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El rey del romance

Claudia Ramírez| El Universal
Sábado 13 de febrero de 2010
Donatien Alphonse François de Sade, mejor conocido como el marqués de Sade, escribió en uno de sus libros que tomaba dos tazas de chocolate con el fin de tener el vigor suficiente para participar en una orgía

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Donatien Alphonse François de Sade, mejor conocido como el marqués de Sade, escribió en uno de sus libros que tomaba dos tazas de chocolate con el fin de tener el vigor suficiente para participar en una orgía.

Son muchos los textos y películas que evocan el lado sensual de este producto elaborado con cacao. En el filme Chocolat, por ejemplo, Vianne (Juliette Binoche) logra que algunas parejas del pequeño poblado de Lansquenet reencuentren el amor y revivan la pasión.

Desde tiempos remotos, el chocolate se ha considerado uno de los afrodisíacos más poderosos que existen. Diversos estudios han comprobado que su consumo libera teobromina (estimulante cardiaco), feniletilamina (sustancia sintetizada por el cerebro en momentos de gran placer, como durante el orgasmo) y anandamida (causante de bienestar general). También mejora el nivel de dopamina (sustancia asociada a la excitación y el placer sexual) y anfetaminas (que producen estado de euforia).

Gracias a su dulce —o amargo— sabor, su sedosa consistencia que se funde lentamente en el paladar, y los efectos que produce en el organismo, se le considera el rey del romance.

Historia con sabor

La primera civilización que cultivó el árbol del cacao fue la de los olmecas. Los aztecas y los mayas lo utilizaban como ofrenda a los dioses; los granos de cacao servían como moneda. En el siglo III, la clase alta de la cultura maya bebía el chocolate con fines ceremoniales, lo preparaban mezclándolo con miel, vainilla, chile y otras especias.

Cuando los españoles llegaron a América, quedaron encantados con la prodigiosa bebida pero ellos en lugar de prepararla con agua fría, la hacían con agua hervida y la batían bien para que quedara espumosa. Posteriormente, el chocolate llegó a España y, más tarde, su consumo de difundió por toda Europa.

Francia fue uno de los primeros países del llamado Viejo Continente en recibirlo. Se dice la corte se mostraba bastante reacia a aceptarlo, calificándolo como un producto barbárico y una droga nociva. Tiempo después, la Facultad de Medicina de París comprobó que no tenía efectos perjudiciales; fue así como la reina Ana de Austria, esposa del rey Louis XIII de Francia, la nombró bebida oficial de la corte francesa.

Placer para los sentidos

Sonia Arias, chef y co-propietaria del restaurante Jaso (www.jaso.com.mx) siempre se ha sentido atraída por este sensual y exquisito ingrediente. Desde muy pequeña se interesó en aprender a preparar postres de chocolate, porque le encantaba comérselos.

Un poco después, tomó varios cursos de chocolatería, en los que aprendió a hacer trufas, paletas y otros productos. Ella estudió en el Culinary Institute of America, en Nueva York, y su tesis fue, precisamente, sobre el chocolate, gracias a la cual se graduó con mención honorífica.

Hoy, en la carta de su restaurante los postres elaborados con este ingrediente superan en número los que se hacen con frutas, pues la gente los prefiere y a ella le gustan más también.

“En la época en la que trabajaba en la estación de postres —donde el chocolate es indispensable—, tenía muchos galanes; en cambio, cuando me tocaba estar en otra, como la del pan, no tenía ni uno, aunque parezca mentira.

“Cuando permaneces tantas horas en contacto con este maravilloso ingrediente te impregnas de él. Jared (Reardon) —su esposo y socio en el restaurante— me decía que le gustaba ese aroma dulce”, recuerda.

La chef no duda acerca de sus propiedades afrodisiacas; sabe que es capaz de complacer al más exigente.

“Puede comerse amargo, blanco o con leche; en paletas, helados, pasteles, bombones o barras. Es un ingrediente muy noble que ofrece muchas variantes. Si de chocolate se trata, siempre habrá manera de complacer a todos”, puntualiza.

Pasión por el chocolate

José Ramón Castillo es el cerebro detrás de la chocolatería mexicana Que bo! (www.quebo.com.mx), que se caracteriza por las, hasta hace poco, inverosímiles combinaciones que puede tener este noble ingrediente como con queso roquefort, vinagre o mole, y sus exóticos sabores como galleta de animalito, chicle Motita o dulce Canel’s.

El chef mexicano explica que la tienda tiene en el año tiene tres fechas de altas ventas: Navidad, día de las madres y, especialmente, la víspera de San Valentín.

“Ese día está llena la tienda, sobre todo de hombres, quienes buscan el mejor regalo para sus parejas. Quien no regala chocolates esa fecha es un desgraciado”, señala divertido.

Fueron precisamente los chocolates los que le dieron la oportunidad de una mejor calidad de vida. Luego de conocer al chef español David Pallas Meseguer, aprendió que no se deben exceder las horas de trabajo porque se descuida la vida personal y fue el chocolate lo que se lo permitió.

“Es un ingrediente fácil de trabajar, muy maleable y afable en su manipulación. Su sabor, ya sea amargo o dulce, y su sensual aroma, seducen a quien lo consume.

“Comerlo te hace sentir bien, tiene antioxidantes y libera sustancias que hacen que te sientas contento y reconfortado. Si estás con tu pareja, mucho mejor. Es como un abrazo con una toalla calientita después de bañarte.

“Además, es fácil de maridar con cualquier bebida, porque se potencializa el aroma del cacao y el sabor del chocolate en sí”, señala.

La propuesta profesional

Para una tener celebración romántica muy especial, pero sin demasiadas complicaciones, ambos chefs coinciden en que una buena opción es derretir chocolate, aderezarlo con nueces y/o algún licor y, posteriormente, bañar cuadros de fruta o bombones.

Para quienes tienen más experiencia en la cocina, Sonia propone hornear un pastel y José Ramón un volcán de chocolate con helado de cardamomo o de vainilla de Papantla.

 



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