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Crece la desesperación

José Luis Ruiz Enviado| El Universal
Domingo 17 de enero de 2010
La población afectada por el sismo sufre por la falta de agua y comida

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PUERTO PRÍNCIPE.— Los saqueos y la confrontación violenta entre haitianos desesperados por conseguir agua y alimentos se generalizaron ayer en diferentes puntos de esta capital, cuatro días después del devastador terremoto que dejó en ruinas a Haití.

Hombres, mujeres y niños, sin ninguna distinción, se disputaron lo que había, lo que encontraban, o lo que extraían del mercado central de esta ciudad. El hambre comenzó a convertirse en un jinete apocalíptico para el país.

Hombres con piedras, cuchillos, picahielos y martillos batallaron para conseguir ropa, bolsos, juguetes y cualquier objeto que pudieran encontrar en casas y comercios destruidos. “Ahora esto es una anarquía, un caos total, la policía ha desaparecido”, dijo el fotógrafo de Reuters, Carlos Barria, testigo del incidente.

“Están peleando, golpeándose entre ellos, tirándose piedras”, agregó. Los robos y la violencia parecían expandirse ayer, con testigos reportando situaciones similares en otras zonas de Puerto Príncipe, mientras no había un control de las calles por parte de las autoridades y la desesperación de las víctimas por recibir ayuda crecía.

En las calles se vivía una situación volátil. La gente no pide dinero, ruega por comida y agua. Muchas de estas necesidades urgentes están en los patios del aeropuerto internacional de Puerto Príncipe, sin la capacidad para movilizar toneladas de ayuda humanitaria. Al menos 200 aviones llegados de todas latitudes del planeta han dejado ayuda para aliviar el dolor de la población. Pero en las calles la desesperación crece.

Guerra por el agua

En pleno corazón de Puerto Príncipe, la guerra por el agua potable es una realidad. Gente desesperada se agolpa en los carros tanque que transportan el líquido. “¡Juste un recipient d’eau!” (sólo una cubeta de agua) gritaba un hombre que nadie sabe de dónde llegó ni quién era. La instrucción sólo irritó más a la gente.

Ya hay grupos de personas armadas con palos y machetes para defender lo que les pertenece. Algunos de estos grupos se hallan en los alrededor del mercado central en donde se surten los comerciantes callejeros de Puerto Príncipe. “Pas prande une photo, (no tomes foto)” gritaba uno de los hombres en criollo, la lengua local. Miembros de los cascos azules se mantenían ajenos a los saqueos.

La peor tragedia: ONU

El terremoto en Haití es el peor desastre que las Naciones Unidas han tenido que enfrentar en lo que se refiere a recursos, debido a las pérdidas sufridas por el gobierno de ese país y por la ONU, dijo ayer desde Ginebra una portavoz del organismo mundial.

“Todo se ha dañado”, afirmó Elisabeth Byrs, de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. “El maremoto de Asia en 2004 fue devastador, pero Haití ha perdido a sus funcionarios públicos, sus edificios gubernamentales”, agregó.

La misma ONU resultó muy golpeada. Unos 100 trabajadores de su personal quedaron sepultados entre los escombros del edificio de cinco pisos de la misión y se teme lo peor.

El jefe de la misión de la ONU en Haití, Hedi Annabi, falleció tras el sismo que asoló el país, anunció el secretario general de la organización, Ban Ki-moon, quien también confirmó la muerte del segundo de ese cuerpo, el brasileño Luiz Carlos da Costa.

En un comunicado, Ban también informó la muerte del comisionado de policía de la ONU en Haití, el canadiense Doug Coates.

El plazo fatal de 72 horas para encontrar con vida a los miles de haitianos y decenas de extranjeros, casi todos de la ONU, que aún se encuentran bajo los escombros de cientos de edificaciones que se vinieron abajo desde el pasado martes, se cumplió ayer. El hedor a muerte mostraba que los trabajos de los cuerpos internacionales de rescate parecían tardíos. Al hurgar entre las ruinas de edificios se descubría la realidad. El calor, a diferencia de otros días, fue más intenso, más de 33 grados centígrados.

Los cadáveres que aún se apilan en esquinas y bocacalles aceleraban su descomposición y muchos de ellos comenzaban a hincharse de tal forma que parecían a punto de estallar.

En terrenos baldíos ya fueron cavadas fosas comunes donde empiezan a ser arrojados los cadáveres que yacían en puntos diferentes de esta ciudad. Haitianos llegaron hasta ahí arrastrando a sus seres queridos para depositarlos junto con muchos otros que no fueron reclamados por nadie.

Entre la población se percibía indiferencia por los cadáveres regados y, en muchos casos, incluso por los vivos que son rescatados de entre los muertos sepultados entre los escombros.

Lo que faltaba, el Palacio de Justicia que yace entre sus ruinas se incendió ayer, perdiéndose todo registro judicial. Ardió en llamas ante la mirada indiferente de los haitianos.

Las labores de rescate y auxilio a la población se suspenden a las 15 horas por orden de la ONU. El argumento es simple: no se puede garantizar la seguridad de las fuerzas de rescate llegadas del exterior.

Nuevo temblor causa angustia

Puerto Príncipe vivió ayer nuevos momentos de angustia al ser sacudida por otro temblor de 4.5 grados Richter, cuyo epicentro se ubicó a 25 kilómetros de la capital, a una profundidad de 10 kilómetros, la réplica más reciente de las más de 30 que han sacudido a Haití desde el terremoto del pasado martes.

A cuatro días del terremoto de 7.0 grados Richter que sacudió a Haití y devastó gran parte de su infraestructura, el gobierno haitiano estimó que la cifra de muertos podría llegar hasta los 200 mil, aunque admitió que “nunca se sabrá el número exacto”.

Las autoridades haitianas afirmaron que entre 40 mil y 50 mil cuerpos han sido llevados a fosas comunes, excavadas a toda prisa a las afueras de la capital, y se cree que habría miles más bajo los escombros. Los equipos internacionales de rescate prosiguieron la búsqueda de sobrevivientes en una lucha contrarreloj, sin perder aún la esperanza, pues la víspera se halló con vida a más de 30 personas.

Las horas avanzan y la tragedia también. Puerto Príncipe está ahora atiborrada de extraños de todo el mundo, que han venido a auxiliar, pero éstos partirán cuando crean que la tragedia pasó. Para los haitianos, el sufrimiento no terminará tan pronto. (Con información de agencias)



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