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Chile habanero, “excelente para torturar”

YAZMÍN RODRÍGUEZ / CORRESPONSAL| El Universal
Sábado 15 de marzo de 2008
Las autoridades utilizan dos sustancias de este producto para fabricar gas lacrimógeno: la acroleína, que produce ardor en nariz y garganta, y la capsina, que sensibiliza las células de la boca; se usa para controlar motines

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TEBEC, UMÁN, Yuc.— El picante característico del chile habanero no sólo es un condimento básico de la cocina mexicana, también es un “excelente torturador de delincuentes”, de acuerdo al uso que policías y militares le dan para elaborar gases lacrimógenos.

De las múltiples presentaciones y variedades, como salsas, pastas y molido, y de los beneficios vitamínicos y medicinales, esta verdura originaria de Yucatán es reducida por los cuerpos de seguridad a un dispersor de manifestantes y protestas.

“Como quien dice, de la satisfacción del paladar a la tortura”, comenta en entrevista Adalberta Chí Pech, mujer campesina de 51 años, que ya pinta canas, y que junto a su esposo, Felipe Alonso Uc Tutz, produce una hectárea de chile habanero en esta comunidad al sur de Yucatán.

“Entonces, también sirve para la tortura”, repite sonriente la agricultora, al tiempo que habla de las grandes satisfacciones que la cosecha del chile ha dejado a su familia.

Confiesa que sin caer en detalles, ya había escuchado que el habanero “lo usan la policía y los soldados: Es oloroso, tiene vitamina C y otras funciones curativas”, agrega.

Este tipo de chile, reconocido por su sabor y origen, posee una peculiar esencia, que al ser concentrada, se convierte en materia prima para la elaboración de gases lacrimógenos.

Tortura con sabor a chile

En combinación con diversos derivados químicos, por lo menos dos sustancias extraídas del chile habanero se utilizan para elaborar efectivos gases lacrimógenos, que son empleados por corporaciones policiacas para someter a delincuentes, así como disipar y contener manifestaciones y motines.

La acroleína, que al respirarla en cantidades medidas produce ardor en nariz y garganta, y la capsina, que sensibiliza las células receptoras de la boca, son los componentes del chile habanero que se emplean para torturar, según estudios.

El habanero de México, de acuerdo a documentos del farmacéutico Wilbur Scoville, inventor de una fórmula para medir el picor (en 1912), alcanza la calificación más alta con 300 mil unidades en la escala de Scoville. Está por encima del chile de la salsa Tabasco, que tiene entre 30 y 50 mil.

La Secretaría de Seguridad Pública en Yucatán, mediante convenios con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), obtiene cantidades variadas de gases lacrimógenos que mantiene a buen resguardo y que sólo utiliza en casos necesarios y previa evaluación de la situación, comentó el jefe de la Policía, Luis Saidén Ojeda.

Por cuestiones de seguridad, no reveló las cantidades de gas y armamento con el que cuentan. Se limitó a señalar que sólo se utiliza en casos extremos, como amotinamientos y manifestaciones violentas y agregó que este gas permite controlar situaciones, al no ser letal.

Cuando se requiere exportar este producto, es la misma Sedena la encargada de adquirirlo y canalizarlo a las entidades que lo demandan. También bajo su operación, fábricas nacionales distribuyen los artefactos.

En realidad, acota una investigación sobre gases lacrimógenos, el dispositivo elaborado con las sustancias del chile habanero no es propiamente un gas, sino un “tipo de aceite de chile mezclado con otros químicos”.

Esta mezcla permiten su fijación a la piel por corto tiempo; una vez concentrado, se micropulveriza, se hace talco, no gas. Añade el estudio que su efecto lacrimógeno, es sólo una de las reacciones primarias de este polvo.

Habanero, fuente de alimento

Chí Pech relata que en 2007, con el cultivo del chile, les fue de maravilla, pues lograron mandar habanero a Campeche y el DF. Luego de dedicar varias horas a la preparación de la tierra y la siembra del picante, y a pesar de ser la segunda vez que lo cultivan, afirma que les fue “requetebien”.

Ella, su esposo y sus tres hijos mayores de edad, guiados por su vocación evangélica, lograron reunir a más de 25 familias para conformar un grupo, encabezado por mujeres, que siembre, coseche y comercialice el producto a mayor escala.

Dice que cada familia juntó 5 mil pesos para trabajar la tierra y empezar la siembra de temporal. Después, solicitaron al gobierno estatal apoyo para instalar el sistema de riego y garantizar su cosecha.

“La agricultura deja cuando se trabaja bien. En el caso del chile habanero, es hasta un orgullo”, acepta doña Adalberta.



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