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El 'narcotaxista' que surte a los 'hipsters' de la Condesa

Óscar Balderas| El Universal
05:00Miércoles 19 de noviembre de 2014
Recorre por las noches restaurantes y antros para surtir de cocana a los hipsters de la zona

NARCOTAXI DE LA CONDESA. Recorre por las noches restaurantes y antros para surtir de cocaína a los hipsters de la zona. (Foto: ILUSTRACIÓN EKO )

El "Señor T" pasa los fines de semana entregando a "Doña Blanca" en antros, fiestas privadasy restaurantes. Ella le deja 20 mil al mes

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Desde hace años, a partir de las cinco de la tarde, este taxi gana una pequeña fortuna sin subir pasajeros. Su conductor tiene una rutina bien aprendida desde que a su antiguo jefe le rompieron la cara a balazos: lo maneja en la mañana por la ciudad de México y en cuanto mira que ha llegado la hora, despacha al último pasajero y conduce sin parar su Tsuru hasta la colonia Doctores para recoger a su “clienta” predilecta, una “señora” que le resuelve la vida.

A unos metros del “búnker” de la Procuraduría del Distrito Federal, estaciona su auto y entra a una vecindad para recoger a Blanca. Paga por adelantado entre 20 mil y 40 mil pesos para llevarla en su auto y, con suerte, desaparecerla. Maneja hasta su casa y la desbarata en trozos que guarda en pequeñas bolsas, que a su vez esconde en un bolsillo falso en el fieltro de la llanta de refacción.

De la noche del viernes a la del domingo, él y cuatro taxistas más venden a Blanca en una de las colonias más cosmopolitas de la capital. Otra rutina bien aprendida: cuando alguien pide para su bar, restaurante, antro o fiesta privada, hay que estacionarse en una calle oscura, abrir la cajuela y mientras se finge reparar el cacharro, introducir varios envoltorios en una bolsa de papas o una lata de refresco vacía, entregarla a su nuevo dueño, cobrar e irse. Este reportero lo ve hacer eso decenas de veces durante el fin de semana.

“Yo muevo medio kilo de Blanca [cada fin de semana]. Otros mueven menos”, comenta el Señor T con una sonrisa vanidosa, mientras sorbe su cerveza en uno de los bares que abastece en la calle Tamaulipas. “Ya sabes, pura señora de buen cuerpo: Blanca, Nieve, Cocol, Perico...

“Cocaína, pues, ¿tú cómo le dices?”, pregunta el taxista, quien le aprendió tantos sinónimos a la droga a sus patrones, “unos pesados” del cártel del Golfo que operan en el corazón de la colonia Condesa. 

“En los 80 no había matazones”

El Señor T extraña los “buenos tiempos” de la cocaína en la capital, esos que ocurrieron en la década de los 80, cuando el cártel de Sinaloa mandaba en la venta de droga. Dice que no había cuota mínima que pagar, ni matazones entre repartidores como él. Todos trabajaban para el mismo grupo, y si un día no podían mover su mercancía algún fin de semana, nadie acababa muerto en algún callejón.

“Uno podía trabajar tranquilo, moviendo lo suyo, trabajando lo que se podía, y los policías cuidaban que no se calentara la plaza. Había acuerdos, tratos justos”, dice el Señor T, quien no puede evitar hablar con nostalgia de sus antiguos jefes, “unos Chapitos muy amables”.

Él, un narcotaxista veterano de sesenta y tantos años, es testigo de cómo la capital cambió: a principios de 2002 vio a gente que se decía miembro del cártel del Golfo pelear “la plaza” a los sinaloenses. Un par de años más tarde terciaron Los Zetas en la batalla campal. Él quedó en medio, cuando a principios de 2010 un “golfo” mató a su jefe y sus aliados lo “invitaron” a cambiarse de bando.

“Ya le sé a esto, así que nomás les pedí la protección y a seguirle”, narra entre sorbos. “Pero sí se puso cabrón, ahorita está fuerte la matazón, pero no es a balazos en la calle, pura ejecución limpia (…) Hay que cuidarse. No hay que meterse en las zonas de los contrarios”.

Ahora maneja uno de los 100 narcotaxis que, él calcula, trabajan para sus jefes en el DF. Cada conductor gana en un fin de semana entre 3 mil y 5 mil pesos por hacer el trabajo hormiga de entregar “mercancía” a gerentes de restaurantes, baristas, personal de seguridad privada, valet parking y franeleros. Ellos proveen a preparatorianos y universitarios, jóvenes de clase media y media-alta, artistas, músicos y creativos, la “vitamina C” que necesita la colonia “hipster” del DF para seguir la fiesta hasta el amanecer. Los narcotaxistas de la Condesa venden el gramo en unos 100 pesos, aunque varía dependiendo de la calidad. En Santa Fe, por ejemplo, el gramo de polvo blanco cuesta entre 400 y 600 pesos. 

No hay asentamiento de cárteles: GDF

Dos caras de la moneda: 50 millones de pesos es lo que aprobó el pasado 13 de noviembre la Cámara de Diputados para indemnizar a los familiares de los 43 normalistas desaparecidos por policías y crimen organizado; 50 millones de pesos al año se embolsan los cárteles de la droga con el negocio de la cocaína en la ciudad de México, según un cálculo de la ONG Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas (CUPIHD).

A través de su estudio Drogas DF: los mercados de drogas ilícitas de la ciudad de México, esa asociación civil también ha calculado que en el Distrito Federal hay unos 85 mil usuarios de drogas ilícitas, una clientela que podría llenar 8.5 veces el Auditorio Nacional.

