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Sobrevivir entre carencias y abusos

Alberto Morales y Roberto Barboza| El Universal
Viernes 02 de noviembre de 2007

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VILLAHERMOSA, Tab.— La ciudad amaneció con el tenue calor del sol que sólo ilusionó a miles, pero la pertinaz lluvia y un cielo completamente gris terminó con la esperanza de salir adelante de una de las peores catástrofes en la historia de Tabasco.

En la colonia Centro, dos metros bajo del agua, los automóviles apenas y se veían. Sus colonos recibieron el día sin comida, sin ropa seca, sin víveres ni agua potable, sin energía eléctrica; las calles lucían vacías, sin transporte público.

En la autopista Villahermosa-Macuspana, parcialmente abierta, la aglomeración de camionetas, tráileres y autobuses “ahogaban” aún más a esta ciudad.

Centenares de habitantes de las colonias Mangas, Las Gaviotas y Coquitos —de las más afectadas— deambulaban en largas filas en busca de un refugio para ponerse a salvo de las aguas del Grijalva.

Sobrevivir era la premisa. Las mujeres cargaban a sus pequeños en brazos; los hombres a sus televisores. Con bolsas negras de plástico, cientos sacaron, dicen, sus pocas pertenencias: una camisa, un shampoo; “mi peine”, comenta Carmela Solís damnificada de la colonia Manga I.

El éxodo tabasqueño y la creciente del río Grijalva se han convirtieron en un siniestro atractivo para viajeros y turistas que no dudan en llevarse a través de sus teléfonos celulares, cámara digitales o de video el recuerdo gráfico de las casas sumergidas en el agua.

La radio y TVT, el canal del gobierno estatal, son los medios de comunicación donde la gente suplica por ayuda y busca a sus familiares perdidos en alguna de las colonias anegadas desde el miércoles.

En ese espacio, Andrés Granier Melo, gobernador de la entidad, advirtió a todos los ciudadanos que “aquel que sea sorprendido robando ¡que se agarren, porque no habrá piedad para ellos!”.

Frente a las lanchas o cayucos que son los únicos medios para navegar entre las corrientes desbordas del Grijalva, los automóviles parecen inservibles. Vale más un tablón amarrado con cuatro bidones para escapar de la temible agua.

Se disparan los precios

La paradoja que viven los tabasqueños es similar a la del “burro del aguador”, “cargados de agua y muertos de sed”, pues carecen de líquido potable tanto en el suministro público como en el servicio de las empresas de agua embotellada donde un garrafón de 20 litros, gracias a los especuladores, llega a costar hasta 60 pesos.

En las tiendas departamentales cientos se arremolina para comprar víveres. “Hay compras de pánico”, afirma Lucrecia Sánchez; sin embargo, otras mujeres como doña Consuelo tratan de conseguir lámparas y baterías para pasar la noche en uno de los albergues. “Pero nomás traigo 100 pesos, no sé si me alcance”, se lamenta la mujer.

Al anochecer, Villahermosa se ahoga en su tragedia. La autopista Villahermosa-Aeropuerto lentamente sucumbe y cuatro de los seis carriles parecen un espejo de agua.



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