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Arrasante cortina de lluvia

Francisco Reséndiz Enviado| El Universal
Sábado 18 de septiembre de 2010
Arrasante cortina de lluvia

AGUACERO. El ciclón entró al puerto veracruzano con la categoría tres, aunque avanzada la noche se degradó a tormenta tropical. En la zona conurbada de Boca del Río, las calles presentaron encharcamientos y afectaciones en señales de tránsito. (Foto: JORGE SERRATOS EL UNIVERSAL )

La lluvia no dejaba ver más allá de tres metros. El cielo se cerró por completo… parece de noche, pero es apenas mediodía. En este momento los porteños que salieron temprano a trabajar quedaron atrapados entre los vientos huracanados por la entrada de Karl

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VERACRUZ. La lluvia no dejaba ver más allá de tres metros. El cielo se cerró por completo… parece de noche, pero es apenas mediodía. En este momento los porteños que salieron temprano a trabajar quedaron atrapados entre los vientos huracanados por la entrada de Karl.

El aire silba por los recovecos de esta histórica ciudad y la franja cercana al malecón se ha inundado. En Los Portales, el Palacio Municipal y el zócalo del Puerto de Veracruz, el agua llega a la cintura. Hay negocios con ventanales rotos, compras de pánico y el silencio se rompe con las sirenas antirrobo de los comercios.

Cuando la lluvia y el viento comienzan a dar tregua, no hay camiones de pasajeros ni taxis. Algunas patrullas de tránsito municipal hacen recorridos. Un pequeño perro callejero, escuálido y sucio, herido y con hocico sangrando, cruza las calles a nado. Hay albergues habilitados y por televisión se llama a la solidaridad.

Ayer, durante unas horas la vida de esta alegre ciudad desapareció… la voz del gobernador Fidel Herrera se escuchaba constantemente en la televisión y la radio donde recomendaba a la población: no salgan, Veracruz está de pie, atiendan a las autoridades de Protección Civil.

Al filo de las 2 de la tarde, los rostros de los veracruzanos se veían angustiados. La víspera, siete horas antes de que el huracán tocara tierra los empleados de los hoteles cercanos al Centro Histórico se mostraban indiferentes: “no nos han dicho nada, que sólo habrá lluvia y viento, es sólo un norte”, confiaban.

Pero Karl tocó tierra y a las 13:00 horas localizó su centro a 15 kilómetros al norte del puerto de Veracruz, con categoría tres en la escala de Saffir-Simpson.

“Tal situación sigue siendo de extremo riesgo y peligro para Veracruz, donde se han presentado lluvias intensas, mismas que se prevén pueden superar los 250 milímetros en 24 horas, originando aumento de ríos y arroyos, así como deslaves en el norte y centro”, dijo Protección Civil.

El gobernador Herrera decía que Veracruz nunca había sido golpeado por un huracán categórica tres: “Lo que vivimos ha sido muy difícil. Seguimos en guardia, no podemos decir que ya lo superamos”.

Los recorridos por la zona del malecón se vuelven peligrosos. A bordo de una camioneta de doble tracción es difícil transitar. El Café de la Parroquia está cerrado, al igual que decenas de negocios de la zona centro, cada mesa tiene apiladas sobre sí un montón de sillas de madera.

La ciudad seguía en silencio… roto por sirenas y el rugido del viento huracanado, el mar enfurecido y la torrencial lluvia. Eran vientos sostenidos de 175 kilómetros por hora con rachas que superaban los 200 kilómetros por hora, informaba por la radio Protección Civil del estado.

Mientras el gobernador declaraba, Elisa Valencia buscaba qué comer, encontró un minisúper cerca del mercado de artesanías. Compró latas, tortillas de harina, jugos, agua, jamón y queso. Llegó del Distrito Federal, murió un familiar. Karl la sorprendió y se unió a la angustia.

Ahí mismo está el oficial Juan Enrique Mielmixtega, es policía intermunicipal de la zona Veracruz-Boca del Río. “La orden que tenemos es cuidar los establecimientos para que no haya rapiña”.

Entre el Zócalo del Puerto y el Acuario solo se ven a tres patrullas municipales con las torretas encendidas, pero sin policías dentro. Hay anuncios espectaculares que han aplastado autos, cables de energía eléctrica arrancados por el viento. El mar ha arrojado piedras al malecón.

Poco a poco Karl ha derrumbado cientos de postes, señales de tránsito, árboles y palmeras y las calles se vuelven intransitables. El agua sube, en algunas calles a más de un metro de altura… la intensa lluvia no deja ver y parece por momentos que el viento levanta el vehículo.

Hay lanchas que fueron colocadas en el asfalto del malecón, pero los ríos de lluvia, en que se han convertido las calles, las mueven y cierran el paso. Las olas de hasta siete metros de altura revientan y el rugido del viento se une al llanto del mar.

Gente que camina por las calles inundadas, como si no llevaran rumbo. Les preocupa su familia. No hay transporte y el recorrido, algunos de unos 25 minutos, que hacían en autobús o taxi ahora lo hacen a pie, con el agua a la cintura.

A las 7:00 de la noche ha dejado de llover. Al agua deja las calles. Máquinas barredoras lavan el zócalo y camiones del servicio de limpia recogen la basura. En Los Portales se vuelven a escuchar las marimbas y a alguien que canta, suavecito, “...solamente una vez”.

 



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