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Divertimento partidario

POR EDUARDO VALLE [email protected]| El Universal
Sábado 03 de enero de 2009
¿Cómo hacer que los gobernados gobiernen a los gobernantes?

(Última parte)

Algunos elementos básicos: no hay república sin ciudadanos; no hay democracia sin demócratas. El Estado se consolida con instituciones firmes, eficientes; y el Estado democrático existe sobre la base de la rendición de cuentas de los gobernantes a los gobernados.

Y aquí aparece el problema eterno de la ilusión política: ¿cómo hacer que los gobernados gobiernen a los gobernantes? La solución inicia con el ciudadano; sigue con su organización colectiva y desemboca en el estado de derecho. La solución a la ilusión implica en forma necesaria la participación. Pero participar requiere cumplir obligaciones (pagar impuestos, registrarse en el censo y en la lista electoral, votar y ser votado); y responsabilidad (información, reflexión crítica, acción constructiva) hacia la sociedad y el Estado.

También asumir costos y consecuencias: hacer política en un entorno donde hoy evoluciona el narco-Estado y es casi norma cotidiana el estado de excepción resulta casi tan peligroso como complicado. Con todo, el participar tiene dos formas: la individual y la colectiva. Son complementarias: no debe minusvaluarse o sobrevalorarse ninguna. El delicado dilema de valorar funciones y votos de comités, clubes y ciudadanos (y los de la mayoría y las minorías) tendrá que resolverse en forma necesaria y equilibrada en los propios estatutos.

¿De qué se trata en estos momentos? En general: resolver la amenaza del Estado fallido (ya un analista ruso previene la disolución a corto plazo del propio EU y la creación de unas cuatro o cinco entidades al norte de nuestras fronteras); y construir una república democrática con un funcional estado de derecho. En particular: destruir un ridículo sistema de partidocracia, el cual genera desde la abstención a la impunidad y la corrupción. También, lo más grave, el secuestro de la representatividad y de las instituciones. Los pillos se han apoderado de la dirección de la prisión. ¿Y la desmemoria y la ignorancia? ¿Quién se atreve en estos momentos a decir que conoce la vigente Constitución política? Antes de venderse el último ejemplar de una breve nueva edición, ya los legisladores cometieron otra barrabasada (incorporando más reglas de barandilla). Debe entonces imprimirse una nueva breve edición. A partir del año 1988 se ha creado un clima político que horrorizaría a Emilio Rabasa, quien hasta en el porfiriato lograba reconocer una base amplia de mexicanos comprometidos con la evolución racional de la nación.

Humboldt no se sentiría sorprendido al ver la capacidad de impugnación de los, por él reconocidos, léperos. Vamos: los intelectuales formados en el marxismo y el antiimperialismo se dejan arrastrar (y ofender) por “el líder” sabio, astuto, bueno. La asonada de los léperos pretende su asalto al cielo en el 2010; se están construyendo “las condiciones objetivas”: profunda crisis económica, social, de seguridad pública y nacional. Las subjetivas están plantadas desde julio de 2006: con el fraude cibernético o a la antigüita, donde los responsables fueron casi todos los involucrados en el sistema electoral. ¡Hágame el refabrón cabor! (Catón). Con “un pelele incapaz, quien responde en el gobierno sólo a los intereses de unas decenas de potentados.

Y al modelo neoliberal, destrozando de paso al estado de la Revolución Mexicana”. ¡Ahí viene el 2010! ¡Con asamblea constituyente y derecho de revocación! Que la diosa historia agarre confesados a los traidores y sus cómplices. Es de nueva cuenta la hora de la democracia y, faltaba más, la justicia social. Y laicismo, por supuesto. Nada más un nuevo PRI; pero sin la antigua burocracia y los mandones priístas. Con otros mandones nacionalistas-revolucionarios. A ver si se dejan en Insurgentes y en los palacios de gobierno en los estados.

Bien: la construcción en México de un partido liberal socialista es posible. Responde a una necesidad urgente de la República. Quizá un grupo de jóvenes se atreva a dar los primeros pasos. Muchos viejos subversivos apoyaríamos esa opción al presentarse el programa, la organización y la movilización. Liberal y socialista: en estas raíces se encuentra lo mejor de nuestro pasado. ¿Por qué no de nuestro futuro?



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