Ellos compran mariguana, anfetaminas, metanfetaminas, alucinógenos, pero si adquieren cocaína engordan un gran negocio: según la ONU, en Colombia, Bolivia y Perú los narcotraficantes compran el kilogramo de droga en unos 2 mil 700 dólares. Cuando llega al DF el kilo se cotiza entre 10 y 15 mil dólares.

“Esas ganancias hacen que los grupos criminales se disputen los territorios, especialmente uno tan poblado como el Distrito Federal. Aquí la violencia vinculada al mercado de las drogas es la cocaína. La mariguana, aunque es la droga de más uso, no tiene mucho margen de ganancia. La cocaína sí”, asegura Jorge Hernández, presidente de CUPIDH.

Basta teclear “asesinatos drogas DF” en Google para hallar, en 0.4 segundos, 979 mil resultados con encabezados como Niños asesinados en GAM vendían droga: PGDJF; Venta de droga, móvil de homicidios en ‘gym’ del DF; Asesinatos relacionados con el bar Heaven, por disputas, Asesinatos en el Ajusco por venta de droga: PGJDF”… 

En tanto, la versión oficial de la administración capitalina insiste en que no hay asentamientos de cárteles en la ciudad. Este reportero buscó al secretario de Gobierno del DF para solicitarle una entrevista sobre el tema, pero su equipo de asesores respondió negativamente a la petición. 

“Tienen al centro aterrado”

Guillermo Gazal también extraña los viejos tiempos. Él fue asesor entre 1975 y 1980 de la Dirección Federal de Seguridad en tiempos de Miguel Nazar Haro y actualmente es líder de 45 mil comerciantes agrupados en la asociación civil Empresarios y Comerciantes Unidos para la Protección del Centro Histórico. Sentado en su oficina, recuerda que su ex jefe solía citarse en restaurantes del DF con los capos de la droga y llegaba a acuerdos de no violencia en la ciudad.

“Iba sin armas, los sentaba y les decía: ‘A ver, ¿cuál es tu área? ¡Respétense! Tú pasas por acá, tú pasas por allá. A mí me vale madres que la lleven [la droga] a Estados Unidos, ¡pero aquí no se consume!’ (…) No podían vender en las escuelas, nada de balaceras o inocentes (…) ahorita no hay códigos, nada, tienen aterrada a la gente del Centro Histórico”.

Sus ojos y oídos en el perímetro A y B de la ciudad le han informado, desde al menos 2006, que el mercado de la cocaína ha atraído a gente del cártel del Golfo, Los Zetas y algunas células ligadas al cártel del Pacífico Sur. “Yo te voy a decir algo: nací en la calle Venustiano Carranza y hoy, ahorita, esa calle es dominio de Los Zetas. Así de claro”.

En lugar de bolsas de plástico, la venta ahí todavía se hace con papeles doblados conocidos como origamis, cuyo valor oscila entre 50 y 100 pesos. Es cocaína rebajada, cocinada con harina o bicarbonato, que termina en las narices de comerciantes exhaustos por las largas jornadas, vendedores agotados por el ritmo de la calle, traileros que llegan de madrugada desde la frontera sur a descargar toneladas de mercancía apócrifa, toreros y diableros que creen imposible funcionar sin un pericazo, aunque sea pastoso como jabón en polvo y arda en el tabique nasal.

Trabajo asegurado

“Esto ha cambiado. Actualmente puedes encontrar gente del cártel de Sinaloa en la colonia Morelos, peleándose Tepito con el cártel del Golfo; ahí está la zona de bares de la Condesa y la Roma, un lugar clave para el crimen”, asegura el investigador y especialista en temas de drogas Carlos Zamudio.

Él publicó en 2012 su libro Las redes del narcomenudeo, en el que aborda los cambios políticos de la venta de droga en el DF. Entre sus objetos de estudio estuvo La Familia Perico, una red de 26 parientes dedicados a la venta de cocaína y piedra en Iztapalapa, una zona que recorrió minuciosamente.

“Allá los que manejan el negocio de la cocaína es La Familia Michoacana. Están en el oriente, Iztapalapa, Tláhuac, pero también están llegando al sur. En el norte del DF, por la zona de Cuautepec, Gustavo A. Madero, allá también hay reportes de que hay células de gente vinculada a Los Zetas“, agrega el investigador.

Si no las hay, alguien está imitado su modus operandi: el pasado 9 de junio, en Cuautepec, un comando ejecutó a seis integrantes de una familia, entre ellos dos menores de edad, por una disputa de drogas. En el vehículo de uno de los asesinados hallaron dos kilos de cocaína.

Del otro lado del mapa, en el poniente, EL UNIVERSAL halló a Baker, un mezclador de cocaína, quien prepara la droga que le llega desde Guerrero para venderla en la zona de Santa Fe.

“Todo lo traen desde allá. Allá andan los jefes, nos cuidan bien”, cuenta Baker, de 30 años, especialista en preparar cocaína de alta calidad para las zonas adineradas de Santa Fe. “Sí somos muchos en esto, pero porque la demanda es mucha. Y al cliente, lo que pida”.

Su lógica es la misma que la del Señor T: mientras haya gente que necesite “empolvarse” la nariz tendrá trabajo asegurado; y mientras él tenga trabajo, cada fin de semana hará ganar una pequeña fortuna sus patrones, “los pesados” del crimen organizado.

jram





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