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El grillito cantor abre el ropero de su abuelita

Julio Alejandro Quijano| El Universal
Lunes 26 de abril de 2010
La obra musical “¿Y quién es ese señor?” lleva tres años de gira y estrenará una nueva temporada en el Teatro Hipódromo Condesa a partir de la próxima semana

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El niño Francisco Gabilondo Soler se sentaba en las piernas de su abuela doña Emilia Soler y le decía: “Saca el llavero, abuelita, y enséñame tu ropero”. Y Emilia lo hacía: sacaba del mueble la espada del coronel José Antonio Soler Mazo, quien luchó en las tropas del general Primm al lado de Benito Juárez, y le enseñaba el sombrero de guerra y el uniforme militar. Francisco se vestía con esas ropas y al verlo, su abuela le decía: “¡Así mismo era tu abuelo!”.

Esta anécdota se convertiría décadas más tarde en una de las canciones más populares de Cri Cri: “El ropero”. De hecho, muchas de las canciones del “Grillito Cantor” son igual a la infancia de Francisco Gabilondo Soler a la que habría que sumarle una dosis de imaginación y muy buena música.

Hace unos meses se cumplieron 75 años del nacimiento de este personaje (que apareció por primera vez en un programa de radio de la estación XEW el 15 de octubre de 1934 por la tarde) y el próximo fin de semana comenzará en el Teatro Hipódromo una temporada más de la obra musical ¿Y quién es ese señor?, que ya lleva 200 representaciones.

“Ese señor -explica su nieto Oscar Gabilondo- fue un niño que tuvo en su abuela Emilia a su musa mayor. Ella lo sentaba en sus piernas y comenzaba a narrarle montones de cuentos y leyendas que estimulaban la imaginación del nieto y que luego serían los cimientos de muchas de sus canciones y fábulas”.

Y cuando no estaba sentado en las piernas de su abuela, el niño Francisco se pasaba horas viendo el chipi chipi que es característico de la ciudad de Orizaba en Veracruz, lugar donde pasó la mayor parte de su infancia. Y a eso suenan los versos de otra canción de Cri Cri: “¡Llueve, llueve! / ¡llueve, llueve! / Los conejos se divierten / viéndolas correr”.

La historia de su niñez es precisamente la parte central de la historia del musical ¿Y quién es ese señor? que ha estado de gira durante cuatro años. “La gente se acerca a la obra sin imaginar que está a punto de descubrir la verdad detrás de esas canciones que ha cantado toda su vida”, dice Oscar Gabilondo.

Memoria viva

Así se descubre, por ejemplo, que el Negrito Sandía existió y que la Patita fue real, que se llamaba Rosario Patiño y fue un “ángel guardián” para Francisco porque fue la mujer que le consiguió su primer contrato con la XEW y se encargaba de conseguir patrocinadores y pagar las cuentas. Por eso, cuando la canción dice “La Patita va corriendo y buscando en su bolsita centavitos, para darles de comer a sus patitos”, en realidad se refiere al dinero que ella tenía que conseguir para pagar el espacio de la estación de radio y manejar las ganancias familiares. Oscar recuerda: “Y en casa, todos la mencionábamos con cariño como Mamá Patito”. Y eran ellos, los hijos de Cri Cri, quienes le preguntaban, igual que en la canción: “¿Qué me trajiste, mamá, cuac cuac?” El ropero de la abuela todavía existe Y adentro todavía está la misma espada del coronel Soler, además de unas 800 fotografías que componen el archivo de la Fundación Francisco Gabilondo.

Es la casa donde el compositor vivió el último trecho de su vida ubicada en ciudad Satélite. Ahí su nieto Oscar conserva no sólo el ropero sino también el piano blanco donde compuso canciones como “El Chorrito”. Sobre el piano hay una foto de Francisco y en la pared de enfrente, un reloj de péndulo, sin péndulo.

“Es que mi padre se sentaba a componer pero le molestaba que cada 60 minutos se interrumpía a causa del sonido que anunciaba la hora”. La solución fue sencilla: quitarle el péndulo.

El archivo también conserva decenas de cuentos escritos a máquina por Francisco Gabilondo. Oscar describe: “No solamente era un compositor sino que antes de hacer una canción, pasaba por el proceso de escribirla a máquina en un cuento. Por eso sus canciones contienen la narración de una historia y algunas veces también una moraleja”.

En ocasiones, esa moraleja se quedaba sólo en las hojas del cuento. Así sucedió por ejemplo con “La muñeca fea”, aquella melancólica canción de una muñeca de trapo olvidada en el rincón por vieja y deshilachada y que al final recibe una declaración de cariño por parte de la escoba y el recogedor.

A diferencia de la canción, el cuento tiene una moraleja ya que una niña la recoge: “La nueva dueña quería y cuidaba mucho a su muñeca, para que viviera muchos años con ella; y así fue, porque los pobres cuidan infinitamente más sus cosas que los ricos”.

El archivo es inmenso pero hay una fotografía que es la punta de la madeja, el origen a partir del cual se puede explicar a Cri Cri. Es una foto donde se ve a una mujer de gesto serio, vestida de negro y con una mirada que proyecta eso que los antropólogos llaman sabiduría ancestral: es doña Emilia Soler, la abuelita.



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