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Ecatepec: "foco rojo", por niñas desaparecidas

Óscar Balderas| El Universal
04:00Domingo 20 de julio de 2014

Video. Familiares de desaparecidas hacen un recorrido con EL UNIVERSAL en las calles de Ecatepec donde sus hijas fueron vistas por última vez.

En esta farmacia ubicada en la colonia Jardines de Morelos, en Ecatepec, fue vista por ltima vez Lu

PISTA. En esta farmacia ubicada en la colonia Jardines de Morelos, en Ecatepec, fue vista por última vez Luz María Jiménez, de 13 años de edad, en agosto del año pasado. (Foto: ARIEL OJEDA / EL UNIVERSAL )

El Estado de México fue la entidad con más violaciones en 2013 (2 mil 325), de acuerdo con la Secretaría de Gobernación; Ecatepec, el municipio con mayor número de estos delitos en 2012 (46), según el Inegi, y la colonia Jardines de Morelos, la más violenta de la localidad, con un delito cada 10 horas

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En este viaje se baja de piso en piso, hasta el sótano del país. El itinerario es el siguiente: entraremos al Estado de México, la entidad que con 2 mil 325 violaciones fue número uno del país en 2013, según la Secretaría de Gobernación; luego, nos adentraremos en Ecatepec, el municipio que con 466 homicidios fue el número uno del estado en 2012, de acuerdo con el Inegi y, finalmente, serpentearemos hasta la colonia Jardines de Morelos, la más violenta de Ecatepec, con un delito cada 10 horas, como lo indica el Sistema Municipal de Información y Estadística.

Viajaremos el lunes 9 de junio, conduciendo desde una de las calles principales del municipio, la avenida Vía Morelos, donde un día antes protestaron cientos de vecinos arrinconados por el crimen, sin saber que mientras se manifestaban, un policía estatal colocaba una sábana sobre el cadáver quemado de una mujer hallada en una colonia cercana, la Viveros de Xalostoc.

Llegaremos a Los Jardines en el horario de salida de clases para ver cómo conviven los muchachos con el temor de ser secuestrados, como le ha sucedido en esas calles a Luz del Carmen (abril de 2012, 13 años), Fabiola (enero de 2012, 27 años) y Sharon (agosto de 2013, 15 años). Y mientras zigzagueamos por sus calles, dos madres que han vivido la desaparición de sus hijas trazarán un mapa de dolor: un tour por los lugares que engullen niñas. Bienvenido, bienvenida. Sube a este auto.

Su liderazgo: una bendición

Lety Mora es la guía de la primera parte del recorrido que nos adentrará en Ecatepec. Ella es la cabeza de la Red de Madres Buscando a sus Hijos, una agrupación de 50 familiares que buscan a jóvenes desaparecidas en el Estado de México y sus alrededores. Para muchas mamás, su liderazgo es una bendición que germinó a raíz de una tragedia: el 30 de mayo de 2011 su hija Ivonne Ramírez Mora, de 21 años de edad, salió de su casa ubicada en Atizapán para ir a la tienda, pero nunca volvió. Lety tuvo dos años de afanosa búsqueda hasta que se convirtió en una experta en el tema de desapariciones.

En mayo de 2013 le avisaron que en el Servicio Médico Forense de Pachuca, Hidalgo, habían ingresado un cuerpo que correspondía al de su hija; las pruebas de ADN confirmaron que esos restos enviados a la fosa común eran de Ivonne, a quien habían asesinado un día después de su plagio.

Lety habla poco sobre ese tema. Su atención se centra en ayudar a las mamás y a dirigir el auto. Los 29 grados de temperatura obligan a bajar las ventanillas, y al pasar por la avenida 30-30 se cuela un olor a podrido. “Debe ser el Río de los Remedios que está más o menos cerca, ¿supiste que hace poco encontraron como 30 cuerpos de mujeres? La información no la hicieron pública”, dice la activista.

