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AMLO, insatisfecho

Juan Arvizu| El Universal
Martes 23 de diciembre de 2008

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Andrés Manuel López Obrador, líder del Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, el político que había recorrido el país durante medio año en la formación de una resistencia contra la privatización de los hidrocarburos, no creyó en el éxito de su propia empresa, que paladeaban senadores y diputados de su causa, así como un comité de expertos. Los hizo a un lado y entonces aplicó su estrategia de dar un paso más allá del límite.

Volvió a la plaza pública, con sus huestes, con los ímpetus con los que había confrontado al senador Carlos Navarrete a quien en célebre discusión le dijo: “Sí, el movimiento soy yo”.

En un mitin en el hemiciclo a Juárez organizó una votación de conteo instantáneo para avanzar hacia el Congreso en reclamo de una verdadera reforma nacionalista.

Entre una zacapela y tensión violenta, PAN, PRI y PVEM aprobaron la reforma que los expertos de Andrés Manuel López Obrador habían marcado con tres palabras: “Puede respaldarse plenamente”. Entonces, López Obrador buscó ser atendido en San Lázaro. El diputado Alejandro Chanona (Convergencia) intercedió ante el presidente de la Cámara de Diputados, un César Duarte (PRI) que abrió las puertas del salón Protocolo al hombre que se salta los límites, un par de horas antes de la sesión en que se votaría la reforma, en un Palacio Legislativo blindado.

Denunció “un plan entreguista”; le preguntó a los diputados “¿cuál es la prisa?”, y pidió que fueran incluidas 18 palabras, su huella: “No se suscribirán contratos de exploración o producción que contemplen el otorgamiento de bloques o de áreas exclusivas”.



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