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Rodolfo Neri Vela

Estación Espacial China

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    15 de agosto de 2011

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    Como en todo viaje largo, haremos una corta escala en nuestro recorrido a través del Sistema Solar para reflexionar sobre la continuidad de las actividades espaciales tripuladas en la órbita terrestre, más aun si consideramos que los orbitadores de la NASA ya han sido descontinuados.

    La agencia espacial de China está dándole los últimos toques y revisiones al primer componente que este año marcará el inicio de la construcción modular de su primera estación espacial en órbita alrededor de la Tierra. Se trata del módulo Tiangong-1, de 8.5 toneladas, que me recuerda a aquel primer elemento de la estación espacial Mir, lanzado por los rusos en febrero de 1986, pocos días después de la explosión de la nave Challenger. La estación Mir fue creciendo progresivamente, con estructuras y módulos interconectados que fueron enviados por separado en varios cohetes; al llegar a la estación se acoplaban, en ocasiones con la ayuda de un brazo robótico o manipulador de más o menos un metro de longitud y denominado “Liapa”, que era operado por los cosmonautas que la habitaban. La Guerra Fría aún no terminaba, pero poco después cayó el muro de Berlín, surgió la Perestroika y el consiguiente acercamiento de los estadounidenses con los rusos. Rusia permitió que los Estados Unidos utilizaran la estación Mir para realizar experimentos, compartiendo sus instalaciones presurizadas y Rusia fue invitada a formar parte de la Estación Espacial Internacional, cuyo diseño ya por entonces, estaba muy avanzado y hubo que hacer varias modificaciones.

    Ahora los chinos, después de construir rascacielos que llegan a las nubes, aeropuertos gigantescos y futuristas, trenes bala, puentes kilométricos sobre el mar y tantas otras maravillas tecnológicas, se preparan para ser el tercer país de la Tierra en tener su propia estación espacial nacional en la órbita terrestre y aprovechar el medio ambiente de cero gravedad para realizar experimentos y crear materiales y productos innovadores.

    En tanto, de este lado del océano Pacífico, los orbitadores de la NASA se han convertido en piezas de museo, pero los Estados Unidos ya están construyendo su nueva nave insignia, que muy probablemente esté lista en el año 2013. Se trata de una cápsula bautizada como Orión, que servirá para seguir llevando astronautas a la Estación Espacial Internacional, pero que también podrá ser utilizada para otro tipo de misiones más allá de la órbita terrestre. Por eso precisamente se le llama vehículo multipropósito. Su volumen será equivalente al triple del de una vieja cápsula Apolo, la que llevó a los primeros hombres a la Luna a finales de los legendarios años 60. Será lanzada en la punta de un cohete de nueva generación que también está ya en desarrollo en los Estados Unidos.

    Al mismo tiempo, la NASA ha ayudado con algo de financiamiento a varias compañías privadas para que fabriquen sus propios vehículos espaciales, de modo que no sólo puedan ser eventualmente rentados por la propia agencia para llevar carga y/o astronautas a la Estación Espacial Internacional, sino para comercializar dichas instalaciones. Entre sus clientes potenciales estarían otras empresas privadas (dedicadas a investigar sobre nuevos materiales, productos farmacéuticos, medicina avanzada, etc.), universidades de cualquier punto del planeta, agencias espaciales, particulares millonarios y otros interesados.

    Por su parte, los chinos siguen impresionando al mundo entero, pues también tienen planes para traer rocas lunares a la Tierra y explorar el Sistema Solar. De la misma manera que hace quinientos años, las potencias que colonizarán a otros mundos en los próximos siglos ya se están perfilando con imaginación, perseverancia y disciplina. Les deseamos mucho éxito y ojalá que la humanidad entera pueda progresar también en equidad social y justicia.



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    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


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