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La kipá multicolor sale del clóset

NATALIA GÓMEZ QUINTERO| El Universal
Domingo 06 de enero de 2008
Los judíos homosexuales enfrentan una fuerte presión social, porque admitir sus preferencias es como fallarle a su comunidad. Hoy luchan por desmitificar a los ‘gays’, afirma Lion Ben Yosef, fundador de la asociación Shalom Amigos

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Ssshhhh... Nadie debe saberlo porque nuestra revelación haría pensar que hemos fallado a nuestra comunidad y, de alguna forma, contribuido a que se pierda esta identidad por la que los judíos hemos luchado tantos milenios.

¡Aguantar tantas persecuciones, tantas crisis para que se acabe contigo! Sí, contigo hombre o mujer judío que eres homosexual, bisexual o transexual y que con ello transgredes los mandatos de Dios.

Es una gran presión social pero también una “gigantesca hipocresía, ignorancia y doble moral” la que se experimenta dentro de la comunidad judía a nivel mundial, pero sobre todo en México, ante la homosexualidad.

En especial, porque la comunidad judía mexicana es un pueblito con tradiciones machistas, todos se conocen y además predomina la ortodoxia, explica Lior Ben Yosef, fundador del grupo Shalom Amigos, organización que desde hace 13 años se ha dedicado a crear un espacio de convivencia y apoyo para los judíos gays y lesbianas en territorio mexicano.

La homosexualidad, para los ultraconservadores en el judaísmo, es lo mismo que el deseo de robar y de matar, debe ser detenido, prevenido y canalizado de otra manera. Es uno de los tres pecados más graves que uno puede hacer, es igual que la masturbación porque es derramar el semen sin usarlo para procrear.

Pero Shalom Amigos deja claro que: “Somos judíos como todos. Somos tus hijos e hijas, tus hermanos y hermanas, tus tíos, tías, sobrinos, sobrinas, amigos y vecinos. Nos sentamos junto a ti en la sinagoga, somos socios del Centro Deportivo Israelita (la mayoría)”.

“Los judíos gays siempre hemos estado y seguiremos estando. Porque no somos sólo un rumor, porque el silencio es frío, porque la ignorancia nos minimiza, y porque no hay nada de qué avergonzarnos... por todo esto, es hora de que nos conozcas y que nos empecemos a comprender”, continúan en una leyenda de su página de internet.

¿Se complica mucho más en el judaísmo aceptarse homosexual?

—Sí, porque somos una comunidad pequeña, hay una presión incluso a nivel mundial, porque somos no más de 14 millones y se pretende que no se pierda esta identidad. En México se complica aún más porque la comunidad judía es reducida y apegada a una cultura machista, contesta Lior Ben Yosef.

No es extraño entonces que Shalom Amigos a pesar de ser el primer grupo de judíos organizado en América Latina, no sea tan reconocido como otras organizaciones similares en Argentina o Chile, éste último país identificado como más conservador que México.

No obstante, Lior Ben Yosef se atreve a decir: “El judaísmo, en general, es de las religiones conocidas la que más acepta la homosexualidad”.

A nivel mundial existen los movimientos reformista, reconstruccionista y judaísmo de renovación, que reconocen, sin problemas la diversidad sexual, tienen rabinos y rabinas abiertamente gays y ofician ceremonias del mismo sexo. Incluso, el movimiento reformista tiene un departamento de atención a la diversidad a nivel mundial.

El movimiento conservador, que en México es representado por las comunidades Bet-El y Beth Israel y agrupaciones laicas como el Centro Deportivo Israelita, Tribuna Israelita y el Comité Central de la Comunidad Judía, ha ido evolucionando pues en 1993 no podía ordenar rabinos abiertamente gays y lesbianas pero pedía que no hubiera discriminación.

Apenas el año pasado la cúpula de los rabinos de ese movimiento aprobó cinco tesis sobre homosexualidad, donde se reconocen rabinos y rabinas, gays y lesbianas y el oficio de ceremonias de unión entre personas del mismo sexo. Depende de cada comunidad como aplique estas leyes.

En México sin embargo, “es un tema no oficial al que se le aplica la técnica del avestruz (escondiendo la cabeza ante la realidad) y se hace como que no existe un elefante arcoiris”.

Hay mucha gente que prefiere salir de México a Estado Unidos, o al mismo Israel, para no tener que enfrentar a la familia y estar a gusto. Hay otros que en México dijeron yo hago mi vida y es gente que ha contribuido al orgullo, a la grandeza, al prestigio, al buen nombre de la comunidad judía mexicana y del país, el ejemplo más sencillo Sabina Berman, abiertamente judía y lesbiana, relata Lior Ben Yosef.

Pero la batalla para este reconocimiento en México se sigue dando. Shalom Amigos lleva 13 años de actividades calificadas por ellos mismos de “discretas”. Esta actitud, dicen, porque primero se necesita crear un espacio a gusto, tranquilo, que no cause escándalos y sobre todo, formar una masa crítica en este tema.

Desde 1999 están presentes en la marcha del orgullo lésbico-gay, pero con discreción. Colocan un mensaje de año nuevo judío llamado Rosh Hashaná en un periódico independiente de la comunidad judía que se llama Kesher, “ahí les decimos aquí estamos presentes”. Además, hace tres años organizaron el primer encuentro latinoamericano de judíos gays en la ciudad de México.

Las actividades de Shalom Amigos, conformado actualmente por cinco personas, no se limitan a hacer publicidad, también asisten a las personas en estas condiciones y a sus familias siendo o no judías. “Esa tarde la familia nos citó en su casa. Estaban sus hermanos y los padres de la persona, delante de nosotros con nuestro apoyo le preguntaron: ¿Cómo te ayudamos a ser feliz?”.

Shalom Amigos pretende primero desmitificar la homosexualidad: “La gente cree que todo el tiempo vas a andar de plumas y lentejuelas y haciendo orgías. Hay imágenes preconcebidas que se han reproducido, hay que dejar claro que una cosa es la orientación sexual y otra como vives tu amor, tu sexualidad”.

Sus 13 años de trabajo llevan a Ben Yosef a prever que dentro de cinco años habrá apenas una aceptación total dentro de la comunidad laica, porque, asegura, los judíos ortodoxos “son otro boleto”.

Lior insiste en que esta hipocresía no durará por mucho tiempo, pues a pesar de que existe mucha gente cómodamente en el clóset, hay muchas otras personas que viven “incómodamente y otras que hasta se asfixian”.



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