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El Oriente Medio no es Vietnam: es peor

El Universal
Viernes 31 de agosto de 2007

Los conflictos internacionales, en el área del Oriente Medio, son mucho más preocupantes —contrariando al presidente Bush que aspira a convertir el problema de la retirada de Irak como “un Vietnam”— que la experiencia vivida por Estados Unidos en Asia.

En términos de soldados muertos las pérdidas de Estados Unidos se elevaron, en Vietnam, a 49 mil 937 (hasta el 20 de enero de 1973) que no pueden compararse, es cierto, a los 3 mil 715 soldados muertos en Irak hasta el 26 de agosto de 2007.

Sin embargo, la retirada del Vietnam, no implicó la crisis estratégica que se había profetizado: el derrumbe del sistema asiático como en un dominó. EU mantuvo, entonces y posteriormente, el control relativo de la situación.

La retirada de Estados Unidos de Irak, a todas luces inevitable, transporta consigo problemas más graves. En efecto, los vencedores en Vietnam eran, en teoría, las fuerzas comunistas que estaban integradas, a escala, en un proyecto cuya estrategia, entre Moscú, Pekín y Washington, se inclinaba, ante el riesgo atómico, a un claro equilibrio.

Eso explica la cuidadosa relación entre los grandes poderes. Cuando, por ejemplo, El Che Guevara, después del fracaso en África, eligió como “segundo Vietnam” a Bolivia, el Partido Comunista boliviano, de acuerdo con Moscú, no ofreció la menor ayuda al Che.

La URSS no quería que una acción individual forjase el pretexto para suscitar, en Europa oriental, el vientre débil del sistema soviético, una subversión.

En suma, la URSS asumió que un Vietnam en América Latina, de un lado, era imposible y, del otro, facilitaría la intervención estadounidense con toda precisión.

Después de los misiles de Cuba el problema se centró, entre las dos superpotencias, en un statu quo responsable.

La crisis del Oriente Medio es totalmente distinta. La retirada estadounidense de Irak —cuya presencia inicial es indisociable del atentado a las Torres Gemelas, pero en el cuadro de una estrategia de control del petróleo en la región— deja a Irak en una crisis gigantesca y en el cuadro de un resurgimiento religioso cuya fuerza no se calculó nunca.

El Oriente Medio, al margen del caso específico de Arabia Saudita y la proposición integrista de su wahhabismo, ha reabierto las pugnas religiosas del islam entre sus dos grandes brazos: el chiísmo y el sunnismo. Ese hecho coexiste con la presencia militante de Irán (el único Estado chiíta del mundo aunque en Irak 60% lo es también) y el desarrollo creciente de Al-Qaeda, como un fulminante político y militar. Tiene presencia organizada en el Afganistán de los talibanes y en el Irak, inesperadamente, de los sunnies y chiíes.

Irán no es sólo un posible poder nuclear, sino que su actual modelo de crispación utiliza la crisis de Irak como una confrontación con Israel y EU.

La retirada de Vietnam no fue explosiva en el ajedrez asiático. Un conflicto armado con Irán significará el cierre hermético del Estrecho de Hormuz (Arabia Saudita, Irak, Irán) por donde salen, cada día, 17 millones de barriles de petróleo. Ni de lejos esa situación equivale a la retirada de Vietnam. La salida, a su vez, de Afganistán significará la derrota total de un aliado esencial de EU: Pakistán. En suma, la decisión del 20 de marzo de 2003 —invasión de Irak sobre supuestos que, universalmente, han sido asumidos como falsos y reconocidos así en EU— transportaba un verdadero riesgo para la seguridad energética del mundo y, sobre todo, para su mayor consumidor mundial. Con la retirada de Vietnam no se dejó, detrás, tampoco, una guerra santa.

El cardenal Pío Laghi, dice la ex secretaria de Estado, Madeleine Albright, “intentó convencer a Bush de que no hiciese la guerra. Al margen del error ético, le dijo, el daño en las relaciones entre los cristianos y el islam será irreparable”. Peor ha sido.

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