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Miguel Alemán V.

UNAM, cien años del alma máter de México

Nació en Veracruz el 18 de marzo de 1932. Egresado de la UNAM, es licenciado en Derecho.

Fue Coordinador General d ...

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    22 de septiembre de 2010

    El 22 de septiembre de 1910, en el Antiguo Colegio de San Idelfonso fue fundada la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue inaugurada por Justo Sierra durante el mandato de Porfirio Díaz. Esta institución es heredera de la Real y Pontificia Universidad de México, primera universidad del Nuevo Mundo. En 1929 obtiene su autonomía siendo presidente Emilio Portes Gil.

    Como egresado de la UNAM, celebro los cien años de vida de mi Alma Mater, de ese centro del conocimiento científico y humanístico del que han egresado los profesionistas que han construido nuestro país; los presidentes, intelectuales, empresarios, artistas, comunicadores y científicos que realizaron las mayores transformaciones institucionales en el México del siglo XX.

    En 1921, José Vasconcelos creó el lema, “Por mi raza hablará el espíritu”, que sintetizan su visión de “La raza cósmica” creada por dos culturas. Ello dio a la Universidad su carácter de apertura y de lugar donde convergen diferentes corrientes de ideas.

    La UNAM ha sido el centro donde se inspiraron las grandes transformaciones ideológicas, políticas, económicas y sociales del México del siglo XX, en donde se nutrieron y difundieron las ideas de la Revolución Mexicana.

    El presidente Miguel Alemán Valdés —quien creía que la educación tenía que ser laica, gratuita y de acceso universal— emprendió la construcción de Ciudad Universitaria. En un trabajo de equipo dirigido por el arquitecto Carlos Lazo se consumó la magna obra en 1952, siendo rector Luis Garrido Díaz.

    Arquitectos, ingenieros, y artistas plásticos participaron en la construcción de lo que no sólo llegaría a ser una institución de educación superior de excelencia sino de lo que en 2007 fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

    Grandes muralistas como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, entre otros, plasmaron en Ciudad Universitaria un acontecer histórico orientado a la justicia social y a la preeminencia de un sistema democrático y equitativo.

    La UNAM hoy fortalece el conocimiento de las ciencias, las humanidades y las artes con un sentido profundamente humanista, que busca encontrar soluciones a los grandes problemas de nuestro país.

    El desafortunado suceso de lanzar una piedra al presidente Luis Echeverría durante una visita a la UNAM, inició un periodo de enfrentamiento y rechazo a la presencia de mandatarios en nuestra Máxima Casa de Estudios. Ese hecho lejano y a todas luces manipulado, no debe de seguir siendo obstáculo para que el Presidente de México y todos los funcionarios públicos federales, estatales y municipales, así como legisladores y dirigentes de todos los partidos políticos sean recibidos con las puertas abiertas en nuestra Universidad para impulsar un diálogo respetuoso, analítico y profundo del verdadero país que queremos construir. La “ley de la pedrada anónima” no debe seguir vigente, es una sinrazón.

    Hoy más que nunca los mandatarios deben acudir a la UNAM para replantear el nuevo Estado mexicano que deseamos y que necesitamos. La política y la academia se debilitan cuando se alejan entre sí, pues una nutre constantemente a la otra en sus objetivos y alcances.

    La UNAM no es, no ha sido y no será un refugio de quienes promueven la ilegalidad o el retroceso. Todos estamos orgullosos de los avances a favor de la investigación científica, del compromiso social y del resguardo a nuestra cultura que la Universidad desempeña.

    Son muchas las etapas en las que he estado cerca de la UNAM; la principal fue la de estudiante —la que más valoro—; la más reciente, la de presidente del Patronato de la Construcción del Museo de Arte Contemporáneo. Todas ellas las atesoro con cariño y orgullo.

    Ser universitario es ser profundamente mexicano, intolerante ante la injusticia e insatisfecho ante un país que no ha logrado resolver las grandes contradicciones sociales, económicas y políticas.

    México necesita, más que nunca, invertir y apoyar a la UNAM para que esas mentes diáfanas y visionarias no claudiquen en la construcción de una nueva y mejor etapa de la nación.

    Cien años en la formación de profesionistas, cien años de educación científica y humanista, cien años de abrir horizontes a la juventud y cien años para alcanzar el prestigio del que goza a nivel internacional la UNAM son dignos de ser festejados por todos los mexicanos.

    Rúbrica: “Veracruz, pedacito de patria que sabe sufrir y cantar…” Todos podemos ayudar. Ante el doble embate de la naturaleza, orgulloso y erguido saldrá el pueblo veracruzano.

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    Político, escritor y periodista



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