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Del feminicidio al secuestro exprés en Juárez

Ignacio Alvarado Álvarez Enviado| El Universal
Martes 21 de abril de 2009
Una nueva expresión de la delincuencia azota a esta ciudad: el plagio de mujeres de clase media por jóvenes antes ligados al narcotráfico

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CIUDAD JUÁREZ, Chih.— La mañana en que fue liberada, Gloria, de 44 años, propietaria de un despacho contable, dijo haber encontrado a su madre “10 años más vieja”. No habían transcurrido aún 18 horas desde la última vez que la vio, pero la ronda de negociaciones con los captores le produjo ese desgaste enorme. “Quizás el impacto de verla así me haya quitado algo de mi propio sufrimiento”, evoca, en el refugio en que se ha convertido su hogar, cuatro semanas luego del secuestro.

Algo así le sucedió a Leonor, mercadóloga de 31 años, tras las 10 horas de cautiverio en que la mantuvieron cinco individuos de 16 a 25 años. “Durante ese tiempo no dejé de pensar en mis padres, en mi mamá, y recé como nunca había rezado en toda mi vida. Recé por que mis papás no estuvieran sufriendo más que yo”, cuenta la noche del 1 de abril, la primera en la que se aventuraba sola por las calles, a 11 días del delito.

El secuestro de mujeres se ha constituido aquí en un delito cotidiano. En febrero, la Subprocuraduría General de Justicia para la Zona Norte recibió denuncias de los primeros cinco casos, los cuales son una muestra de los atentados que realmente ocurren, declaró a los medios noticiosos el titular de esa dependencia, Alejandro Pariente Núñez, quien estimó un aumento de 38% en plagios respecto del primer trimestre de 2008.

 

Cambio de giro: de la droga al secuestro

La prensa local difundió otros tres secuestros de mujeres en la primera quincena de marzo pasado, pero ninguno de los casos fue denunciado. El 30 de ese mes, Pariente Núñez informó la captura de los presuntos secuestradores de Leonor, y a partir de los datos preliminares precisó que aquéllos estaban implicados en por lo menos 17 secuestros, de diciembre a la fecha. Aportó también otro dato perturbador: al menos el líder de la banda, de 18 años, integró antes una célula mayor del crimen organizado.

Dos presuntos secuestradores más, de 18 y 19 años, fueron capturados el 21 de marzo por agentes federales, quienes horas más tarde rescataron de una vivienda del centro de la ciudad a su víctima, una mujer de 21 años.

Las operaciones de bandas con este mismo perfil fueron advertidas desde el 13 de febrero, cuando una ejecutiva del corporativo Delphi logró evadir el plagio al conseguir refugiarse en el estacionamiento de esa empresa, vigilado por guardias privados.

Las tácticas operativas de estos grupos son semejantes a las utilizadas por los de asesinos a sueldo que han actuado en la ciudad desde comienzos de 2008, precisa Óscar Maynes, ex jefe de los servicios periciales de la Procuraduría estatal; por ello, conjetura que “el secuestro exprés ha tomado vigencia a partir de que muchos de esos grupos que estaban involucrados en el tráfico de drogas se quedaron sin ingresos”.

Los secuestros contra mujeres se han cometido a pesar de que la ciudad se encuentra vigilada por más de 7 mil efectivos militares que arribaron desde el 13 de marzo para tomar el control de la seguridad pública.

La estrategia ha sido rebasada “porque los plagiarios pronto descifraron las tácticas de vigilancia de tanto verlas”, explica Maynes.

En la oficina desde la que despacha en una escuela secundaria, Marisela Ortiz, una de las fundadoras de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, brinda terapia gratuita a mujeres que han sufrido agresiones, la pérdida de un familiar o simplemente tienen miedo de vivir aquí. “Sin importar lo que les haya sucedido, todas me han confesado el temor que les produce salir a la calle, porque tampoco se sienten protegidas por los militares, sino todo lo contrario. La ciudad vive una calma tensa, y eso se siente”, señala.

 

De clase media, las víctimas predilectas

Lo que les sucedió a Gloria y a Leonor es posible que le ocurra a cualquiera. Ninguna sospechó que sería secuestrada. La base para autodescartarse fue la misma que podrían tener miles: sus cuentas de ahorro eran modestas y tenían deudas crediticias; sus padres tampoco poseen fortunas y vivían en casas para la clase media, igual que 35% de los juarenses. Por los arrestos logrados en marzo, la Subprocuraduría sabe que eso es justo lo que buscan los plagiarios.

Las mujeres secuestradas por este único grupo de cinco individuos fueron liberadas a partir de rescates que lo mismo incluían dinero en efectivo que vehículos familiares. La Subprocuraduría señaló que por la primera de sus víctimas, una joven de 17 años capturada a principios de marzo, se entregaron dinero y un automóvil PT Crusier.

Fue el mismo patrón con el resto de las cuatro víctimas de marzo, la última de ellas la agente del Ministerio Público Jaqueline Nieto Martínez, a cuya familia despojaron de 60 mil pesos y una camioneta. Por este caso fue que los capturaron horas más tarde.

Los detenidos no parecen haber conocido con precisión el cargo público de Nieto Martínez. Las investigaciones indican, en todo caso, que actuaban al azar, recorriendo fraccionamientos de clase media para elegir a sus víctimas a partir del vehículo que conducían o el tipo de vivienda que habitaban, así como el tiempo que permanecían sin compañía durante el día.

Antes de consumar el golpe, asechaban al menos un par de días para conocer la rutina de sus víctimas.

