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“Ellos no merecían morir así”

TEXTO CRISTINA PÉREZ-STADELMANN [email protected]| El Universal
Sábado 26 de febrero de 2011
Familiares piden actuar con la rapidez que se esclareció el crimen de agente de EU

No merecían morir así… no merecían (dice con voz quebrada)… pero sabemos que estamos en manos del gobierno, de unos criminales que hacen lo que les viene en gana”, dice la señora Sara Salazar, la madre de Josefina Reyes —activista asesinada en 2010— después de conocer el hallazgo de los cuerpos sin vida de sus tres parientes que habían sido plagiados en Ciudad Juárez desde el pasado 7 de febrero.

La suma de catástrofes en la familia Reyes Salazar es cada vez mayor y parece exponencial. Desde noviembre de 2008, cuando murió asesinado en una boda Julio César Reyes, hijo de Josefina y nieto de Sara, la tragedia los sigue.

Ayer fueron tres juntos. Organizaciones civiles se pronunciaron por un “alto” a la violencia contra activistas en la región de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Sara, de 73 años, sumó a la lista de familiares asesinados los tres de ayer. Cinco de sus descendientes —cuatro hijos y un nieto— han perdido la vida de manera brutal. Todos ejecutados.

Primero fue su nieto que, según denunciaba la madre de éste, Josefina Reyes, desapareció en manos de militares y después fue encontrado muerto, el 15 de noviembre de 2008.

Desde entonces Josefina empezó su lucha en denunciar los presuntos abusos que el Ejército realizaba en la zona. El 21 de agosto de 2009 su otro hijo Miguel Ángel, de 26 años, fue detenido acusado de delincuencia organizada, junto con José Rodolfo Escajeda.

Ella murió asesinada el 3 de enero de 2010 dentro de su negocio de barbacoa. Luego, en agosto de ese mismo año, su hermano Rubén, de 48 años de edad y panadero de oficio, fue acribillado también.

“Víctima la que no lucha, la que se agacha. ¡Yo no! Hay animales que se enconchan en el fondo del mar y de ahí no salen, yo doy la cara”, comenta Sara Salazar desde un hotel en la ciudad de México, donde tuvo que guardar reposo tras enterarse de la noticia. Ahora le toca sacar fuerzas, pero dice que no sabe de dónde.

Mientras, en las inmediaciones del Senado, su hija Marisela —quien había estado en huelga de hambre como protesta para exigir el regreso con vida de los tres familiares plagiados— exigió que los culpables sean encontrados tan rápido como se dio con los asesinos del agente estadounidense Jaime Zapata, quien fue acribillado en San Luis Potosí el 15 de febrero.

Marisela permaneció en ayuno durante 15 días en Ciudad Juárez para exigir que sus hermanos Elías Reyes y María Elena Reyes, además de su cuñada Luis Ornelas fueran encontrados con vida tras ser secuestrados por un comando armado mientras andaban por la colonia El Millón, poblado de Reforma, en el municipio de Guadalupe, del Valle de Juárez.

Aquel día su nieta Yarima, de 12 años de edad, lo presenció todo. “Fuimos hechas a un lado mientras veíamos cómo se llevaban a nuestra familia. Mis dos hijos en una camioneta y mi nuera en otra, aparte”, recuerda Sara Salazar. Elías Reyes, de 56 años, era panadero y sufría de embolia. Su esposa, Luisa Ornelas, de 54 años, era ama de casa y tenía una discapacidad.

Para la familia Reyes Salazar parecería imposible seguir viviendo en Guadalupe, una de las zonas más mortíferas del país. Tres de los nietos se fueron a vivir a Estados Unidos.

Tras el hallazgo de los cuerpos sin vida, en las primeras horas de ayer, de los tres secuestrados, la familia exige la renuncia del fiscal Jorge González Nicolás. “Él es el responsable directo de estos crímenes, debido a que no puede con el cargo y por no haber garantizado la vida y la seguridad de la familia... desde el primer día del secuestro de nuestros familiares solicitamos audencia con González Nicolás, recibiendo siempre respuesta negativa”, mencionó Marisela a la prensa.

La lucha por la justicia

Viuda y madre de 10 hijos, Sara Salazar no se considera ni víctima, ni mártir. A ella le interesa dejar claro que las ejecuciones de los miembros de su familia no quedarán impunes. “Lucharé para que detengan a los asesinos de mis hijos y reciban su castigo, seguiremos pidiendo justicia hasta llegar a las últimas consecuencias”.

Cuando supo la noticia de que encontraron los cuerpos, lo primero que pensó fue la cobardía de aquellos que le arrebataron a sus hijos. “Desconozco quiénes fueron los asesinos, pero pienso que el gobierno sí lo sabe”, menciona y asegura haber tenido la esperanza de encontrarlos con vida.

Para ella, sus hijos y su nuera están ya descansando en paz. “Ya no me los están golpeando, ya no los están torturando”, dice en entrevista. “Sigo en pie. No le hace que tenga que salirme de Ciudad Juárez, no le hace que tenga que irme a otra parte, yo voy a seguir luchando para que se haga justicia”.

Dice no estar cansada. “ Yo tengo que sacar fuerzas, no sé de dónde, pero tengo que irme a sepultar a mis hijos... pero en Juárez ya no podemos estar; no voy a exponer a mis demás hijos a mis nietos a más tragedias”.

No existe un sólo sitio en la tierra donde Sara Salazar se sienta a salvo; sin embargo, ha aprendido a anestesiar el dolor, porque asegura: “eso de dolerse y llorar no me sirve de nada, los auténticos dolores se registran por dentro y te modifican de veras”.

“Si tuviera un arma ya hubiera salido a matar a los asesinos de mi nieto Julio César (de 23 años al morir) y de Josefina y Rubén; y ahora los asesinos de mi nuera y mis dos hijos; pero no la tengo... Desde 2009 no he dejado de cavar tumbas para mis hijos. Mis pérdidas ya son muy grandes; yo les tenía prohibido a mis hijos morirse antes que yo y no me hicieron ningún caso.

“Mis únicas armas son mi voz, mi fuerza, mi grito, ese grito que a ellos les quitaron al momento de silenciarlos a balazos... balazos en la cabeza, cinco, 10, 15 balazos en el cuerpo, en la cabeza de mis hijos... ¿por qué tantos, Dios mío?”, pregunta Sara.

Saúl Reyes, de 40 años, hijo de la Sara Salazar, y quien fue el encargado de reconocer el cadáver de sus hermanos y su cuñada, comenta a su vez: “Somos conocidos en el Valle de Juárez y colaboramos ampliamente en las gestiones que derivaron en la fundación del Colegio de Bachilleres; hemos participado en la defensa de los derechos de las mujeres que trabajan en las maquiladoras, encabezamos la exitosa lucha en contra del tiradero nuclear de Sierra Blanca, y logramos la detención de depredadores sexuales del Valle.

“Hemos ganado algunas batallas tanto ambientalistas como en defensa de la sociedad”, dice quien ahora administra la panadería propiedad de la familia Reyes. Saúl es el único hombre de la familia que permanece ileso y libre.



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