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Jean Meyer

Con la “p” en la frente

Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne.

Es profesor ...

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    27 de marzo de 2011

    Así los veo a todos, por una razón u otra, todos con la “p” en la frente, sea porque nos dejamos, sea porque hacemos, sea porque no hacemos y dejamos hacer. Voy por puntos. Primero, regreso de un viaje al centro del país y, como siempre en esta época del año, voy acompañado, a lo largo de 500 o 700 kilómetros, por los incendios provocados por los que deben limpiar a los lados las carreteras y les da flojera, por los agricultores que siguen creyendo que el fuego abona la tierra, por los pastores y otros campesinos, cuando no son especuladores, que abominan del bosque y aprovechan la sequía de la temporada para incendiarlo. Además de provocar considerables emisiones de CO2 que contribuyen al recalentamiento del planeta, destruyen un capital difícilmente renovable bajo nuestras latitudes tropicales.

    Segundo, en el mismo viaje pude averiguar las profecías más pesimistas en cuanto a nuestro futuro agrícola: siguen cementando a gran velocidad todos y cada uno de nuestros valles, desde lo poco que queda de los valles de México y Toluca hasta los de Morelia y Zamora, a lo largo de todo el Bajío. En un país que tiene solamente 10% de tierras de labor, nos damos el lujo de cubrir con una losa de concreto este 10%, en lugar de construir sobre el 90% restante. Con el mismo resultado que en mi punto primero: recalentamiento del planeta, destrucción del medio ambiente.

    Tercero, menciono rápidamente la omnipresencia de una basura invasora, a lo largo de nuestros caminos, en el campo y en la ciudad, así como el color tenebroso y el olor mefítico de nuestros pobres riachuelos y lagunitas. Hermosa contribución a los dos primeros puntos.

    Cuarto, nuestra gente se dedica con furia a aniquilar todo lo que nada, repta, camina y vuela, y no por hambre, conste.

    Mi viaje coincidió con los acontecimientos de Japón y Libia y me quedo admirado del tratamiento dado por todos los medios de comunicación, internacionales como nacionales, a lo que pasa en el mundo. Hace tiempo que es así, pero me llamó la atención como nunca. Todo es ruido y furor, lo que hace más ruido saca el resto, por más ruidoso que haya sido éste. De modo que no hay seguimiento, ni profundidad, ni reflexión, así que la información no lleva a ninguna consecuencia.

    Acuérdense: Túnez fue primera plana unos días, luego El Cairo tomó el relevo, hasta que Libia robó cámara. Ahí tienes que de repente el terremoto en Japón, mejor dicho el terrible tsunami que lo acompañó, desbanca a Gaddafi y a sus rivales. Pero, antes de que hayamos pensado en alguna forma de solidaridad con los infelices japoneses, nos espantan, apantallan, ensordecen con el desastre nuclear de Fukushima I. Unos días nada más, porque cuando no ocurre la esperada y cataclísmica explosión nuclear, y la espera se vuelve aburrida, cuando todos los extranjeros, empezando por los reporteros, abandonan un Japón dizque demasiado peligroso, felizmente, el Consejo de Seguridad de la ONU vota, a 10 contra 5 abstenciones, el cierre del espacio aéreo libio. Y, providencialmente, empiezan de inmediato franceses, ingleses y norteamericanos a bombardear Libia, en principio únicamente las fuerzas armadas de Gaddafi, algo que desborda evidentemente la resolución votada por el Consejo de Seguridad, pero que permite hermosas fotos de explosiones, de vehículos en llamas y de edificios destruidos.

    Pero no me pregunten qué pasa en Túnez y El Cairo, ni cómo evoluciona la situación en Japón, qué necesitan los japoneses y por qué no bombardeamos a Corea del Norte con su dinastía de tiranos o a los militares infumables que oprimen a Myanmar, la antigua Birmania.

    Así como nos dejamos llevar por la nariz, corriendo detrás de la noticia, nos dejamos contagiar por el pánico que nos inspiran aquellos manipuladores (ellos también son manipulados manipulando, por ellos mismos y se la creen). Acuérdense, hace dos años, de la famosa pandemia mundial de H1N1 ¡que iba a diezmar la humanidad! Le costó bastante caro a México y a los mexicanos.

    Estimado lector, querida lectora, me acompañaste hasta este punto. Pero ahora que voy a denunciar la falsedad del mito de la catástrofe que nos amenaza, si recurrimos a la energía nuclear para ayudar poderosamente a no recalentar más el planeta, lo más probable es que me vas a abandonar. Y sin embargo… Empezaremos con un cuadro científico, el más reciente, establecido por la Organización Mundial de la Salud.

    [email protected]

    Investigador del CIDE



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