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Vacío de autoridad aviva autodefensa

Ignacio Alvarado Álvarez| El Universal
Lunes 27 de septiembre de 2010
Vaco de autoridad aviva autodefensa

HASTÍO. El lunes pasado, pobladores de Ascensión “lincharon” a dos menores que habían participado en el intento de secuestro de una adolescente . (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

En las últimas semanas han muerto al menos cinco delincuentes a manos de ciudadanos

CHIHUAHUA

Las probabilidades de salir bien librado de un enfrentamiento con los dos sujetos que habían penetrado a su casa eran escasas. Entre los dos sumaban menos años que los 70 de él, pero aún así decidió encararlos. Tomó un revólver del buró de su recámara y fue a buscarlos hasta el patio trasero. Antes de soltar el único disparo, uno de los maleantes intentó herirlo, pero falló en cuatro ocasiones.

“No me di cuenta en qué momento cayó al suelo”, contó el anciano después, ante el Ministerio Público. “Hasta después supe que estaba muerto”.

El segundo ladrón se le fue encima. Lo hubiera matado a golpes a no ser que la esposa, de 65 años, apareció en escena portando otra pistola calibre .22, con la que le pegó cuatro tiros sin titubear. El testimonio ministerial de ambos dice que el sujeto no se desplomó debido al bajo poder de los proyectiles. Antes de huir golpeó salvajemente a la mujer. La policía lo halló media hora después sangrante, tirado sobre el asfalto, a poca distancia de la escena.

La autodefensa del matrimonio se registró a las 8:30 horas del viernes 10 de septiembre en una colonia de clase media alta de la ciudad de Chihuahua, llamada San Felipe. Los ladrones, informó la policía al día siguiente, provenían de El Palomar, un enclave miserable localizado justo al lado.

La pareja había decidido armarse las semanas previas, tras sufrir un par de asaltos en su propia casa. La forma en que resolvieron el ataque dio paso a secuelas que comienzan a preocupar a las autoridades. En 15 días, otros tres presuntos delincuentes fueron igualmente abatidos por ciudadanos que decidieron tomar la justicia en sus manos, y la idea de prescindir de policías, por corruptos e ineficaces, comienza a fortalecerse en varios municipios del estado.

Venciendo el miedo

Para llegar a Colonia Cuauhtémoc, a la salida norte de la capital del estado, debe tomarse la carretera federal 45, cruzar las casetas de peaje en Sacramento y conducir hasta tomar un largo camino de terracería hacia el poniente, al pie de una cordillera seca donde se erige la docena de viviendas que alojan a los poco más de 50 habitantes del ejido. La austeridad es evidente, pero ello no los ha salvado de extorsiones y asesinatos.

“Estamos amenazados por la delincuencia”, dijeron hace poco a la prensa local. “Hemos denunciado (lo que pasa) y ni aún así hemos visto una patrulla en el entronque para llegar al pueblo”.

El abandono los ha hecho tomar la decisión de cerrar el único paso hasta la aldea y prepararse para la confrontación. “Si las autoridades correspondientes no pueden, tendremos que defendernos con lo que tenemos”, concluyeron.

El siguiente nivel de acción ante el vacío de autoridad se produjo días más tarde, el lunes 20 de septiembre, en Ascensión, municipio ubicado 170 kilómetros al poniente de Ciudad Juárez, cuando los habitantes lincharon a dos menores que habían participado en el intento de secuestro de una adolescente de 17 años.

La menor fue sustraída del negocio familiar, un restaurante de mariscos. Testigos alertaron de inmediato al vecindario y en minutos se organizó la persecución que concluyó con el rescate de la menor y la detención de cinco de los ocho secuestradores.

Por horas, ninguna fuerza federal pudo arribar al poblado, debido a la decisión que habían tomado los habitantes de matar a los presuntos delincuentes allí mismo. Un par de helicópteros enviados por el Ejército y la Policía Federal no pudieron aterrizar. Los pobladores se colocaron debajo de ellos siempre que los pilotos intentaron posarse en tierra.