Eso fue lo que hicieron para secuestrar a Leonor, a quien sorprendieron al salir de su casa —en un fraccionamiento de clase media— hacia el trabajo, a bordo de su automóvil, en marzo. A media calle, cuenta, le cerraron el paso y de la camioneta descendieron cuatro tipos armados, con los rostros cubiertos, “creí que querían mi carro y yo recuerdo haberme bajado y decirles que tomaran las llaves y se lo llevaran, pero fue cuando me dijeron que se trataba de un secuestro”.

A Leonor le bastaron unos minutos para darse cuenta de que sus secuestradores eran muy jóvenes y habían actuado guiados sólo por la suposición de que ella o su familia tenían dinero para pagar un rescate decoroso. Su automóvil lo había adquirido de la agencia y frente a su casa estaban otros dos vehículos familiares de modelos recientes. “No sabían que los estábamos pagando, que se debían, y tampoco sabían nada de mí: me preguntaban que a qué me dedicaba”, recuerda.

Quizá debido a la ignorancia de sus captores, deduce ahora, es que pudo controlar la situación; al menos nunca cedió a las preguntas y de alguna manera invirtió los papeles: de interrogada pasó a interrogarlos, conociendo así los lugares en los que solían divertirse y el tipo de música y programas televisivos que les gustaban. “Con eso tuve certeza de que no pasaban de los 20 años”, indica.

Jamás se quitaron el pasamontañas ni descuidaron sus armas. Leonor fue recuperando la calma por el diálogo que entabló con ellos. Sin embargo, “no dejaba de pensar que alguien más estaba detrás, alguien más poderoso. Ellos mismos me decían que me habían secuestrado por encargo de alguien pesado, lo que de alguna manera me asustó, aunque carecía de lógica porque yo no tengo dinero”.

Ante el televisor, los plagiarios concentraban su atención en el mensaje en el que el Partido Verde propone pena de muerte para secuestradores. “Qué anuncio tan malo, ¿verdad?”, recuerda que le dijo uno de ellos con desenfado. “Eso me dio idea de la poca seriedad con que se tomaban las cosas”.

No contó las horas, pero su padre le dijo que estuvo ahí 10. Al momento de su liberación, cuando le ordenaron cubrirse el rostro y la sacaron de la vivienda, tuvo la peor crisis de miedo, creyendo que la matarían. “Yo era una mujer segura a pesar de todo lo que sucede en Juárez. No tenía miedo de andar en las calles, de salir a un restaurante o a una fiesta con mis amigos. Yo era de las que me subía a mi carro y pensaba que no me pasaría nada. Mi lema era: ‘Dios protege a los inocentes’, y con esto me di cuenta que estaba en un error”.

 

La violencia machista, más impune

La Subprocuraduría los capturó finalmente, gracias a los datos que proporcionó la agente del Ministerio Público. Tras la detención, la dependencia identificó al presunto líder de la banda como Jesús Eduardo Soto Rodríguez, quien a sus 18 años habría formado parte ya de otra estructura criminal. La investigación oficial arrojó que fue reclutado en 2008 por dos personas cuyos cuerpos decapitados serían recogidos al cabo por la policía la noche del 16 de febrero.

Los verdugos advirtieron en un mensaje escrito que los asesinaron por extorsionar y robar autos.

Investigadores de la Subprocuraduría creen que hay otros grupos con características similares dedicados al secuestro de mujeres.

Previamente al arresto de la banda, el 21 de marzo, la Policía Federal detuvo a dos hombres, de 18 y 19 años, que mantenían cautiva a una mujer de 21. Fue un acto de suerte: sorprendieron al menor de ellos a bordo de la camioneta de su víctima sobre la autopista que conduce a la capital del estado.

Otro grupo de jóvenes armados intentó secuestrar a una mujer la madrugada del 25 de marzo. La siguieron desde que salió de un centro nocturno, interceptándola cuadras adelante, cuando atendía un alto en un semáforo solitario. Uno de los atacantes subió a su vehículo con el rostro cubierto y le apuntó con una pistola. Pudo escapar porque en el trayecto se encontró con una patrulla de policías municipales y militares, y aceleró para impactarse contra una barda de concreto. El secuestrador huyó.

A Gloria la secuestró otra banda, compuesta por cinco hombres y una mujer, a finales de febrero. La sorprendieron cuando cerraba la puerta de su pequeño despacho de contaduría, ubicado en el centro de esta ciudad. Con ella adentro realizaron llamadas cada media hora a casa de su madre, hasta obtener 75 mil pesos de rescate. “Salvo algunas palabras agresivas y un par de codazos a las costillas, no hubo mayor violencia”, menciona.

Su caso no está registrado ante ninguna autoridad. Tomó la decisión de no querellarse por miedo a los servidores públicos corruptos. En diciembre, un amigo suyo que reportó al 066 la presencia de un grupo armado cerca de su negocio fue asesinado a los pocos minutos. Sus familiares, con quienes la víctima logró contacto por teléfono celular mientras lo llevaban sometido, dijeron que el grupo armado lo mató en represalia.

Los sujetos que secuestraron a Gloria no actuaron como profesionales. Ella lo deduce por la ignorancia que demostraron durante las negociaciones; sin embargo, los plagiarios portaban fusiles de asalto y pistolas semiautomáticas, lo cual le bastó para hacerla pensar que quizá tenían relación con agentes policiales corruptos. “Estamos viendo maneras diversas de violencia hacia la mujer, y eso nos está obligando a concentrarnos en lo que pasa”, advierte Marisela Ortiz, de Nuestras Hijas de Regreso a Casa.

“Esta diversificación —que no elimina la fase anterior, sino todo lo contrario: ahora es cuando más se ha incrementado el número de mujeres victimadas y desaparecidas— nos preocupa demasiado, porque vemos que el perfil de riesgo se amplió, igual que el grado de impunidad”, expresa.

 

 



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