narcoposada, era la imagen de un campo de batalla en el cual la información de inteligencia, táctica y disciplina de los marinos superó con creces la capacidad armada de los narcotraficantes. El enfrentamiento en que perdió la vida Arturo Beltrán Leyva fue el corolario de la persecución que se intensificó contra él y su banda desde mayo pasado.

Con el rostro cubierto con pasamontañas, armas de asalto y todos con cuerpos atléticos, los marinos participantes en el operativo calificado de “exitoso”, preguntaban en más de una ocasión por el estado de salud de sus tres compañeros heridos. Se enteraron que uno de ellos falleció, Melquisidet Ángulo Córdova. Sólo hubo silencio. Los uniformados continuaron la vigilancia de la zona del enfrentamiento armado y nunca abandonaron sus puestos.

Igual que las ráfagas de los rifles de asalto de los infantes de la Marina, algunos de quienes descendieron a rapel desde un helicóptero, acabaron con la resistencia de El Barbas y sus sicarios.

Persecución

La acción se sumó a los operativos que contra el cártel de los hermanos Beltrán Leyva se realizan con mayor impacto desde el 7 de mayo pasado, cuando se descubrió a 200 metros de la casa de Gobierno de Morelos, la residencia de uno de los principales lugartenientes y operadores de la organización criminal, José Alberto Pineda Villa, El Borrado.

Luego vendría la captura de sus principales protectores en esta ciudad, como presuntamente eran los directores de la policía estatal y municipal, Luis Ángel Cabeza de Vaca y Francisco Sánchez, respectivamente, acciones que prosiguieron hasta la narcoposada del sábado pasado en la que la Armada de México lo ubicó, y se montó un cerco desde ese día para su búsqueda que concluyó ayer con el enfrentamiento en el que murió.

Los Beltrán Leyva operan en las regiones de Cuautla, Jojutla y Cuernavaca, en esas zonas controlan casi la mitad de los municipios de la entidad, según informes contenidos en expedientes de la Procuraduría General de la República (PGR) a los que tuvo acceso EL UNIVERSAL.

En la región de Cuernavaca, sede de operaciones del grupo criminal desde su rompimiento con el cártel de Sinaloa, en enero de 2008, controlan Emiliano Zapata, Tepoztlán, Jiutepec, Temixco, Xoxocotla, Puente de Ixtla y Tehuixtla.

En la región de Cuautla, que está bajo el resguardo de Édgar Valdés Villarreal, La Barbie, Beltrán Leyva controlaba Anenecuilco, Cocoyoc, Oaxtepec, Peña Flores, Yecapixtla, Apatlaco, Ciudad Ayala y Tenexpango. El Barbas operaba junto con La Barbie la región de Jojutla, que comprende a municipios y localidades de Santa Rosa Treinta, Zacatepec, Tlaltizapán, Tlaquiltenango, Ánimas, Tlatenchi, Pedro Amaro y Nexpa.

En todos esos sitios se realizaron recorridos militares y de fuerzas federales para impedir cualquier respuesta o intento de agresión del grupo criminal. Esa posibilidad obligó incluso a que el cadáver de Arturo Beltrán Leyva fuera escoltado por marinos de manera imponente al Servicio Médico Forense de esta ciudad, como también lo solicitaron expresamente los peritos por temor a un intento de rescate de los restos del capo del narcotráfico.

Vecino de políticos

Investigaciones federales y hechos públicos documentan cómo Beltrán Leyva operaba en un radio relativamente limitado en Morelos y había indicios de que su residencia estaba en Cuernavaca. Al menos eso quedó claro cuando en mayo de 2008 repelió un ataque de la Policía Federal y después de un intenso combate entre fuerzas federales y sus guardaespaldas Beltrán Leyva logró escapar.

Ni la operación de mayo de 2008, ni la del pasado viernes en una residencia de Ahuatepec ahuyentaron a El Barbas de Morelos. Por el contrario, Beltrán Leyva escogió como refugio un domicilio en un céntrico y lujoso condominio de Cuernavaca ubicado a poca distancia de la residencia del gobernador del estado.

Como residente del exclusivo fraccionamiento El Barbas fue vecino de políticos locales como el presidente estatal del Partido Nueva Alianza, Francisco Santillán; del senador panista Adrián Rivera Pérez y del ex secretario de Desarrollo Económico de Morelos, Alfonso Pedroza Ugarte.

El departamento de “La Muerte”

Bajo la férrea vigilancia de elementos de la Armada, peritos forenses levantaron los cuerpos de El Barbas o La Muerte —como también era conocido— y sus sicarios, e hicieron un inventario de cada cosa que se encontró en el departamento. Se recogieron albúmes fotográficos, cartas de familiares de quienes murieron o fueron detenidos en el lugar del enfrentamiento con contenidos que hablaban del distanciamiento y el anhelo de verse pronto con frases como “te extraño y te quiero”.

Se encontraron también documentos notariales de inmuebles, revistas del corazón y hasta una “Sagrada Biblia” en el buró de la recámara que se cree ocupaba Arturo Beltrán Leyva.

En esa recámara estaba también una pistola Pietro Beretta, un aparato ortopédico, juguetes, una pantalla de televisión y en las paredes había cientos de hoyos producidos por disparos de armas de alto poder. La escena la completaba el balcón que daba a la zona de las albercas, sitio por el cual cayó el último de los sicarios que murió en la refriega. “Pudieron vivir porque desde el principio les pedimos rendirse y no aceptaron. Pelearon hasta que murieron”, relató uno de los marinos que participó en el operativo del miércoles.

En la recámara más protegida, la que no tenía ventana alguna, sobre la cama matrimonial quedaron las botas de piel de cocodrilo en color verde y negro raspadas y ropa, toda de marca Hugo Boss, alguna nueva hasta con etiquetas y en bolsas de la misma marca.

Sobre la mesa quedó un plato servido con huevos revueltos y jamón, guacamole y dos charolas de frutas, junto a un álbum de fotografías en las que aparece una quinceañera y cartas. El departamento se selló y ahí acabó la historia de El Barbas.



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