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Le explotó en las manos

Alberto Morales y Rafael Montes| El Universal
Sábado 16 de febrero de 2008
El estruendo causó caos y miedo entre vecinos del lugar

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S on las 14:00 horas en avenida Chapultepec, a unos 500 metros de la glorieta del Metro Insurgentes, muy cerca de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina... Todo es calma, salvo el intenso calor y el tráfico que ahoga a los automovilistas, pues la hora de la comida se acerca.

Treinta minutos después, una fuerte explosión cimbró esa parte de la ciudad. Según testigos, un hombre vestido de traje caminaba frente al lote baldío marcado con el 346 cuando de pronto un “objeto” que sujetaba le estalló en los brazos.

Al momento, el hombre perdió la vida y dos personas más resultaron heridas, ahora se sabe que una era una joven actriz.

El estruendo, como si explotara un tanque de gas, movió los cimientos de los edificios y alarmó a vecinos, quienes salieron a la calle, como si fuera un acto de supervivencia.

Algunos testigos dicen haber visto al momento de la explosión una polvareda amarilla; otros aseguran que vieron una onda de fuego y cómo los cristales de oficinas, departamentos y restaurantes se hacían pedazos.

El percance ocurrió a unos metros de uno de los puntos neurálgicos para el transporte público de la ciudad, cerca de la avenida Insurgentes, junto a la Zona Rosa y al Wings de Monterrey donde funcionarios y policías acostumbran comer. Chapultepec, en su cruce con Insurgentes, se convirtió en una zona cero en cuestión de minutos.

Apostados en las banquetas, cientos de elementos del Grupo de Granaderos, del Grupo Especial de Reacción Inmediata y de Protección Civil acordonaron la zona. Monterrey, Florencia e Insurgentes quedaron aisladas.

Integrantes del Cuerpo de Bomberos inspeccionaban los inmuebles aledaños al perímetro de la explosión, mientras vecinos y trabajadores se reponían del susto.

En la radio crecía la alarma. Se informó que en la calle de Tabasco y Monterrey, colonia Roma, había otro artefacto explosivo. La información fue desmentida por la Secretaría de Seguridad Pública local.

Gisela, quien trabaja en avenida Chapultepec 332, dice que al momento de la explosión oyó como si cayera un trueno. “Me acuerdo porque iba a ir a las tortillas, salí por mis hijas que jugaban en la banqueta. Ambas lloraban. Fue cuando vi pasar a una señora cargada por dos personas. Tenía la mitad de la cara quemada, la piel negra y pegada”, afirma agitada.

Carolina Díaz, una empleada, pensó que un tanque de gas había explotado, pues abajo de las oficinas donde labora hay un restaurante.

“Salimos y vimos que la gente corría hacia enfrente, todavía se veía la polvareda. Un muchacho del negocio de junto nos contó que salía del almacén y sintió como la explosión lo aventó; vio fuego y una nube de humo, luego dijo que vio a un señor en el suelo, convulsionándose y a una mujer casi chamuscada”.

A escasos metros del lugar, Minhyun Lee observa como la explosión hizo añicos los cristales de su departamento. “Estaba jugando en la sala con mi bebé y escuchamos la explosión. Bajamos del edificio y había mucha gente, no estaban alterados, pero todos corrían hacia enfrente y en cinco minutos llegaron las ambulancias y los policías”, indica la ama de casa de origen coreano, confundida por las sirenas y los daños en su hogar.

Sobre el asfalto, la pedacería de las ventanas crujía bajo los zapatos de curiosos y uniformados. Como en una serie de televisión, a las 17:50 horas los grupos antibomba sacaron un robot para inspeccionar los cuatro autos dañados por la explosión.

Los elementos del grupo antibombas, vestidos con trajes de asbesto, revisaban minuciosamente los vehículos para descartar que hubiera otro artefacto explosivo.

Para este entonces, la circulación en el paso de desnivel sobre avenida Chapultepec comenzaba a restablecerse, pero el estado de alerta dominaba en el ambiente.

Se oyeron gritos de los uniformados. Una patrulla de la Procuraduría capitalina entraba al lugar y sacaba a un joven, que de acuerdo con versiones extraoficiales se quedó dormido y fue llevado a declarar sobre los hechos.

Seis horas después, el estado de alerta seguía y en esa zona de avenida Chapultepec la vida cotidiana nunca volverá a ser igual.



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