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Los agridulces del primer año de gobierno

Julio A. Millán| El Universal
Martes 03 de diciembre de 2013

Evaluar el desempeño de una Administración Federal al cumplirse los primeros 12 de los 72 meses que durará el periodo para la que fue electa, sin duda es un ejercicio que transita por el filo de la visión injusta por incompleta y de la gestión contrastada ante la realidad, que suele ser abrumadora e indiscutible. Lo cierto es que al término del primer año de gobierno, no cabe ni la complacencia del periodo “lunamielero” ni del ajuste inicial previo al arranque del trabajo de gobierno.

El primer año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, ha dejado buenos sabores y en otros casos sinsabores o incluso sabores agrios. En los primeros, ubicamos las gestiones y acciones que han repercutido de manera favorable en las esferas objetivo o que han creado expectativas positivas hacia el futuro, las cuales deben ser fortalecidas. Entre los segundos, están retrocesos, indefiniciones y gestiones fallidas, que necesitan un ajuste claro y rápido, si se quiere avanzar hacia la concreción de los objetivos y compromisos planteados.

Lo dulce

La Administración del presidente Peña Nieto inició con un muy buen capital político. El Pacto por México entre el gobierno y los tres principales partidos políticos es un logro sin precedente. Al suscribirse, se crearon expectativas alentadoras, porque este pacto privilegia coincidencias sobre temas clave, y establece una hoja de ruta para la instrumentación de las reformas planteadas desde hace tiempo y que por falta de acuerdos se encontraban empantanadas. Actualmente factores de índole político-electorero, han ensombrecido la valía del acuerdo, por lo que es necesario reafirmar los compromisos y se deje el chantajismo.

Otro importante acierto ha sido el dinamismo en política exterior. La Administración se planteó como meta consolidar a México como actor estratégico en el escenario internacional y ha dado pasos importantes en ello. Destaca, de manera particular, el acercamiento con la región Asia-Pacífico, sobresaliendo el relanzamiento en la relación con China, misma que se ha descontaminado de elementos ideológicos que obstaculizan la construcción de una relación económica integral. Asimismo, son aplaudibles los avances en la Alianza del Pacífico, acuerdo que ha generado admiración a nivel internacional por su ambición y capacidad para generar consensos. La política exterior es una herramienta fundamental para la atracción de inversiones, y visitantes; será necesario que la eficiencia mostrada en este primer año por las autoridades en la materia, se continúen en el corto y largo plazo.

Lo agrio

En materia de crecimiento económico, las expectativas que se formaron basadas en el ritmo que había tomado la concreción de reformas tan importantes como la laboral y la educativa (en su etapa constitucional) y la celebración del Pacto por México al día siguiente del inicio de la Administración, que llevaron a plantear un 3.5 % para 2013, se fueron moderando con el paso del tiempo y el peso de las circunstancias, para terminar en un magro 1.3 a 1.4%. En este contexto, es importante señalar esas circunstancias.

La economía mexicana está atrapada en un triángulo perverso. Por un lado, el propio proceso reformista ha generado en ciertas esferas tal desazón que no se alcanzan a percibir los alcances a largo plazo del conjunto de reformas modernizadoras, principalmente por lo superficial o incompletas que han quedado —casos por ejemplo el de la reforma laboral que formaliza empleos pero no los incentiva o la hacendaria que terminó acrecentando la carga fiscal sobre los causantes cautivos—. El resultado es un ambiente de incertidumbre que ha detenido, al menos momentáneamente, las inversiones privadas nacionales. Por otro lado, la inexplicable dilación en la aplicación del presupuesto de 2013, que propició subejercicios durante periodos clave, también provocó incertidumbre y una reacción similar en inversiones planeadas, caso a destacar es el del INADEM, que hace un mes anunció proyectos para este año.

El tercer componente del triángulo, es la situación internacional que aún no tiene visos de mejorar sustancialmente en el corto plazo. Por el contrario, en los últimos meses se ha generado un entorno más agudo de incertidumbre, por el rumbo que puede tomar la política monetaria en EU y sus consecuencias sobre la liquidez y la estabilidad financiera global. Lo anterior, puede repercutir en que se dilate la recuperación de las economías avanzadas, y un debilitamiento del crecimiento de las economías emergentes. Por ello, el entorno de éste y el siguiente año para México es de cautela en las inversiones productivas y de alta especulación, lo que ha inhibido la política económica del gobierno.

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*Presidente de Consultores Internacionales



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