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Élmer Mendoza

Rogelio Guedea

Elmer Mendoza. Escritor, Culiacán, Sinaloa. Estudió Letras Hispánica (UNAM). Imparte literatura, creación literaria, programas y conferenc ...

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    31 de marzo de 2011

    Me siento contento de compartir Cruce de vías, el provocador volumen de minificciones de Rogelio Guedea, publicado en 2010, por la editorial independiente menoscuarto, de Palencia, España. Animado en serio. Ayer en la tarde, caminábamos Martín Solares y yo por el jardín de Luxemburgo, en París, con algo de frío. Enfundado en un pans azul vimos trotar a Rubem Fonseca y a Santiago Roncagliolo en una banca leyendo muy concentrado. Hey Mandrake, llamé la atención de mi maestro pero no me hizo caso; nos detuvimos frente a Santiago y ni levantó la cabeza para saludarnos. Martín y yo nos miramos desconcertados. Al salir del jardín rumbo al café donde nos esperaba Florence Olivier, lo vi sonreír, Qué onda. Apresuradamente se dirigió a un hombre de unos 80 años que ni se molestó en echarle una ojeada. Solares de atrevido fue y se le puso enfrente, y cuando el anciano lo evitó con actitud agresiva y siguió de largo, lo olisqueó; de pronto, se paralizó, a escasos metros de él, Rita Guerrero conversaba tranquilamente con Carlos Monsiváis y Roberto Bolaño; sonreían. Sólo entonces volvió conmigo jubiloso. ¿Estás bien? Mejor que nunca, ¿sabes? Pienso que toda la gente buena que muere viene a París, ese señor era mi tío favorito, muerto en enero pasado, y a los demás los conoces. Pero Santiago y Rubem están vivos. Ellos vendrán, también estarán aquí a su debido tiempo. Órale. Luego en silencio nos dirigimos a nuestra cita.

    Hay cuentos breves que divierten, otros que sorprenden por su ingenio, como los del maestro Monterroso, o la claridad pedagógica de los chinos; sin embargo, existen otros que son auténticas reflexiones en que conviene detenerse y practicar la lectura tántrica, esa en que el esperado placer está en la lentitud y el tiempo que se le dedica. Cada uno de los textos de Guedea es una puerta hacia un universo al que sólo se accede meditando, y los temas son múltiples; desde luego hay mucho sobre mujeres, sobre los hijos, los recuerdos y sobre esa puerta sin picaporte donde se es o no se es. Esta vez el fantasma de Hamlet es el que cruza el puente y nos señala que la búsqueda de sí mismo también es infinita.

    Rogelio Guedea, nacido en Colima, México, en 1974, es un virtuoso de la prosa breve. No rehúye el misterio ni practica posturas metafísicas a ultranza. Es un autor que escribe sobre lo que posee, piensa o ve, que quiere compartir detalles de la vida que igual son a favor o en contra. Es un viajero sin dolor pero las estancias lo laceran un poco. Sus minificciones cabalgan entre la fantasía, la verdad, la lucha y cualquier variedad de territorios sin nombre que pueden encontrarse traspasando la sombra; en cada texto, hay un autor que es padre, maestro, poeta, utopista y compañero, que timonea suavemente, aun con mar borrascoso. Un escritor que se corta constantemente los dedos.

    La portada y el diseño de Cruce de vías son una manifestación precisa de lo que están poniendo a nuestro alcance: Un libro fino y palpitante, lleno de guiños suecos, de frases categóricas como: “La muerte… una perra que no respeta amo y que muerde toda mano, incluida aquella que le da de comer”, “las cosas que hace el hombre se parecen al hombre”, o esta joya del barroco: “En la vida, apenas nacer, todo está perdido para siempre”. O la flor de la esperanza: “Nunca nada en la vida está perdido definitivamente”. La parte de nosotros que está en libros como este, indica que la vida no está en otra parte, sino en el devenir constante de nuestra cotidianidad.

    Se erigen algunos homenajes, sobre todo a esa mujer que no permite ser soñada y mucho menos encasillada o eliminada; pero también a Kafka, Walter Banjamin, Samuel Butler, Quevedo, Juan Gelman, Juan José Millás, Valle Inclán y otros que pasan por la fiesta que es este volumen de 92 páginas, lleno de veredas que los incitarán a tener claro que “el destino del hombre es igual al de los aviones”. “Género proteico…”, denomina Lauro Zavala a las minificciones, “…ubicuo y sugerente, que a la vez se encuentra en los márgenes y en el centro de la escritura contemporánea”.

    ¿Qué tanto debe un hombre ser duro consigo mismo?, ¿cuál es su verdadero lugar en el mundo?, ¿cuál es su secreto para escoger zapatos? Rogelio teje puentes colgantes de pertenencia que sólo sus lectores terminarán de construir, en la medida que descubran que hay instantes en la vida en que un hombre es todos los hombres. Y si son buenos, será un placer encontrarlos navegando el Sena, o instalados en el Old Navy café platicando con Cortázar. Que lo disfruten.

     



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