aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Bohemio y muy inquieto

El Universal
Lunes 21 de mayo de 2007
Fernando Luján reconoce que amaba mucho la actuación... y a las mujeres; fue el consentido de ´La Bandida´

M uy arriba, en el Ajusco, vive Fernando Luján en compañía de su esposa Martha Mariana Castro, quien, como se sabe, también es actriz, y su hijo Franco Paolo, apenas de siete años.

Ahí, lejos del barullo y la contaminación, el actor repasa con EL UNIVERSAL algunos de los pasajes más significativos de sus sesenta y tantos años de vida, entrelazando sus vivencias personales con las experiencias vividas en su calidad de actor.

Fernando, cuyo verdadero apellido es Ciangherotti, que forma parte de una dinastía singular que dio lustre al cine y al teatro mexicano, lleva en sus venas el talento heredado de sus padres como de sus tíos, los hermanos Soler, forjando su carrera artística con libertad creativa y el impulso emocional de su personalidad.

"Mi padre fue un destacado actor argentino, Alejandro Ciangherotti, que se quedó a radicar en México; mi madre, también actriz, Mercedes Soler, fue la más chica de la famosa familia artística. Mi infancia, obviamente, se desarrolló en los teatros."

En Topolobampo, Sinaloa, fue registrado, "pero la luz primera la vi en Bogotá, Colombia, durante una gira teatral de mis padres. No quisieron registrarme allá".

Debido al constante ir y venir de su familia, Fernando y sus hermanos estudiaron en escuelas de diversos lugares, hasta quedarse en el DF.

"Inclusive, algunas temporadas recibíamos clases en los teatros, con maestros particulares", recuerda.

Respirar a diario el ambiente escénico, contagió a Fernando.

"Comencé a actuar muy chavito y me gustaba tanto, que no quería estudiar más. La secundaria la hice a ratos. Mi papá se negó a pagar más escuelas. Nunca pensé dedicarme a otra cosa que no fuera la actuación."

Sus aptitudes histriónicas las enfocó inicialmente ofreciendo funciones con títeres.

"Llegué a tener entre 300 y 400. Me pagaba la gente a cinco centavos la entrada. Me sabía de memoria todas las obras que montaba mi tío Fernando y aparte aprendí el Declamador sin maestro de memoria."

Santo de su devoción

Sus hermanos también se dedicaron a la actuación, en especial Alejandro, el mayor, que murió hace unos años.

"Fue estupendo actor, pero nunca le llenó del todo la profesión. A pesar de ello tenía suerte por su estilo muy ´a lo Soler´. Le caía chamba a cada rato, inclusive ganó el Ariel a Mejor Actor Infantil por El niño y la niebla, a los ocho años. Soy sincero, cuando nos llamaban para una prueba, invariablemente se quedaba él. Me daba coraje, actuar es mi pasión."

En el plano familiar, "convivíamos más con mi mamá y mis tías, pues mi papá trabajaba continuamente. Lo veíamos por la noche o nos llevaban a verlo al trabajo. Era especial, un caballero. Sistemáticamente vestía como dandi".

También recuerda con cariño a su progenitora, quien dejó la actuación para dedicarse a su familia.

"Fue un ser muy lindo, pero una mujer muy aprensiva; era presa del miedo. Sobre todo, sabiendo que yo andaba en la locura total: ´¿Con quién andas?, me han contado esto y me han dicho lo otro´, me decía. Temía que me pasara algo. Su relación con sus hermanos, Andrés y Fernando, era de mucho respeto. Venían los sábados y domingos a vernos. Generalmente se llevaban a Alejandro al futbol y los toros."

-¿Y tú?

-No, a mí no me llevaban porque no era santo de su devoción. A mis tíos nos les caía bien mi papá porque era un poco bohemio y siendo mi mamá la hermanita consentida, no les agradaba que la hiciera sufrir. Sé que mi padres fueron felices, tanto que duraron casados 36 años.

Él tenía un carácter medio déspota, un tanto argentinón, con ellos sobre todo. Como actor no tuvo la suerte merecía. Nunca destacó como primera figura.

