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No somos fenómenos: Mario y Diana

FIDEL SAMANIEGO | El Universal
Miércoles 14 de mayo de 2008
Ella en el cuerpo de un hombre, él en el de una mujer, así estuvieron ‘atrapados’ muchos años. Ambos se transformaron y el próximo sábado se casan. Será la primera boda de transexuales en México

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Atrapados. Ella en el cuerpo de un hombre. Él en el de una mujer. Así desde que se acuerdan, durante años, largos y terribles años. Con sus días y sus noches, de soledad, de incomprensión, de represión. Así hasta que se decidieron, se transformaron.

El próximo sábado se casan. Será la primera boda de transexuales en México. Ella y él han adquirido por ello súbita fama. Sus imágenes, sus voces, su historia, son buscadas, utilizadas. De luna de miel irán a Miami y aparecerán en uno de los programas de mayor audiencia entre el público latino.

—¿No son así, ustedes, parte de un espectáculo, de un circo?, les pregunta el reportero de EL UNIVERSAL.

—No, la nuestra es una lucha social. Y hacemos público lo nuestro, la boda, como parte de nuestro activismo, dice Mario, quien nació Socorro. Cabello corto, barba de candado, voz ligeramente ronca.

—Mira, es muy complicado estar por la vida dando explicaciones siempre de nuestra apariencia que no corresponde con nuestros papeles. Esta lucha es precisamente por el reconocimiento de que tengamos un nombre acorde con nuestra imagen y no seamos señalados, estigmatizados por el hecho de estar con una credencial, con papeles, con documentos escolares que no corresponden a nuestra imagen, dice Diana Laura, quien antes de la transformación era José Mauricio. Habla de manera delicada. Mira de frente.

Se conocieron hace casi siete años. Diana ya había hecho el cambio de apariencia aunque todavía no se había operado. Desde siempre, dice, se dio cuenta que en su mente, en su espíritu tenía algo que no iba de acuerdo con su cuerpo.

—¿Se sufre?

—¡Claro que se sufre, y mucho! Se sufre porque no hay quien explique a uno lo que le está pasando. Antes había menos información. Y lo más complicado es la lucha interna, luchar contra nuestros prejuicios y los de los otros, y contra lo que nuestros padres quisieran de nosotros. Y cada vez se siente uno... una más presa, más atrapada, y cada vez con más ganas, con más necesidad de salir, o de transformarte.

Se ven amorosos. Se escuchan. Se apoyan. Se sonríen. Se preparan para el acontecimiento. Habrá convivio después de la ceremonia, pero de “traje”. Que cada quien de los invitados ponga algo para comer y beber.

—Mario, ¿qué te gustó de Diana Laura?

—Su honestidad, su forma de ser en general, y que nunca había estado con nadie.

—¡O sea que no sólo te transformaste en hombre, sino que te volviste macho!, bromea.

—No, no es eso. Pero... además de su honestidad es guapa.

Y se carcajea la pareja. Distintos sus gestos a los de minutos antes, cuando recordaban a sus amigos y amigas que han muerto, que se han suicidado, que no soportaron más el cautiverio.

Diana Laura retoma la charla: “Dice la verdad Mario. Yo nunca tuve pareja, nunca estuve con nadie hasta los 39 años de edad. Ni siquiera pensaba en tener una pareja amorosa. Desde mi punto de vista era como arrastrar a alguien a esta condición, era un sufrimiento más. Entonces él fue la primera persona que se me acercó y se interesó en mí.

—Con todo respeto les pregunto: habrá quien les diga que son fenómenos.

—Para mi fenómeno sería un adulto que abuse de un menor, un hombre que golpea, que maltrata a la mujer que le ha dado cariño, que le ha dado hijos. Yo no soy un fenómeno, expresa Mario, quien ya se jubiló, era custodia en un reclusorio.

—Una vez me comentaron eso, de que si era un fenómeno, y lo dije entonces, lo digo ahora, que no me considero un fenómeno, pero sí soy fenomenal porque enfrento mis problemas y doy la cara — exclama Diana Laura, que fue ingeniero mecánico electricista, que ya no trabajará, porque su futuro marido le pidió que dejara de hacerlo.

Ella, él; él, ella. Activistas por la aprobación de una ley que otorgue a las personas transexuales derecho a adoptar nuevos nombres, y que estos, les sean reconocidos, con sus transformados cuerpos, en los documentos oficiales. Cuerpos que para ella, él, ya no son cárceles. Que para otros, otras, terminaron siendo tumbas... nunca dejaron de serlo.



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