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Macario Schettino

Periodismo y delincuencia

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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    06 de agosto de 2010

    Se publicó ayer, en estas páginas, un artículo de Javier Darío Restrepo que es de la mayor importancia. Restrepo es uno de los más reconocidos estudiosos de la ética periodística en habla española, y ha venido con frecuencia a nuestro país a impartir conferencias y seminarios sobre su tema. Su texto se intitula “Informar bajo amenaza” y es muy pertinente en el momento actual de los medios de comunicación.

    El núcleo del artículo de Restrepo, me parece, es recordarnos que el periodismo es una actividad que debe concentrarse en informar, pero que la información no es ni la simple repetición de dichos ni la recolección de hechos: es un proceso que debe dirigirse a la “inteligencia y capacidad de participación” de los lectores, que debe contribuir a la construcción de “conciencia colectiva de solidaridad y participación”. El periodismo es una actividad “sin más amo respetable que el lector, con periodistas a los que guía la pasión por darle al lector una información inteligente, como materia prima para sus decisiones libres”.

    Siguiendo estas definiciones, no hubo periodismo en México antes de 1982. Con las excepciones de siempre, durante el régimen de la Revolución, el amo no era el lector, sino el Presidente y su camarilla. Es a partir de la muy profunda crisis de aquel año que, por fin, los medios empiezan a dirigirse al público y no al poder. Incluso, en los tradicionales ejemplos de periodismo previos a ese año, el poder era el interlocutor, aunque el medio pareciese crítico. En ese sentido, no era periodismo como el que Restrepo define.

    La breve historia del periodismo así definido, es una lucha entre las viejas formas y las nuevas, entre la orientación al poder y al público, entre la repetición de dichos y hechos y el análisis e investigación. Y aunque hemos avanzado, la verdad es que estamos tan atrasados en esto como lo estamos en otros rubros de la vida nacional. Acostumbramos quejarnos de la ineficacia política, del estancamiento económico, de la crisis social, sin darnos cuenta de que estos aspectos tan sólo reflejan una falla general de la sociedad. Y los medios no escapan a ella.

    Hay explicación, que no excusa, en la historia. Acostumbrados al poder como interlocutor, dueños, directivos y periodistas tienen dificultades para cambiar la forma y fondo de su discurso. Pero 30 años son ya dos generaciones que deberían haber dado mejores resultados. El impacto inmediato del cambio de lógica fue convertir a los medios, de defensores a ultranza del poder, en sus críticos acérrimos. Pero eso no es periodismo tampoco, porque no apela a la inteligencia ni promueve la construcción de conciencia y comunidad. Sigue siendo repetición de hechos y dichos.

    Específicamente, frente al tema del terror, Restrepo sostiene que “el periodista, al informar se propone: 1. tranquilizar, 2. dar apoyo a las autoridades; 3. mostrar la catadura de los terroristas”. No es eso lo que hemos visto en México durante los ya casi cuatro años de lucha contra la delincuencia organizada. De manera generalizada, los medios han regateado el apoyo a las autoridades, lo que les ha impedido cumplir las otras dos funciones que Restrepo propone.

    La razón por la cual los medios no son capaces de apoyar a las autoridades, tiene su origen en el proceso incompleto de independencia del poder. Pasamos, decía, de medios subordinados al poder, a medios que enfrentan al poder (político). Pero no dimos el siguiente paso, el más importante: pasar de dichos y hechos a información. Debería impresionarnos la cantidad de notas carentes de contexto, la cantidad de columnas carentes de análisis, la cantidad de cabezas que sólo repiten.

    El desafortunado, aunque felizmente concluido secuestro de 4 periodistas en Durango, con la intención de usarlos como rehenes para imponer una política editorial en medios nacionales, puede aprovecharse para dar este paso que nos ha faltado. Es de la mayor importancia que los medios acuerden políticas conjuntas para informar acerca de la delincuencia organizada, pero es aún más importante que reflexionen acerca de su trabajo.

    La relevancia de las ideas en el funcionamiento social supera lo que creemos. El papel de los medios en la construcción de estas ideas les confiere una responsabilidad que no han sabido aquilatar, ni mucho menos cumplir. No es exageración sostener que el futuro de México depende de la posibilidad de que hagamos periodismo, y dejemos de repetir hechos, dichos, creencias y prejuicios.

    Twitter: @mschetti www.macario.com.mx

    Profesor del ITESM - CCM



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