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Negocios inclusivos

Laura Iturbide Galindo*| El Universal
Miércoles 20 de junio de 2012
Negocios inclusivos

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En relación a las cifras del Banco Mundial el número de pobres en el mundo es 2 mil 471 millones de personas (43% de la población total). En México, de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) los resultados de la medición de pobreza 2010 arrojan que se incrementó la población bajo esta condición de 48.8 a 52 millones de personas en un lapso de 2 años; lo que corresponde a casi la mitad de la población nacional en pobreza. Esta situación sin duda no sólo es económicamente reprobable y moralmente inaceptable, sino también representa el mayor reto para el desarrollo sostenible en el mundo. No cabe duda que el fenómeno de la pobreza es complejo por su carácter multidimensional, pero exige respuestas contundentes e innovadoras, porque la pobreza al final genera más pobreza.

De acuerdo al Economista C.K. Prahalad, quien estudió por muchos años los efectos de la creciente polarización en la distribución del ingreso y de pobreza y de cómo hacer incluyente el proceso de globalización, es decir, hacerlo más equitativo, el modelo de negocios en la Base de la Pirámide(BOP, por su siglas en inglés) es un mecanismo de transformación social.

Los negocios de la Base de la Pirámide o inclusivos, como a veces se les denomina, son iniciativas económicamente rentables, ambiental y socialmente responsables, enmarcados dentro de la estrategia empresarial y que utilizan los mecanismos de mercado para mejorar la calidad de vida de las personas de bajos ingresos y que coadyuvan a la mejora comunitaria a lograr una competitividad sostenible.

Esta situación es factible al permitir a las poblaciones de bajos ingresos su participación en la cadena de valor como proveedores de materia prima, agentes que agregan valor a bienes o servicios o vendedores/distribuidores de éstos. Asimismo permiten a este segmento poblacional su acceso a servicios básicos esenciales de mejor calidad a un menor precio o bien su acceso a productos o servicios que les permitan entrar a un “círculo virtuoso” de hacer negocios o mejorar su situación socioeconómica.

A su vez, a las empresas les permite desarrollar un modelo de negocio rentable con acceso a nuevos mercados no atendidos y con perspectivas de escalabilidad, que es uno de los mayores retos de los negocios hoy en día. Incursionar en la llamada Base de la Pirámide, significa atender un mercado de cuatro mil millones de personas en el mundo que viven con menos de tres dólares diarios. Tan sólo en América Latina, el 70% de la población se ubica en este sector y representa un mercado de 509 mil millones de dólares.

En México, este mercado es de al menos 40 millones de habitantes, entendiendo que las personas en situación de pobreza extrema merecen un tratamiento especial con los programas sociales.

De esta manera, Prahalad y sus seguidores rompen con la antigua concepción utilitarista y egoísta de la obtención de grandes beneficios, de la extracción del excedente de los que menos tienen, en virtud de que los negocios inclusivos presentan una visión más humanitaria que pueda bridar oportunidades a la población de más bajos recursos para acceder a un mejor nivel de vida y generar resultados más equitativos del modelo económico.

El modelo parte de varias premisas para que sea exitoso, ya que supone un papel activo en la creación de valor de los participantes del mercado junto con la empresa, en un proceso continuo de innovación de productos y servicios. Asimismo los aspectos gerenciales tradicionales no funcionan en este tipo de mercados, ya que suponen que los productos y servicios estén disponibles en el momento preciso y que éstos puedan ser accesibles a este tipo de consumidores.

La firma KPMG identifica tres etapas en este modelo de negocio, que tienen que ver con la identificación de la oportunidad; la ejecución, que supone trabajar colaborativamente con la población de bajos ingresos e identificar las restricciones implícitas del negocio; y el impacto para medir la ejecución en temas de rentabilidad, desarrollo social, ambiental y de comunicación.

Existen muchas experiencias y lecciones de aprendizaje de este tipo de negocios en diversas partes del mundo, con empresas de la talla como: Roche, Dupont, Hewlett Packard y Unilever, entre muchas otras. A manera de ilustración, el proyecto Shakti, que ha llevado a cabo esta última firma en su filial de la India y que consiste en la comercialización de bienes de consumo de rotación acelerada entre consumidores rurales, ha dotado de oportunidades de medios de vida sostenibles para mujeres pobres en estas zonas. Este programa, a la vez, ha permitido a la empresa extender su alcance a mercados no explotados y desarrollar sus marcas a través del empoderamiento de las mujeres en sus comunidades. En nuestro país, Cemex ha sido pionera en este tipo de negocios, con sus programas “Patrimonio Hoy” y “Piso Firme” y que han sido exportados a varios países donde la firma opera.

De esta manera, la viabilidad de este modelo sólo se entiende cuando se trata de negocios ganar-ganar. El camino es aún largo, pero se presenta como una magnífica oportunidad para que las grandes empresas, asumiendo un papel importante en el desarrollo económico mundial, puedan convertirse en motor de cambio y transformación de la calidad de vida de millones de personas que hoy viven sin esperanza. Los negocios inclusivos, sin duda representan una prometedora apuesta para el desarrollo económico en México.

* La autora es coordinadora de la Maestría en Economía y Negocios y Directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac en la Universidad Anáhuac, México Norte.



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