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Jorge Chabat

¿Estábamos mejor contra el PRI?

Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde tam ...

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    14 de marzo de 2011

    Después del fin del régimen de Francisco Franco, en España una broma popular era decir que se estaba mejor “contra Franco”. La ironía sugería que había un sector de la oposición al franquismo que simplemente no se acostumbraba a las nuevas reglas de la democracia y que al final lo mejor que sabían hacer, después de 36 años de franquismo, era ser oposición. Eso sí les salía bien. Todo su discurso estaba diseñado para ser oposición y denunciar a una dictadura que era muy criticable. Sin embargo, con la llegada de un régimen democrático, la vida era más complicada. Había que inventarse un nuevo discurso. Había incluso que aprender a gobernar. En fin, tal parecía que había sectores de la sociedad que no “se hallaban” dentro de un régimen democrático.

    Algo similar parece haber pasado en México con la transición que se inició en el año 2000 con la salida del PRI de la Presidencia. El PAN, diseñado y forjado en la lucha contra el autoritarismo priísta, como que no “se halla” en esto de ser gobierno. Su discurso sigue atrapado todavía en buena medida en el pasado, al igual que el discurso de las fuerzas políticas de izquierda, las cuales, en un afán de no perder su identidad, han buscado equiparar al PAN con el viejo PRI y decir que son parte de la misma “mafia”. Eso les permite repetir la misma retórica con la que han vivido en las últimas décadas. Lo mismo ocurre con alguna parte de la prensa que surgió en las épocas más duras de la dictadura priísta. Su éxito residía en denunciar el autoritarismo, la censura, la represión, la corrupción. Y al parecer ésas siguen siendo sus coordenadas. Incluso llama la atención de que en el caso de la suspensión provisional de la exhibición del documental Presunto culpable haya sectores que todavía vean esta medida, tomada por un miembro del Poder Judicial, como un acto de censura ordenado desde los sótanos del poder federal.

    En este sentido, el PRI ha entendido muy bien que existe una parte de la sociedad que, de alguna forma, ya le había encontrado el modo a las reglas del autoritarismo y apela a ese sentimiento. Por eso su campaña explícita e implícita, se basa en el dicho de que “nosotros sí sabemos gobernar”, “nosotros sí controlábamos al narco”, aunque al final éste se haya salido de control; “nosotros sí generábamos empleos”, aunque al final éstos no eran sostenibles. En fin, el PRI apela a las viejas reglas del pasado en las cuales una parte de la población sabía cómo moverse.

    Las razones del fracaso en la transición cultural hacia la democracia son varias. Por un lado, es evidente que el PAN no pudo formar cuadros con habilidad para conducir la transición democrática ni ha podido desmontar los incentivos perversos que, hoy por hoy, siguen haciendo más rentable comportarse con las reglas del viejo sistema que con las reglas democráticas. Por otro lado, la izquierda tampoco ha podido entrar bien a bien en un discurso democrático. Sigue pensando que su enemigo es la “derecha” y no las formas autoritarias de ejercer el poder. En ese sentido, la transición democrática no ha logrado mover los ejes de la discusión política: éstos siguen siendo izquierda vs. derecha, mexicano vs. extranjero, Estado vs. iniciativa privada, Iglesia vs. Estado, pobres vs. ricos. En fin, siguen los viejos parámetros establecidos por la Revolución Mexicana. Paradójicamente, aunque el Estado es reivindicado por buena parte de la izquierda como la opción frente a la iniciativa privada, cuando el gobierno hace uso de su legítimo derecho a ejercer la fuerza pública, éste es calificado como “represión” por amplios sectores de la sociedad. Otra herencia más de la cultura autoritaria. Estamos pues, en el peor de los mundos: se tiene un Estado que no acaba de transitar hacia la democracia, pero se extrañan las viejas reglas, con las cuales una buena parte de la sociedad se sentía más cómoda.

    Después de dos sexenios de alternancia, el regreso del PRI comienza a parecer posible, en parte sin duda por los errores del PAN, y en buena parte también porque la sociedad mexicana no “se halla” con esto de la democracia. Vaya paradoja. A pesar de que en principio va en contra de sus intereses, da la impresión que, al final, un regreso a las épocas doradas del autoritarismo priísta hará que el PAN y la izquierda superen la crisis de identidad en la que están metidos y que buena parte de la prensa crítica regrese a sus épocas de bonanza.

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    Analista político e investigador del CIDE



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