Desde el asiento trasero, Lety traza mentalmente una ruta en su mapa de desapariciones. Cada coordenada tiene una historia con nombre y apellido: por acá está la colonia La Guadalupana, donde desapareció Cecilia Guillermo (mayo de 2014, 19 años); por allá está la colonia San Cristóbal, donde se reportó el extravío de Lucía Joselín (febrero de 2013, 17 años); más allá está la colonia Nuevo Ladero, donde se perdió de vista a Amalia Grisel (agosto de 2013, 13 años); y al frente había un bar de citas que ella denunció porque tenía a niñas que trabajaban contra su voluntad.

“Cuando encontré a mi hija pensé que volvería a mi vida de antes, a capacitar a jóvenes recién egresados para que consiguieran trabajo. No pude, las otras mamás me pidieron que siguiera ayudando y no pude negarme”, cuenta Lety.

El Estado de México es como una costra de 22 mil 351 kilómetros cuadrados que, por donde se le toque, supura sangre. De enero a mayo de este año van 107 mil 271 delitos, que incluyen mil 685 homicidios, mil 30 violaciones y 64 secuestros. Oficialmente, según el Programa de Apoyo a Familiares de Personas Extraviadas, Sustraídas o Ausentes de la PGR, hay 164 menores que el gobierno no puede encontrar y 24 están en Ecatepec. Extraoficialmente, las desaparecidas ecatepenses suman más de 60.

Lety orienta y acompaña a madres doblegadas por el miedo de no volver a ver sus hijas. Por eso, aunque esté por señalar la zona de Ecatepec donde desaparecieron Sandra Cabrera (febrero de 2013, 18 años) y Nadia Citlali Salazar (agosto de 2012, 30 años), contesta la llamada de un número que no tiene registrado.

“Sí, ella habla... ajá... sí... ¿cuándo desapareció su hija?, ¿dónde?, ¿por qué no le quieren levantar el acta?... Dígale que es un servidor público y que debe tomarle el reporte...”. Cuelga. El rostro se le descompone. “Era la mamá de una desaparecida... pero de Puebla”.

La camioneta verde

Metros más adelante, en el Puente de Fierro, encontramos a Araceli González. Ella será quien nos lleve a la colonia más peligrosa del municipio. Por ahora no va a contar su historia. Sólo pide que avancemos hacia Avenida Central, por la calle Faisanes, de la colonia Jardines Izcalli. “Mira aquí. En esta calle se descubrió una casa de seguridad... tenían como 10 niñas... las iban a llevar para trata de personas”.

A simple vista, por la avenida Jardines de Morelos, esta colonia luce como una más de las 359 que tiene el municipio más poblado del país: como otro pedazo de tierra seca de casas incompletas y ladrillo gris, pero Araceli pide no confiarse. Apenas el 28 de mayo pasado una banda de 13 personas fue detenida minutos después de secuestrar en la colonia a una niña de 10 años de edad. Ha sido el único rescate exitoso de los últimos años; otros seis han terminado en una niña menos y un expediente más.

“Acá todos saben que en una camioneta verde secuestran a las niñas. Con una así secuestraron a una muchacha llamada Arizbeth Sánchez (febrero de 2013, 15 años, de Santa María Chiconautla, Ecatepec)”, platica Araceli mientras callejoneamos frente a la secundaria Manuel Acuña y la preparatoria José Vasconcelos. Alguna alumna podría ser la siguiente.

Cada una de las ocho secciones de la colonia tiene testimonios del crimen. Avanzamos y recordamos que en ese poste mataron a un joven de 22 años con tres balazos; que en esa esquina ejecutaron a un señor de 40 años que esperaba a una amiga en su coche; que en esa calle un civil armado mató a un asaltante. Araceli sugiere un zigzagueo que nos coloca frente a un minisúper en la avenida principal de la colonia y la calle Nicolás Bravo.

“Aquí desapareció Fabiola Luquín (enero de 2012). Tenía 27 años... La gente de aquí, cuando ve algo así, se voltea.

“Vamos acá, tantito, y te enseño dónde desapareció Luz María Jiménez en agosto del año pasado”, pide. Adelantamos sólo 100 metros para ubicarnos frente a una farmacia. No bajaremos porque, si confunden nuestros rondines con los de los secuestradores, nos podría pasar lo que a José Manuel Mendoza, Raúl Aboites y Luis Alberto Cárdenas, en Chalco el 10 de febrero de 2012: por creer que “halconeaban” en busca de niñas mexiquenses, los quemaron vivos. Eran inocentes.

