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Los desafios para la UNAM

NURIT MARTÍNEZ| El Universal
Domingo 07 de octubre de 2007
La comunidad universitaria ha empezado a agrupar sus intereses y simpatías en torno de al menos ocho candidatos a suceder a Juan Ramón de la Fuente; el próximo rector deberá tener como principal propósito el impulso de México, afirman investigadores

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Al iniciar el proceso de sucesión en la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), universitarios, expertos en estudios de la Universidad, empresarios y miembros de la Junta de Gobierno coinciden en que los reconocimientos nacionales e internacionales adquiridos por la institución exigen la elección de un “proyecto académico de clase mundial para el siglo XXI” y no sólo de un “rector fuerte”, de un líder universitario.

Frente a una “institución fuerte no se requiere un perfil carismático, sino un líder que establezca el equilibrio para fortalecer lo alcanzado hasta hora y emprender los cambios y reformas pendientes para homologar la calidad institucional”, señala Roberto Rodríguez, investigador de Instituto de Estudios sobre la Universidad.

En la semana que inicia, la Junta de Gobierno de la UNAM lanzará la convocatoria para el inicio formal del proceso de elección del rector (2007-2011), en sustitución de Juan Ramón de la Fuente, quien asumió el cargo en noviembre de 1999. Sin embargo, fiel a su tradición, la comunidad universitaria ha empezado a agrupar sus intereses y simpatías en torno de al menos ocho candidatos.

Aunque los universitarios rehusan hablar públicamente de la contienda, se habla de un proyecto que se disputa entre dos de los grupos políticos universitarios con la mayor experiencia en Rectoría: los médicos y los científicos.

Los focos de la sucesión se centran particularmente en el director de la Facultad de Medicina, José Narro Robles, cercano colaborador del rector De la Fuente, y el ex director del Instituto de Matemáticas, José Antonio de la Peña, quien ya hizo pública su aspiración y se le identifica con el ex rector José Sarukhán Kermez.

A ellos se suman la secretaria de Desarrollo Institucional, Rosaura Ruiz; el ex director de la Facultad de Ingeniería, Gerardo Ferrando Bravo; el presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, Juan Pedro Laclette; y el director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Fernando Pérez Correa.

En esta ocasión los abogados presentan dos cartas: el ex director del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Diego Valadés, y el director de la Facultad de Derecho, Fernando Serrano Migallón.

En esa lista, que podría aumentar a partir del lunes que se publique la convocatoria, miembros de la Junta de Gobierno consultados y que prefirieron el anonimato coinciden en que se advierte una “suma de nombres”.

“Lo más importante es que la comunidad está interesada en el proceso”, afirma otro de los integrantes del grupo de 15 distinguidos universitarios responsables de “explorar” entre la comunidad y designar al rector para antes del próximo 17 de noviembre.

Desde esa instancia de gobierno se plantean algunos temas que son desafío en la universidad de 350 mil alumnos: homologar la calidad del servicio educativo en los dos sistemas de bachillerato; impulsar la vinculación con el sector productivo en el plano de la investigación, pero también de la docencia; fomentar que las escuelas y facultades hagan mayor investigación y “escuchar más” a las escuelas y facultades foráneas.

Fortalecer su presencia internacional e incluso encabezar los proyectos de las “universidades emergentes” en el mundo, pero al mismo tiempo recuperar su sitio como centro del “debate nacional para contribuir en la construcción de nuevo México a través de la educación”, abunda Ángel Díaz Barriga, investigador del Instituto de Estudios sobre la Universidad.

“Para ello se requiere el perfil de un rector con la capacidad para convocar las transformaciones y ubicar a la UNAM a la vanguardia de las universidades en el mundo, sin que descuide su sentido social y la pertinencia de sus estudios, no sólo para la formación de nuevos profesionales sino también para resolver problemas de desarrollo social en México”, describe.

José Blanco, también investigador de ese instituto en la UNAM, advierte la necesidad de una “reforma y revisión de fondo” que rompa el esquema de “formación de asalariados o de los que están en riesgo de caer en la estadística nacional de que uno de cada dos universitarios terminan en puestos de trabajo con baja remuneración o en áreas en las que no se capacitaron”.

Para el empresario Jaime Lomelín, presidente de Grupo Peñoles, el próximo rector de la UNAM deberá ser una persona que se enfoque en el desarrollo no de un área, sino que tenga como principal propósito el impulso de México.

“Un universitario que, sobre todo, entienda la política universitaria”, especifica.

“Lo que ha hecho la UNAM en los últimos ocho años con el doctor Juan Ramón de la Fuente lo tenemos que continuar. Ha sido una labor extraordinaria. Consolidó a la UNAM y creo que debe seguir esa visión y fortaleza de la Universidad Nacional, la institución más importante del país”, considera.

La UNAM de aquel 17 de noviembre de 1999, cuando Juan Ramón de la Fuente asumió el máximo cargo institucional, en medio de una de las más prolongadas crisis provocada por la propuesta de incrementar el pago de cuotas e inscripción y cancelar el pase automático entre el bachillerato y la licenciatura, se transformó en una universidad de reconocimientos.

Por tres años consecutivos la universidad nacional fue colocada como la mejor de Iberoamérica en la clasificación mundial que realiza el suplemento Higher Education del rotativo The Times. Y obtuvo el reconocimiento como una de las mejores universidades de América Latina al ubicarse en la posición 153 de 500 analizadas en la evaluación del Instituto de Altos Estudios de la Unviersidad de Shanghai Jiao Tong, en China.

A penas hace dos semanas el campus universitario obtuvo la categoría de Patrimonio de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y el rector también ha obtenido reconocimientos a su labor de ocho años al designarlo, entre otros, como miembro de la junta directiva de la Universidad de Naciones Unidas.

Los reconocimientos suman casi tres mil. Tan sólo en 2006, los profesores, investigadores y estudiantes de la institución recibieron 725 premios, reconocimientos y distinciones (125 internacionales y 600 nacionales). Sin embargo, mientras la universidad hacía frente a las demandas de estudiantes producto de un conflicto de casi 10 meses, y retomaba este impulso institucional, vio modificada su presencia frente a la transición de partido en el gobierno, el aumento de universidades regionales o estatales y la “irresponsabilidad” del gobierno del Vicente Fox, que no valoró el papel de la institución, coincidieron José Banco y Roberto Rodríguez.

La UNAM dejó de ser una “universidad-Nación” bajo el respaldo de un gobierno, y en los últimos años, se transformó en una universidad de “clase mundial”, afirma Manuel Gil, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Pero esa proyección “le impone un doble reto: seguir su transformación hacia un modelo global de universidad que privilegia la investigación, también buscar un acercamiento con el sistema de universidades estatales y con los problemas sociales del país”, concluye.



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