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La política, un negocio de familia

Verónica Rosas González| El Universal
Sábado 03 de enero de 2009
La heredera de JFK quiere sacudirse el pánico a las entrevistas y a las cámaras, para ocupar el mismo asiento en el Senado que alguna vez fuera de su tío Bobby

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Caroline Bouvier Kennedy ha decidido que es hora de entrar al negocio de la familia: la política. A sus 51 años, la única sobreviviente de la familia Kennedy-Bouvier quiere ser senadora por Nueva York, ocupando el lugar que, de ser ratificada como secretaria de Estado del gobierno de Barack Obama, Hillary Clinton dejará vacante.

Durante toda su vida ha procurado ser más bien discreta, cosa que no debió resultarle nada fácil por ser quien es: Estados Unidos no tiene una familia real, pero tuvo a los Kennedy y ella es la última heredera de esa dinastía formada por John F. Kennedy (asesinado en 1963) la inolvidable Jackie y John-John, muerto en un accidente aéreo que conmocionó al país. Una saga trágica que algunos incluso llaman la maldición de los Kennedy.

Cuando John F. Kennedy fue asesinado, Caroline estaba a punto de cumplir seis años: muchos aún se conmueven cuando recuerdan lo pequeños que eran los hijos del entonces presidente al perder a su padre. Pero muchos otros no saben quién era el mandatario ni tienen mayor pista de quién es Caroline. El diario The New York Times se dio a la tarea de preguntar a varios jóvenes neoyorquinos sobre los Kennedy y encontró que algunos han oído nombrar al ex presidente, otros lo confunden con su hijo y otros más han escuchado alguna vez el nombre de Caroline, pero no saben bien a bien de quién se trata.

 

Caroline Kennedy nació demócrata y es lo que podríamos llamar toda una dama de sociedad: casada con el diseñador Edwin Schlossberg, con quien tiene tres hijos, ha vivido la mayor parte de su vida en la mejor zona de Manhattan, sus hijos asisten a una de las escuelas más exclusivas, se ha codeado toda su vida con la crema y nata de la política y tiene un asiento honorario en el American Ballet Theatre.

 

Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias. Caroline es abogada, egresada de la Universidad de Columbia, ha escrito siete libros, editado otros tantos, dirige la biblioteca que lleva el nombre de su padre y durante años ha recaudado fondos para las escuelas públicas de Nueva York, sin hacerse publicidad por eso.

 

En cuanto a la política, nunca había dicho que sí, pero tampoco que no. Cuando la cuestionaban sobre el tema decía: “No tengo planes de hacerlo justo ahora”. Estaba dedicada a sus hijos, que ahora son unos jovencitos, lo que le ha dejado tiempo para buscar otros intereses.

 

Su involucramiento en la política no ha surgido de la nada. En las elecciones del 2000 apoyó abiertamente a Al Gore, cuatro años más tarde estuvo en algunos actos de campaña con John Kerry y este año se decantó por Barack Obama.

 

La pequeña que jugaba con su poni llamado Macaroni en la Casa Blanca ha decidido que “hay que hacer más”. La joven que según The Independent visitaba el Studio 54 con Andy Warhol y parrandeaba en Londres en fiestas de sociedad donde la champaña circulaba a discreción, quiere hoy sacudirse el pánico que según su madre solía tener a las entrevistas y a las cámaras, para ocupar el mismo asiento en el Senado que alguna vez fuera de su tío Bobby. La princesa heredera del Camelot que no fue, desea tomar la estafeta.

 

 



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