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Gerardo Unzueta

La clave del nuevo sistema judicial

Analista político, periodista, escritor. Ha sido miembro de los partidos Comunista Mexicano, Socialista Unificado de México y de la Revoluci ...

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    12 de marzo de 2011

    Con entusiasmo acudí el 27 de febrero al Centro de las Artes, en uno de cuyos cines apenas se había estrenado Presunto culpable. Toda persona que me conozca o haya seguido mis escritos, se lo explicará: el tema de la justicia en México siempre ha estado presente tanto en mi labor periodística como en mi actividad política.

    Por cuanto a mi labor periodística, me enorgullece una paráfrasis del capítulo VII de La Isla de los Pingüinos, de Anatole France, en la cual abordo la magistral ironía del escritor sobre un histórico proceso del capitán Alfredo Dreyfus, personaje al que la justicia militar francesa condenó dos veces a 20 años de prisión por un delito que no cometió y cuya inocencia finalmente fue reconocida. La segunda se concretó en la elaboración del capítulo político de la defensa de los presos partidistas y estudiantiles de los días 26 y 27 de julio de 1968, jornadas iniciales del movimiento.

    Supe de la película por una entrevista de Carmen Aristegui con los autores, Layda Negrete y Roberto Hernández, en la que se describió la excarcelación —“por dudas razonables”— del joven José Antonio Zúñiga, tras un encarcelamiento de más de dos años. Ya en el salón cinematográfico me identifiqué plenamente con cada uno de los pasos del presunto culpable: los conocía por haberlos vivido más de una vez bajo la sevicia de los agentes del Ministerio Público, los policías, los secretarios y... ¡los jueces!

    La angustia, muy legítima en quien tras los muros de la prisión —aquella era el Palacio Negro, un reclusorio— se transmite al espectador, pues el preso se sabe inerme frente a quienes lucen su prepotencia y lo hacen pagar su corrupción y hasta la impunidad propia de ellos. Nosotros no tuvimos a Layda y a Roberto, sí, en cambio, el anhelo democrático de nuestros compañeros de partido y los luchadores en la escuela o en una organización. Mas la angustia en el preso que se sabe inocente se produce sobre todo en los días de visita; es cuando las esposas llegan con miedo de que el policía ponga un bulto sobre la mesa y diga: “Aquí está su ropa señora, pase a identificarlo...”

    El asunto se ha convertido en cuestión de opinión pública. Está a discusión si Presunto culpable —premiado en varios certámenes internacionales— ha de continuar exhibiéndose o no, si es facultad de la jueza Blanca Lobo suspender la presentación, distribución y publicidad del documental. Sobre el proceso mismo, la sentencia (también a 20 años de prisión como en el caso Dreyfus) y la decisión de la jueza, así como de los actos jurídicos posteriores hasta la revocación de la orden de suspensión, etcétera. Se han producido numerosas intervenciones de articulistas e incluso personajes políticos.

    Sin desestimar otras expresiones, me quedo con tres, para mí convincentes e ilustrativas: la de Juan Villoro (Reforma, 04/03/2011), “Entender el horror es ya una manera de combatirlo. Presunto culpable se inscribe en esa tarea de sanación social... Si la supresión tiene efecto, el sistema judicial provocará más desconfianza de la que provoca en la película... Contar la historia de Zúñiga sirvió para liberarlo. Ahora la película regresa al sitio del que rescató a su protagonista: los tribunales”.

    La de José Antonio Crespo (EL UNIVERSAL, 08/03/2011), “Así 92% de las sentencias no se basan en evidencia física y 95% son condenatorias, lo que se explica por la presunción de culpabilidad que prevalece en México, cuyos sistemas judicial, ministerial y penitenciario parecen más del Virreinato que del siglo XXI. Habría que tirarlos a la basura por completo e iniciar otros desde cero, pues su putrefacción e inoperancia llegan a la médula y ninguna reforma aislada podrá modificarlos de fondo”.

    Y la de Miguel Ángel Granados Chapa (Reforma, 11/03/2011): “El juicio de garantías solicitado por Víctor Manuel Reyes Bravo... puso en el centro de la opinión pública el funcionamiento de la justicia penal del fuero común, el de la justicia de amparo y de las posibilidades de la censura... Partamos de reconocer que en esta materia se han producido avances, pues salimos de un régimen legal propio de una sociedad cerrada, susceptible de padecer el padrastrismo gubernamental cuidadoso de la virtud de los gobernados, a uno más respetuoso de la mentalidad de los ciudadanos. Pero todavía persiste el dirigismo estatal en esta materia”.

    Como es evidente, mi coincidencia con los tres escritores es plena. Nuestro país requiere una transformación profunda del sistema judicial en todos sus aspectos. Las limitaciones de espacio, por desgracia, me han impedido recoger con amplitud esas valiosas opiniones, así como referirme otras de utilidad indudable.

    Por cuanto a doña Blanca, la jueza, presidió una audiencia constitucional en la que escuchó alegatos y determinó posponer para mañana su decisión de perseverar o no en su orden de suspender Presunto culpable, aunque como ya quedó establecido, la opinión que expresaron centenares de miles de personas que acudieron a las salas cinematográficas en tres semanas, es conquistar el cambio radical del sistema jurídico vigente como ocurrió en el ejemplo clásico de Dreyfus en Francia, magistralmente ironizado por Anatole France, así como en El Tribunal de los Pingüinos, mi paráfrasis.

    O sea: la clave, la llave, el instrumento para la apertura, del nuevo sistema judicial, son esas decenas de miles.

    Analista político



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