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Los sinsabores de la primera abanderada transgénero

DINORATH MOTA LÓPEZ| El Universal
Lunes 04 de junio de 2012
Los sinsabores de la primera abanderada transgnero

TRANSFORMACIÓN. Nació como José, con el nombre de su padre; en 2001 ingresó una solicitud para cambiar su nombre. (Foto: )

Por primera vez en el país, una integrante de la diversidad sexual aparece en una elección federal con su nombre femenino

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PACHUCA

Ella es Diana; siempre lo ha sido. Aunque hubo un tiempo que fue conocida como José. Dice que su historia no duele, pero las lágrimas que brotan de sus ojos cuando recuerda muestran que no es así. Diana es la única candidata de diversidad sexual que participa en el proceso electoral del país. Nacida en el seno de una familia tradicionalista y “machista” (como ella la define), fue el primero, el heredero, el hijo primogénito, sobre quien estaba fincada la línea sucesoria de los Marroquín, un apellido que al tiempo le prohibieron utilizar de forma pública.

Diana ha roto muchos tabús: primero en su familia. donde nacer hombre y ser mujer era algo impensable. “Recuerdo que cuando mi madre se enteró me dijo: ‘Para que quieres bajarte un escalón. No ves como tienen a las mujeres en esta familia’”.

Nació como José, con el nombre de su padre, como corresponde al heredero. “Siempre fui un niño bien cuidado”. Los primeros años, cuenta, fueron “normales”: un niño bien portado y de buenas calificaciones. En secundaria, donde la vida le empieza a cambiar, “me comenzó a dar miedo saber algo diferente en mí. Mi padre es macho alfa, de fuerte liderazgo y de un machismo a ultranza”.

Diana no la tenía fácil, en Tulancingo como en muchas partes del país, ser transgénero no está bien visto. Los ataques, primero con palabras y luego con golpes, comenzaron a marcar su vida. “Empezaron los rumores en la escuela sobre mi sexualidad”. Una anécdota que le marcó la vida: al recibir una agresión de sus compañeros y reportarla con los directivos, la respuesta fue: La sociedad no se equivoca. “Yo no lo entendí. Me dolió y lo sufrí; es algo que me ha costado muchas lágrimas”.

Los primeros rasgos de su feminidad, dice, no fueron vistos por su padre sino por uno de sus tíos. “Corrige a este niño porque está rarito”, fue la sentencia.

El miedo de la familia estalló. “Mi madre me propuso que en público tuviera novias, y si quería, a escondidas podía ser mujer. Yo no puedo utilizar a una mujer solo porque la sociedad lo ve mal, fueron mis palabras. Entonces hubo una reunión familiar para analizar mi caso. Unos me atacaron, otros me apoyaron. Hay dos hombres en mi familia que me rechazaron y no los culpo”. A la fecha, la relación con sus dos hermanos no existe.

La familia Marroquín Bayardo se trasladó a Celaya, donde Diana ingresó a la facultad de Derecho, ya con la plena convicción de no ser más una mujer en el cuerpo de un varón.

Los primeros acercamientos con la comunidad lésbico gay, y con el destino, la alcanzaron. “Una mañana se acercó mi vecino y me dio una revista. Me dijo toma y lee, yo creo que lo que viene ahí te va a servir. Era un artículo sobre lo que yo era. Me identifiqué inmediato y decidí entonces por la operación”. El cambio de género se consolidó en 1988 y dejó de ser José.

En ese año los Marroquín regresan a Tulancingo, donde los negocios de su padre seguían creciendo al igual que su rechazo. El Derecho no fue su pasión, pero sí la conducción: Diana ingresa a los medios de comunicación, donde mantiene colaboraciones en varios diarios. Vino entonces un nuevo golpe: “Alguien de mi familia, de quien me voy a reservar su identidad, me prohibió utilizar el apellido Marroquín, por eso desde entonces soy Diana Bayardo”.

Las experiencias buenas y malas continuaron; cada una, asegura, dejan algo en la vida, y sufrir violencia intrafamiliar no fue la excepción. En 2001 fue víctima de maltrato físico por su pareja: le desfiguró la cara con una pistola. La agresión la llevó al hospital y a buscar la justicia en los tribunales, lo cual aún no llega.

La discriminación se hizo presente en su intento por buscar un castigo para su agresor. El acoso de agentes judiciales y jueces llevaron a la solidaridad de un grupo de funcionarias de ambas dependencia; le aconsejaron que su identidad tenía que estar amparada jurídicamente.

En 2001 ingresó una solicitud para cambiar su nombre y tras un año de lucha, en 2002, sale la sentencia a su favor con una anotación marginal en el acta de nacimiento: “Juan José Marroquín Bayardo y Diana Marroquín Bayardo son la misma persona”.

A partir de esta acta de nacimiento, Diana fue mujer en papel, en la credencial, en la licencia de conducir y en todos sus documentos está asentado su género: femenino.

Labor social y política

Con la violencia sufrida también nace la conciencia social. Crea la organización civil Al rescate de la mujer y su poder ciudadano, que se dedica a defender a mujeres que viven violencia en sus hogares.

Su arribo a la política es en 2011. Su activismo y su trabajo en los medios de comunicación la hacen una mujer pública y el partido Convergencia se acercó para ofrecerle la candidatura como suplente a presidente municipal.

“Hubo hechos de corrupción que impidieron mi permanencia en la campaña”.

Señala que su nombre y su persona sólo fueron utilizados por los integrantes de Convergencia para justificar los gastos de campaña, con la falsificación de su firma. Este hecho la obligó a llevar un juicio ante las instancias electorales, que finamente fallaron a su favor.

Tras su tropiezo en Convergencia, fue invitada por el PRD para participar en las internas para la elección de candidato a diputado federal por el distrito de Tulancingo. Diana compitió con siete aspirantes y ganó la nominación, la cual un día antes de ser registrada le fue arrebatada.

Tras denunciar discriminación de los líderes del Movimiento Progresista, principalmente de María Cruz García, del Movimiento Ciudadano, quien le bloqueó la candidatura bajo el señalamiento de “no postular para los ciudadanos católicos de Tulancingo a una mente retorcida”, el 15 de abril ingresó ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación un recurso para que se le restituyera la candidatura. El 18 de mayo la sala Toluca del Tribunal emitió el fallo a su favor y con ello la constancia como candidata.

Por primera vez una integrante de diversidad sexual aparece en una elección con su nombre femenino. “Ha habido otros casos, pero en la boleta está el nombre masculino”, dice Diana. De participar en la política refiere, no se arrepiente. “Solo me duele”.

“Dice una amiga: ‘ser mujer es toda una aventura’, pero no lo cambiaría por nada”, asienta Diana, quien con su 1.74 metros va por la vida “luchando un día a la vez”, señala.



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