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Manifiesta el doctor Bressani su entusiasmo por la ciencia

Cristina Pérez Stadelmann| El Universal
Lunes 27 de mayo de 2002
Fue reconocido por sus investigaciones sobre el valor nutritivo de los alimentos. Obtuvo el Premio México 2002

Entregado por el presidente Vicente Fox Quesada, en el salón Adolfo López Mateos de la residencia oficial de Los Pinos, el Premio México de Ciencia y Tecnología es concedido anualmente a una persona de reconocido prestigio profesional que haya contribuido de manera significativa al conocimiento científico universal, o al avance tecnológico y al desarrollo de las ciencias sociales; tal fue el caso del doctor Ricardo Bressani Castignolli, quien se adjudicó este año dicho galardón.

Originario de Guatemala (1926), es en este país donde ha realizado la mayor parte de su labor científica, que ha consistido principalmente en encontrar soluciones prácticas a algunos de los problemas nutricionales que afectan a la población de los países en desarrollo particularmente de Centroamérica.

Obtuvo la licenciatura en Química en la Universidad de Dayton, Ohio; maestría en Iowa State University, para luego continuar sus estudios en Bioquímica en la Universidad de Purdue, Indiana, donde se doctoró e inmediatamente se reincorporó al Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá, donde permaneció hasta 1993 como jefe de la división de Ciencias Agrícolas y Alimentos.

Autor de más de 500 artículos científicos, publicados en revistas de América Latina, Estados Unidos y Europa, sus trabajos han versado sobre el valor nutritivo del maíz, sentando las bases científicas y prácticas para la formulación y producción de alimentos como Vitatol y Bienestarina, disponibles y muy solicitados actualmente en el mercado de Guatemala, Colombia, Brasil, Venezuela, y el Continente Africano.

"Me enorgullece haber ganado el Premio México debido a mi trayectoria en el campo de investigación en alimentos; en el año 1952 comencé a estudiar los que eran básicos en las poblaciones de Centroamérica, analicé cuál era su valor nutritivo, y esto nos llevó a considerar la posibilidad de desarrollarlos con un alto valor nutritivo para poblaciones que no podían adquirir alimentos básicos como leche, huevo o carne", comenta el doctor Bressani en entrevista para EL UNIVERSAL, galardonado también con la medalla de oro en Ciencia y Tecnología conferida por el congreso de la República de Guatemala en 1997, y la Orden del Quetzal en el grado de la Gran Cruz, otorgada por el gobierno de Guatemala en 1999. ¿Cuál fue la fórmula a la que llegó y cuál su impacto?

Notamos que combinando de forma apropiada tres o cuatro alimentos naturales se podían producir combinaciones tan buenas como la leche, la carne y los huevos. Fue necesario ?por razones éticas? hacer múltiples experimentos antes de probarlas en el hombre; pero eventualmente fuimos capaces de producir algunos con un alto valor nutritivo y que fueron aceptados por la población, con un beneficio nutricional comprobado tanto en los pequeños como en los adultos.

La industria alimenticia de Guatemala pensó que sería apropiado hacerlos y se implementó la tecnología para que pudieran ser producidos a nivel industrial y así abastecer a la población. Creo fervientemente en la ciencia, en la tecnología y en la investigación, en la importancia de estimular la agricultura, el cultivo de productos promisorios, no sólo nutricionalmente, sino como fuente de ingreso económico para nuestros países. ¿En qué año se industrializaron estos productos?

Algunos de ellos en 1970 y desde entonces la población los reclama ya que han comprobado que es de beneficio para su salud. He trabajado básicamente con el maíz ?la tortilla?, hemos tratado de fortificarla, de transformarla en un alimento mucho mejor de lo que es. Debemos tomar en cuenta cuál es el alimento básico de la población, por ejemplo en Guatemala como en México es el maíz, pero es deficiente en sus nutrientes; por lo tanto hemos tenido que buscar una semilla, vegetal o planta que los contenga para hacerlo superior.

Generalmente utilizamos productos con altos niveles de proteína como son la harina de soya o la de algodón. En el caso de Guatemala combinamos 58 por ciento de maíz, 38 por ciento de harina de algodón y le agregamos 35 por ciento de levadura tórula, un producto muy rico en proteína, aminoácidos y ciertas vitaminas. Esto nos dio como resultado una harina de alto valor nutritivo que se utiliza para atoles en términos de sabor, de textura, convirtiéndolo en masas o en bebidas fluidas.

En los años 70 se creó una expectativa muy grande en el mundo respecto a estos productos creados por nosotros, la industria en Estados Unidos decía que serían demandados por un par de años y después decrecería su demanda, pero los años han desmentido esta teoría estadounidense, ya que estos productos han permanecido exitosamente en el mercado desde 1970 a la fecha, tanto en Guatemala como en los países antes mencionados. ¿Qué repercusión han tenido estos productos en México?

Hace algunos años hicimos pruebas en Ciudad Obregón, y los datos que recibimos fueron sumamente favorecedores, la población recibió con gusto el atole que tienen un sabor a nuez tostada. México mostró cierto interés en manufacturarlo aquí, pero el gobierno de aquellos años ?la Conasupo en concreto? consideró que ellos podrían abastecer a su población con otra clase de alimentos para que estuvieran bien nutridos y naturalmente nuestra posición fue respetar su opinión.

Tengo entendido que en Chiapas hay problemas nutricionales muy parecidos a los que tenemos en Guatemala, por lo tanto pensaría que esa ciudad podría ser una región para introducir este producto.

Tengo dos estudiantes en la Universidad de Chiapas que están estudiando los beneficios del pinole, estamos tratando de fortificar científicamente el pinole para que sea de alto valor nutritivo; si esto tiene éxito, podría significar el principio de un producto muy benéfico para esa región. ¿Cuál es su posición frente al saber científico y tecnológico?

Soy un firme convencido que sólo con una alimentación adecuada es posible tener acceso a una mejor educación y superar las limitaciones impuestas por la pobreza y la marginación.

He vivido los éxitos y los fracasos de los experimentos que hemos hecho; uno se siente halagado al ver que un producto es bien aceptado por la población, que los niños responden, que los hospitales los utilizan.

Por otra parte, escribir un documento científico, someterlo a publicación, exponer nuestras ideas a escala internacional en las revistas científicas resulta muy importante. Soy consejero de los estudiantes en la Universidad del Valle de Guatemala, me interesa formar nuevas generaciones.

Mis artículos han ido firmados por mí y siempre por algún estudiante, vamos acompañados en las publicaciones, ya que es la única manera como podré heredar a los jóvenes mi pasión y entusiasmo por la ciencia. Nuestros países deben continuar haciendo un gran esfuerzo para aportar más recursos para la investigación y el desarrollo, sobre todo con relación a los beneficios directos hacia la niñez y la juventud. El saber científico, la actividad científica y tecnológica es una de las variables más importantes para incrementar la competitividad de un país.

En ocasiones he tenido que navegar contracorriente, venciendo prejuicios y escepticismos, pero he mantenido el esfuerzo y soy un convencido de que la investigación científica es fundamental para el bienestar de la sociedad, y un claro camino para romper con la tradición científica incipiente que en ocasiones caracteriza a los países de Latinoamérica.

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