“Aquí fue... Luz María tenía 13 años”, dice Araceli. “¿Todos saben que aquí desaparecieron?”, pregunto. Las dos mamás asienten al mismo tiempo. Coinciden en que los temibles, aunque son menos, doblegan a los temerosos a balazos y levantones.

“Aquí mucha gente te podría dar este recorrido”, lamenta Araceli. “Yo aquí vivo y de esta colonia también se llevaron a mi hija”.

La historia de Araceli y Luz

Estacionamos el auto frente a una vecindad de Los Jardines. Araceli tiene ahí su casa: una pequeña habitación de unos 36 metros cuadrados. Apenas cabe una estufa, un refrigerador, un mueble de TV, una sala y una cama. No hay baño; si se quiere usar hay que salir a un cuarto sin agua entubada en el pasillo.

Pese a las carencias, ella, su esposo y su hija Luz del Carmen Miranda eran felices ahí, hasta el 12 de abril de 2012. Aquella tarde, mientras Araceli trabajaba como ayudante de enfermera y su esposo como bolero en Metro Múzquiz, alguien entró a la casa para sustraer a Luz, de 13 años. No la han visto desde entonces.

Araceli nos dirá que aún le da vueltas a la hipótesis de que el secuestrador pudo haber pasado días observando a su hija, hasta que se decidió a entrar a la casa sin forzar la chapa, sujetar a la niña, salir a la calle y abandonar con ella la colonia. Acaso, el único testigo del secuestro fue un vecino de 11 años, amigo de Luz, que murió poco después en sospechosas condiciones.

“Cuando volvimos al trabajo, no encontramos nada. No me explico cómo pueden desaparecer tantas niñas, muchachas, mujeres, y que nadie haga algo”, reclama Araceli sentada en el borde de su cama mientras muestra una foto de su hija. “Es que no parecía de 13, tenía el cuerpo muy desarrollado... yo creo que por eso se la llevaron.

“Aquí así es: si ven una niña que les gusta, se la roban. Vienen por ellas y nunca las vuelves a ver... aunque yo tengo esperanza...”.

Araceli quisiera salirse ya de esa casa. Es tan pequeña que la obliga a sentir todos los días la ausencia de su hija única. Se mudaría, pero quiere ser ella quien le abra la puerta a Luz cuando regrese a casa. Ese día volverá a arrancarle las hojas a su calendario, que quedó detenido en el mes que se llevaron a Luz.

La llamada final

Araceli se queda en casa. Nosotros, con Lety Mora, subimos al auto y abandonamos Los Jardines, después de dos horas de recorrer Ecatepec y sus cruces enterradas en el camellón: la del joven que murió en una balacera de madrugada hace un año; la de la muchacha que raptaron hace ocho meses cuando esperaba el camión, pero que nadie conoce su nombre; la pareja de 25 y 28 años que ejecutaron con armas de alto calibre en la calle Playa Bruja, en marzo de este año.

Apenas salimos, Lety continúa enlistando algunos puntos del mapa: en la colonia San Agustín hay registros de niñas desaparecidas, lo mismo en Santa María Chiconautla y en Los Héroes, Ecatepec.

A eso hay que sumarle las conservadoras cifras oficiales, que rechazan las ONG: en 2014 van 15 menores desaparecidas; en 2013 fueron 18; en 2012, 13.

“Cada vez son más [las desaparecidas]”, dice Lety cuando cruzamos la frontera del Estado de México, donde en los primeros 150 días de 2014 se contaron 884 delitos sexuales diversos. “Hay veces que en un solo día me llegan casos de cinco desaparecidas, ¡cinco diarias!”.

Regresamos los pasos andados y el celular de Lety suena otra vez. Contesta sonriente, pero el gesto se le endurece enseguida. Cuelga. Desorbita los ojos y despeja la duda: “Es una mamá a la que le acaban de desaparecer a su hija... otra más en Ecatepec”.



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