A Fernando le afectaba que su padre no tuviera el apoyo de sus tíos, "como don Fernando, que tuvo su programa de televisión. Yo también para ellos era ´muy Ciangherotti´. Esa época fue difícil para mí, sufría mucho, me sentía relegado. El tiempo me hizo ver mejor las cosas."

Una tragedia familiar

Hasta los 16 años vivió con sus padres, pero un día decidió abandonar el hogar. "Me fui a vivir con una actriz chilena llamada Sara Guash, obviamente más grande que yo".

"Provoqué una tragedia familiar. Año y medio estuvimos juntos.

"La dejé, y de inmediato, a los 17 años, me casé pero no con ella sino con Laura, la mamá de Fernando, mi hijo el mayor.

"Era un escuincle baboso. La relación con Sara me había dejado muy mal, lo que necesitaba era una niña tranquila."

Acepta que la actriz chilena lo influenció, "era muy inteligente, poetisa maravillosa, de ideas socialistas".

Laura, su primera esposa "era hija de un maestro universitario. Muy linda, hasta la fecha mantenemos una bonita relación. He tenido otros matrimonios porque he sido bastante inquieto, por lo mismo tengo 10 hijos".

También es abuelo de varios nietos, "mi relación con Mariana ha sido la más estable. Paolo es una adoración, cariñoso y físicamente bello".

"He tenido suerte al contar a mi lado con Mariana, una niña muy linda y valiosa, compaginamos muy bien."

No es que al actor no le haya gustado el nucleo familiar, "pero por el ajetreo de mi vida, hice sufrir mucho a Laurita, mi primera esposa. Padeció porque nuestros hijos Fernando y Laura estaban muy chiquitos y yo llegaba muy noche o de madrugada. Por mi inmadurez, las cosas no cuajaron".

"¿Hasta cuándo maduré?, creo que hasta ahorita", ríe de buena gana.

"Fuera de broma, tal vez entre los 28 y 30 años empecé a calmarme un poco, pero... poquito."

Durante su relación con Sara Guash, tuvo la oportunidad de conocer a Fidel Castro Ruz.

"Fue en la casa de Sara. Castro era extra del cine mexicano pero al mismo tiempo armaba la guerrilla contra el dictador Fulgencio Batista. Estuvo dos o tres veces de visita en la casa. Eran muy amigos y compartían tanto sus ideales, que Sara fue miliciana de Castro al inicio de su movimiento".

"En aquel tiempo, nunca imaginé lo que llegaría a suceder. Les oía hablar de la Revolución, de cuestiones políticas y sociales, pero, como el chavo que era, nunca puse mayor atención. Castro refería sus cuestionamientos con vehemencia, con efervescencia terrible."

El consentido de ´La Bandida´

¿Quién lo diría?, pero Fernando se califica como un tipo solitario, poco amiguero, "pero sí, he tenido grandes amigos íntimos, sobre todo en mi juventud, a raíz de mis 17 años, cuando me casé".

"Regularmente he buscado amistades mayores que yo. Me aburrían los de mi generación. Con ellos frecuentaba mucho a doña Graciela Olmos, la famosa Bandida; me convertí en su consentido.

"Ahí conocí a muchísima gente y pasé innumerables noches de bohemia, muy padres. Caía bien, porque era un niño muy adelantado, inquieto y acelerado. Por un lado, me dejaron bellas experiencias, por otro, problemas desagradables, difíciles de superar, por el tipo de gente que formaba aquel mundo nocturno.

"Fui muy trasnochador y vacilador. Me gustaba la vida bohemia, las mujeres sobre todo."

La charla se acerca a su fin, ha sido amena y sumamente ilustrativa, sobre el hombre de carne y hueso que da vida en la realidad a Fernando Luján, el actor.

Sin rodeos, considera que las etapas más dramáticas en su vida "han sido los divorcios. Las separaciones son como duelos y uno se pregunta, ¿cuántos errores he cometido? También las enfermedades me han transtornado mucho, prácticamente las he padecido todas, pero a todas las he atacado, por fortuna, oportunamente, hasta el cáncer de vejiga, la sinusitis y el taponeo de una arteria. ¿Será que yerba mala, nunca muere?"



Ver más @Univ_espect
comentarios
0