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Hillary: el trabajo de zapa

Alejandro Irigoyen Ponce| El Universal
Sábado 28 de marzo de 2009
Experta en desactivar las bombas que dejó sembradas por el mundo la administración Bush, visitó México para apagar el fuego...

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Si algo caracteriza a Hillary Clinton es que entiende el papel que le tocó jugar y que lo hace a la perfección: recorrer el mundo en trabajo de zapa, construyendo puentes y desactivando las bombas que a diestra y siniestra sembró por el mundo George W. Bush.

Marzo inició con una escalada de desencuentros y tensión entre el gobierno israelí y la Autoridad Nacional Palestina. Desde Jerusalén se amenazó con expandir los asentamientos judíos en Cisjordania y se proyectó como inminente la destrucción de al menos 80 viviendas de familias árabes.

El ambiente de marcada hostilidad hacia Estados Unidos —el gran enemigo por asociación— dibujó entonces un escenario poco propicio para la visita de la secretaria de Estado. Sin embargo, Hillary Clinton llegó a Ramala el miércoles 4 y se reunió con el presidente Mahmoud Abbas. Con dos sonrisas y tres frases, logró lo que horas antes se antojaba como punto menos que imposible: tender un puente de terciopelo para que Obama avanzara en su campaña de acercamiento con los pueblos árabes.

Criticó los planes israelíes de demoler viviendas palestinas, expresó el apoyo de la actual administración estadounidense a la ANP y anticipó una negociación con Israel para que reconsidere su proyecto de expansión. Listo, una bomba desactivada.

Mientras Oriente Medio aplaudía las habilidades diplomáticas y el manejo fino de la política internacional de la canciller demócrata, en México el nivel de tensión en la relación bilateral con Estados Unidos llegaba a un punto álgido. Las voces que apuntaban a un Estado fallido al sur del río Bravo y que cuestionaban los resultados de la guerra contra el narcotráfico recibieron por primera vez en décadas una respuesta directa en el mismo tono e intención por parte del Presidente de la República: “El tráfico de drogas también responde a un fenómeno de corrupción en Estados Unidos; el gobierno de Obama debería tener mayor control en la venta de armas de las que se abastecen los cárteles mexicanos”.

Otra bomba.

En Washington se tomó entonces la decisión de “ordenar” la relación bilateral y para ello se planteó como necesaria la visita de Obama en abril. Pero antes, Hillary.

El pasado 25, la secretaria de Estado llegó a la ciudad de México con una encomienda clara: poner fin a los desencuentros y establecer una lógica de corresponsabilidad en todos los temas sensibles.

Algo inédito: Hillary estableció, como primera gran afirmación, que “nuestra insaciable demanda de drogas ilegales impulsa el narcotráfico y nuestra incapacidad de evitar el contrabando de armas a través de la frontera para armar a esos criminales causa la muerte de policías, soldados y civiles”. Y aún más: afirmó que los consumidores de droga en su país entregan cada año a grupos del crimen un “arma financiera” de 25 mil millones de dólares, lo que permite a la delincuencia “continuar con su campaña de violencia y de ignorancia a la ley”. Expresó que es intolerable la violencia que ejercen las bandas del narco que “aterrorizan a la comunidad mexicana y afectan también a unos 60 millones de estadounidenses que viven en la frontera con México; en Estados Unidos podemos preocuparnos de lo que viene hacia el norte, pero los mexicanos están preocupados de lo que viene hacia el sur: armas de asalto, bazucas, granadas”.

De inmediato, Michelle Leonhart, encargada en funciones de la DEA, apuntaló un discurso que se tornó orgánico: el combate al narcotráfico en Estados Unidos ha sido “un fracaso”, que se refleja en el nivel de consumo que persiste en este país y, a su vez, reconoce el éxito que tienen las autoridades mexicanas en su cruzada contra los cárteles de la droga que “están en desbandada”.

Como segunda gran afirmación, Hillary estableció que no existen territorios ingobernables en México y para cerrar la pinza, que “nosotros nos levantamos y caemos juntos”. El director de la Inteligencia Nacional, Dennis Blair, quien a principios de mes declaró en el Senado que el presidente Felipe Calderón no estaba gobernando en todo México debido a la influencia de los narcotraficantes, no tuvo más remedio que retractarse: “México no está en peligro de convertirse en Estado fallido”.

Listo, otra bomba desactivada, y cuando Obama visite México los días 16 y 17 de abril, sin duda caminará sobre una alfombra de terciopelo.

Efectivamente, si algo sabe hacer Hillary es el trabajo de zapa.

 

 



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