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Editorial EL UNIVERSAL

Exigencias para frenar el crimen

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    09 de mayo de 2011

    Ayer culminó en la ciudad de México la Marcha por la Paz a la que convocaron, entre otros, el poeta Javier Sicilia y otros personajes de la sociedad civil organizada, para lanzar un “Ya basta” a los criminales, al gobierno federal y a los partidos políticos por la espiral de violencia que en los últimos cinco años ha dejado más de 35 mil muertos y un clima de inseguridad permanente. Tal demanda no puede ser desatendida.

    La marcha de ayer se planteó silenciosa para propiciar la reflexión. El gobierno federal tiene mucho qué hacer, la criminalidad debe asumir sus culpas, pero los partidos políticos deben responder a la exigencia de ayer de limpiar sus filas de nexos criminales.

    Esta no fue una marcha de una ideología contra un gobierno, sino en demanda de una solución integral que involucre al Estado en su conjunto. Por eso también la sociedad civil ha de superar demandas simplistas como pactar con los delincuentes o retirar —sin otras medidas— al Ejército de las calles.

    Se pidió al gobierno federal revisar las aristas más cuestionadas de su estrategia, pues su responsabilidad primera es garantizar la seguridad de los ciudadanos y hacerlo con respeto a los derechos humanos. Una solicitud pertinente que no implica la renuncia a combatir a los delincuentes.

    Por lo que a la sociedad respecta, no es su responsabilidad diseñar estrategias policiales o planear políticas públicas que restablezcan el tejido social, pero sí rechazar la convivencia con la criminalidad. Hacerse de “la vista gorda” frente a fenómenos delincuenciales es otorgarles carta de naturalización entre nosotros.

    Si avalamos a los criminales y dejamos que nos impongan sus valores y su subcultura, más difícil será erradicarlos cuando se adueñen del espacio público.

    Las cámaras empresariales y patronales pueden, entre otras cosas, endurecer sus controles en las ventas de cuantía que se hacen en efectivo y en circunstancias a todas luces sospechosas. Además, el empresariado no puede ser omiso cuando criminales intentan acceder a los círculos sociales de sus familias e hijos.

    Las iglesias tienen en esta lucha una pastoral de enorme importancia, al rechazar los nexos con la delincuencia —sin que valgan atenuantes morales o de conveniencia económica— y mandar de manera insistente el mensaje a su feligresía de los riesgos de avalar, por miedo, omisión o complicidad, a quienes el día de mañana se volverán sus verdugos.

    El ejercicio ciudadano de ayer nos debe mover a todos: a gobiernos y partidos a admitir errores para así enmendarlos; a los medios, a informar con ética y responsabilidad; a los empresarios, a vigilar su entorno, y a la ciudadanía a presionar a las autoridades a cumplir, pero también a dar la espalda a los criminales.



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