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Alfonso Zárate

El hijo del profesor (una apuesta riesgosa)

Alfonso Zárate Flores, Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, GCI. Académico, actor político y analista de los fenómenos del ...

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    09 de junio de 2011

    “En política, todo lo que se puede comprar con dinero es barato”. Proverbio tricolor

    Hay un nombre, Carlos Hank González, que es epítome de los abusos del poder durante los años de la República priísta. Su biografía política comenzó a partir del momento en que Isidro Fabela sustituyó, al frente del Ejecutivo estatal mexiquense, al gobernador Alfredo Zárate Albarrán, asesinado a manos de Fernando Ortiz Rubio en 1942. El fundador del inexistente Grupo Atlacomulco le aportó al joven Hank y a sus sucesores, algunos de los rasgos que habrían de caracterizar a la clase política del Estado de México: el refinamiento, la pulcritud (sólo en lo aparente) y el reclutamiento de prospectos jóvenes; Hank le agregaría otros dos atributos: el uso del poder político para amasar fortunas y la violencia como último argumento cuando la seducción falla.

    El profesor fue casi todo (diputado federal, alcalde de Toluca, gobernador del Estado de México, jefe del Departamento del Distrito Federal y secretario de Estado); era tan convincente como Don Corleone (hacía “ofertas que nadie podía rechazar”) y habría llegado a la Presidencia de no ser porque se lo impidió el artículo 82 de la Constitución.

    Su hijo menor, Jorge Hank Rhon, reúne todos los elementos del rufián, incluido el cinismo: su gusto por negocios “calientes”, sus 19 hijos (reconocidos) con cinco diferentes mujeres, sus relaciones peligrosas…

    Es el junior que está convencido de que todo se puede y todo se vale. Ni siquiera fue incriminado por el asesinato de Héctor El Gato Félix, codirector del semanario Zeta, cometido por Antonio Vera Palestina, su jefe de escoltas, quien purga una condena como asesino material, pero se ha reservado el nombre de quien le ordenó la ejecución. El dueño de casas de juego se convirtió en presidente municipal. Cuando compitió por la alcaldía de Tijuana, declaró tener una fortuna de “500 o 600 millones de dólares”, pero actualmente supera los mil millones de dólares.

    Dolia Estévez publicó, el 31 de mayo de 1999, un adelanto de una investigación del Centro Nacional de Inteligencia sobre drogas intitulada “Tigre blanco” en la que se afirmaba que la familia Hank ayudaba a importantes narcos a lavar dinero. Según el documento, Jorge Hank Rhon era, de todos los miembros de esa familia, quien llevaba una vida criminal más abierta.

    Los argumentos para su detención por militares resultan poco escrupulosos desde el punto de vista jurídico, incluso burdos. Tal vez por ello su aprehensión ha sido leída como un golpe político contra Enrique Peña Nieto y Eruviel Ávila. Pero es preciso revisar el escenario.

    En el Estado de México, la ventaja de Eruviel Ávila es casi irremontable y va a resultar muy difícil conectar un hecho con el otro. Sin embargo, Luis Videgaray, presidente del partidazo mexiquense, se ha apresurado a aclarar que no hay un solo peso de Hank Rhon en la campaña de Eruviel, pero ¿qué tal si resulta que hubo dinero ilícito de origen hankiano en la campaña de Peña Nieto de hace seis años, o si logran identificar un nexo comprometedor entre ambos? Roberto Zamarripa (Reforma, 6 de junio) refiere que Jorge Hank intercambiaba agentes y funcionarios policiacos de Toluca a Tijuana; tal es el caso, afirma, de Ernesto Santillana, quien fuera secretario de Seguridad Pública del gobierno municipal de Tijuana, y después de las denuncias contra varios de sus agentes asociados al secuestro y lavado de dinero, fueron regresados al Estado de México, y Santillana reincorporado en un alto cargo de la procuraduría mexiquense.

    Quizás la aprehensión de Hank tenga que ver también con la decisión de frenar sus aspiraciones de repetir como candidato a la gubernatura de Baja California en 2013.

    Lo que sigue para la PGR es acreditar las presuntas responsabilidades de Jorge Hank, porque si el asunto se frustra, si resulta una “llamarada de petate”, los priístas se inmunizarán. Existe otro riesgo: que se desate la guerra sucia y que los priístas decidan responder golpe por golpe. Sería una apuesta riesgosa que pondría en alerta a toda la clase gobernante. El PAN tiene al gobierno federal y sus instrumentos, pero los priístas no están mancos; tienen un enorme poder político en el Congreso de la Unión, aliados muy poderosos, operadores rudos y el sartén por el mango en 19 entidades federativas.

    Por el bien del proceso electoral en ciernes y del país, más valdría que todo sea asunto de tribunales.

    Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario



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