Militares y agentes debieron llegar por carretera, pero aún así no pudieron evitar el linchamiento. De los cinco, dos fueron masacrados en presencia de las autoridades. La investigación de la Procuraduría del estado indica, sin embargo, que los dos fueron subidos aún con vida en una de las patrullas de la Policía Federal, donde finalmente murieron tras una larga y lenta agonía.

En el linchamiento tomaron parte unos mil ciudadanos, de los 7 mil que habitan el municipio, según datos ofrecidos a noticiarios de televisión por el alcalde Rafael Lorenzo Camarillo. El pueblo entero, sin embargo, presionó para que fueran destituidos los 17 agentes de policía local, y acusó a los agentes estatales y federales de formar parte de las redes de secuestro y extorsión de las que son víctimas.

En cuatro meses, Ascensión registró 30 secuestros. El día del linchamiento, los pobladores enteraron también de varios asesinatos, el cobro de cuotas que deben pagar comerciantes y agricultores, y el desamparo al que le confinó el gobierno en esta supuesta lucha contra el crimen organizado.

Lo sucedido allí, dijo el gobernador José Reyes Baeza los días posteriores, es producto del “agravio” y “el coraje”. No acusó de recibo el reclamo de los ciudadanos, porque “se ha avanzado mucho en esta región, pero aún falta más por hacer ante el tema de la inseguridad”.

“Moralmente justificado”

La manera como los pobladores tomaron justicia desató controversias en Chihuahua. La posibilidad de que se lleve a juicio por homicidio a varios de los involucrados en el linchamiento crece, aunque miembros del Poder Legislativo ven en ello un acto de justicia “moral”.

“Moralmente fue un evento justificado, porque sabemos en qué condiciones se encontraba Ascensión”, declaró a El Diario de Chihuahua Fernando Rodríguez Moreno, coordinador de la fracción parlamentaria del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el Congreso estatal. “Por eso estamos con ellos, pero la ley establece el procedimiento (de un juicio por homicidio)”.

La suerte de aquellos a quienes la Procuraduría pudiera implicar en el doble asesinato está en el aire, no así la de otro caso de justicia ciudadana, el más reciente que se registra en el estado.

El cuerpo de Julián Efrén Enríquez Meza, de 31 años, quedó tendido en el interior de la vivienda de una de sus vecinas, en la colonia Villa Nueva, de la capital de Chihuahua. El hombre, adicto a la heroína y con antecedentes penales por robo, según la policía, penetró poco antes del amanecer hasta el dormitorio de la mujer de 32 años, a quien comenzó a acariciar.

En la casa, la mujer vivía con su hija y uno de sus hermanos, de 31 años, quien confrontó al sujeto mientras su sobrina salía en busca de ayuda. La versión que permanece indica que alguien respondió a los gritos de auxilio de la menor e irrumpió en la vivienda portando una pistola calibre .38 súper, con la que ultimó al sujeto de un balazo en la cabeza.

A la instancia investigadora, ninguno de los residentes de la zona ha querido decir gran cosa. Nadie dice saber, por ejemplo, quién fue el justiciero, aun cuando la procuradora del estado, Patricia González, lo ha exculpado porque se obró, sostiene, en legítima defensa.

“Nadie tiene derecho de entrar a su domicilio”, declaró González ante los medios locales horas después de lo sucedido. “El domicilio es sagrado, por eso quien mate en legítima defensa será defendido por la ley”.

Los indicios del hartazgo siguen. Este viernes, la policía de Chihuahua intervino para que tres presuntos asaltantes no fueran linchados por un grupo de cobradores que se dijeron sus víctimas.

Los tres fueron detenidos tras una persecución, hacia el mediodía. Los cobradores que llegaron a la zona de captura dijeron que varios de ellos, empleados de 10 empresas, fueron despojados de mercancía, dinero y motocicletas por los sujetos durante el curso de la semana. Querían cobrarse allí mismo la afrenta. Los policías impidieron que así fuera.



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