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Un pedazo de la historia

WILBERT TORRE ENVIADO| El Universal
Viernes 07 de noviembre de 2008
Ahora que terminó la jornada del 4 de noviembre, todo el mundo quiere tener algún recuerdo de ese momento: el periódico del día siguiente, camisetas, botones

CHICAGO.— Todos quieren un pedazo de historia. En la ciudad que es la casa de Barack Obama mujeres, jóvenes, ancianos y hasta niños tomaron por asalto las tiendas para disputarse camisetas, gorras, pines, estandartes y posters del presidente electo.

En las calles del centro de Chicago los fanáticos comenzaron a robarse hasta los estandartes que cientos de trabajadores de la alcaldía colocaron la madrugada del martes en los postes altos de las farolas que iluminan el distrito de los teatros.

Los carteles miden medio metro de altura y dicen: “Felicidades a nuestro chicagoense Barack Obama, presidente electo de Estados Unidos”.

Han pasado dos días desde la elección y Chicago se transforma gradualmente en el centro alterno del poder en Estados Unidos. Obama, su esposa Michelle y sus hijas Malia de 10 y Sasha de 7 años han vivido aquí y con seguridad regresarán con cierta frecuencia a pasar fines de semana y vacaciones.

Las niñas disfrutan la ciudad y extrañarán no sólo las actividades en familia sino a sus amigos. Sasha, por ejemplo, echará de menos los partidos de futbol de cada sábado en ChiTown, un centro cultural mexicano con cuatro canchas de futbol rápido.

“Las vamos a extrañar”, dice Cortés, encargado de mantener en orden la unidad deportiva, situada cerca del barrio mexicano de Pilsen. Cuenta que Sasha es hábil con el balón y que asiste todos los sábados a jugar por la mañana, acompañada por su madre.

“Obama suele venir a verla jugar”, cuenta Cortés, como quien se desprende de un secreto muy valioso. “La última vez que vino fue en julio y estuvo aquí un buen rato. Saluda a los chavos que juegan futbol y siempre nos pregunta cómo estamos”.

Para llegar a las canchas de futbol rápido Obama debe atravesar, como todos los visitantes, un largo túnel repleto de murales en tonos amarillos con motivos aztecas. Michelle Obama es más reservada que su marido y cuando llega al ChiTown permanece observando jugar a su hija cerca de unas tribunas blancas, acompañada solo por unos cuantos miembros del Servicio Secreto.

Mientras la familia hace maletas y se muda a su nueva residencia en Washington DC —que será la Casa Blanca, que no es cualquier casa—, Chicago vive aún la euforia de las horas posteriores a la victoria de Barack Obama.

“Nadie podría poner en duda que de inmediato Obama ha comenzado a reactivar la economía de Estados Unidos”, dijo una empleada del diario Chicago Tribune que vendía a una mujer 27 ejemplares de la edición que publicó el periódico anunciando el triunfo del candidato demócrata.

A unos pasos de ahí, frente a la estatua de Benito Juárez que se levanta sobre la Avenida Michigan, un muchacho tenía abierta una maleta que descansaba sobre el piso, repleta de camisetas que decían: “Yo estuve en el Grant Park y viví la historia”.



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