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Morir bajo custodia

NINA BERNSTEIN . THE NEW YORK TIMES| El Universal
Viernes 29 de junio de 2007
En 2004, 62 migrantes perdieron la vida estando en detención administrativa, a la espera de que se decidiera si eran deportados o no a sus países de origen

NUEVA YORK.- Sandra M. Kenley, originaria de Barbados, iba de regreso a casa, en Washington, en 2005, cuando se vio sometida a la forma de encarcelamiento de más rápido crecimiento en EU: la detención migratoria.

Siete semanas después, Kenley murió en una cárcel de la zona rural de Virginia, tras quejarse de no haber recibido medicina para la hipertensión arterial. Ella fue una de 62 migrantes que murieron bajo custodia administrativa en 2004, de acuerdo con un nuevo recuento de la agencia de Aplicación de leyes Migratorias y Aduanales (ICE, por su sigla en inglés), que supera, con mucho, la cifra de 20 muertes dada a conocer antes.

Ningún órgano gubernamental está encargado de rendir cuentas por las muertes en detención migratoria, lo queda en manos de las prisiones de condado, cárceles privadas e instalaciones federales donde, en un día cualquiera, pueden estar detenidas más de 27 mil 500 personas que no tienen la ciudadanía de EU mientras el gobierno decide si deportarlas o no.

Obtener detalles sobre aquellos que mueren en custodia es una tarea difícil que queda en manos de familiares, grupos defensores y abogados. Pero conforme el sistema de detención migratoria se infla para satisfacer las demandas de aplicar más estrictamente las leyes migratorias, las muertes en custodia -y el secretismo y confusión que las rodea- están atrayendo una mayor atención de parte de legisladores e investigadores del gobierno.

Las quejas se centran en la falta de un órgano independiente de supervisión y en las fallas a la hora de aplicar las reglas correspondientes a la atención médica, prevención del suicidio y el acceso a la ayuda legal.

El inspector general del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) anunció recientemente una "revisión especial" de dos casos de decesos, incluyendo el de una coreana en un centro privado de detención en Albuquerque. Otros presos dijeron a un abogado que la mujer, identificada como Young Sook Kim, una cocinera, pasó semanas pidiendo recibir atención médica, y que nadie le hizo caso hasta que sus ojos se le pusieron de color amarillo y dejó de comer.

Kim murió de cáncer de páncreas bajo custodia federal el 11 de septiembre de 2005, un día después de ser trasladada al hospital. Un abogado se enteró del caso meses después, gracias a la información de otros presos coreanos. Y no fue sino hasta hace dos semanas que se iniciaron investigaciones sobre lo sucedido.

En el caso de la señora Kenley, residente permanente legal en EU por más de 30 años, su arresto interrumpió la atención médica que recibía contra la hipertensión, un tumor fibroide y sangrado uterino. Una autopsia atribuyó su muerte a que la hipertensión hizo crecer su corazón. pero un reporte de servicios médicos de emergencia señaló que la mujer se cayó de la parte superior de una litera, y que su compañera de celda golpeó la puerta durante unos 20 minutos antes de que los guardias respondieran.

Kenley fue detenida cuando llegó al Aeropuerto Internacional Washington Dulles, donde la base de datos reveló que en 1984 fue acusada de posesión de drogas y, en 2002, de intentar comprar droga, cargos que la hacían acreedora a la expulsión. Murió en la cárcel regional de Hampton Roads, en Portsmouth, Virginia.

"EL DHS ha dificultado, si no es que vuelto imposible, el cumplir con los requerimientos constitucionales de brindar atención médica a los presos que la necesitan con urgencia", se quejó el año pasado Thomas Hogan, a cargo de la prisión del condado York, en Pensilvania.

Funcionarios de la agencia migratoria dicen que algunas muertes son inevitables porque los médicos no son suficientes; el número de detenidos se incrementó más de 32% el año pasado, y la estancia promedio de los presos en los centros de detención fue reducida de 89 a 35 días, dijo Jamie Zuieback, una vocera.



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