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Guillermo Osorno

La Cleopatra de la tolerancia

GUILLERMO OSORNO estudió periodismo en la Universidad de Columbia. Fue reportero de investigaciones especiales en el periódico Reforma y edit ...

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    17 de mayo de 2011

    Hoy, día contra la homofobia, quiero recordar a Xóchitl, un personaje fabuloso de la ciudad de México.

    En 1976, la revista Sucesos del productor de cine Gustavo Alatriste, publicó una larga entrevista con Xóchitl. Una imagen suya era la portada. Mostraba a un travesti maquillado a la moda de los setenta, con un peinado alto, vestido lujoso, la cara morena, redonda, con una expresión muy seria.

    A la pregunta, ¿quién es Xóchitl?, él contestó que era una persona común y corriente que con el paso de los años de dedicarse a ayudar a los homosexuales su nombre había ido creciendo hasta convertirse en un personaje famoso. Xóchitl dijo que los había ayudado a “despojarse de sus miedos, a ser más desinhibidos, a ser más libres, a no sentirse culpables como me sentí yo”.

    Sin embargo, no era un provocador. Sus fiestas, a la que asistían travestis, homosexuales, políticos e intelectuales y demás fauna urbana, eran famosas, pero se mantenían en un marco de decencia. “Es cierto que la mayoría de los homosexuales van vestidos de mujer y con trajes muy ostentosos, pero trato siempre que lo hagan con orden y en privado; nada de andar luciéndose en público”.

    ¿Quién era este hombre que, siendo travesti, no escandalizaba a una sociedad tan conservadora, en una ciudad donde lo común era que la policía hiciera razias en los bares gay además de extorsionar a los homosexuales en la calle?

    Era, sobre todo, un hipócrita delicioso.

    Gustavo Xochilteotzin había nacido en Tacámbaro en los años treinta. Su familia era de origen humilde y su infancia había sido un infierno porque era un niño afeminado. Llegó a la ciudad de México en 1956. Se sabe que vendía fijador para el pelo en los baños públicos. Fue asiduo de uno de los primeros bares gay de la ciudad, Los Eloínes así como de El Eco. También se vestía de mujer. Cuenta que se coronó por primera vez reina en un concurso de belleza travesti en 1960. Años después, tomó un trabajo con el diseñador Gene Matouk, como mensajero. Allí conoció a una proxeneta que se llamaba la Chami-chami, que se mandaba hacer vestidos con Matouk. Xóchitl le pidió trabajo como mesero de sus casas de citas. Allí aprendió el oficio.

    Luego se independizó, consiguiendo una casa propia en la calle de Marsella. Poco tiempo después adquirió un pent-house en la colonia Tabacalera, a un lado del monumento a la revolución, y luego un edificio entero en la calle Bahía de Todos lo Santos, donde expandió el negocio y hacía fiestas memorables. No sabemos si explotaba horriblemente a las mujeres con las que trabajaba. Muchas de ellas decidieron guardar silencio, porque luego se convirtieron en estrellas del cine o la música nacional.

    En agosto de 1974, Xóchitl hizo su gran entrada en la alta sociedad. Fue una fiesta para reinaugurar el Salón Los Candiles del famoso Hotel del Prado. El tema de la noche era Nostalgia de Hollywood.

    Según la crónica de Carlos Monsiváis, el punto culminante de la fiesta lo marcó la aparición de Xóchitl que, vestida como Cleopatra, era conducida por el salón en un palanquín cargado por esclavos. “Cleopatra-Xóchitl da la orden y el palanquín desciende y la reina del Nilo, toda en dorado […], incorpora humildemente con asentimientos de cabeza los bravos y ovaciones que elevan al rango de Emoción de la Noche la tolerancia divertida de las minorías sexuales”.

    No sólo Xóchitl tenía un prostíbulo donde se atendían algunos políticos y empresarios del momento, no sólo organizaba también fiestas en general para el lucimiento personal y de sus amigas, sino que también se autoproclamó en el símbolo de los homosexuales en México. Ah, pero como eran los tiempos del PRI, su liderazgo era, en cierta medida, charro, una forma de control.

    Años después, los verdaderos pioneros del movimiento homosexual en México, los miembros del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, que salieron por primera vez a marchar a las calles en 1978, le reclamaron a Xóchitl su falta de solidaridad en una entrevista para uno de los órganos de FRAH. Xóchitl dijo que sí había estado presente, pero como Gustavo. “Te voy a decir algo que quizás ustedes nunca supieron”, añadió, “el gobierno estuvo a punto de acabarlos a todos. Yo tuve problemas con el profesor Hank [Carlos Hank González, entonces regente de la ciudad] a consecuencia de sus manifestaciones”. Xóchitl sugiere que gracias a ella el gobierno no los aplastó. Quién sabe si fue cierto.

    Xóchitl tuvo un accidente en los años ochenta, que la dejó afectada, y luego sufrió de gota. Algo que le pesaba mucho porque no se podía poner tacones. Murió siendo la reina de reinas de México.

     



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