Ciudadanía poco edificante

Gabriela Warkentin, con estudios en comunicación y narrativa, es docente en universidades nacionales e internacionales, conductora de radio y ...
Más de Gabriela Warkentin10 de julio de 2010
¿HDP significa high density polyethylene, hijo de puta o high definition porn? Cuando escribo Raúl lava la tina, ni “Raúl” ni “lava” ni “tina” resaltan. Pero en Raúl lava dinero, lavar lo dice casi todo. Y si con ello termino con la reputación de Raúl, no habrá tina que contenga su ira y el HDP que me espete no será de polietileno. Esto se aclararía en una conversación o en debate cara a cara. Contexto, dirían los clásicos. Pero escrito, con la posibilidad de hacerlo desde el anonimato y en la brevedad impuesta, puede tener implicaciones indeseadas.
Característica del periodismo digital es, entre otros, que los lectores comenten contenidos. Foros o espacios: en la medida en que la ciudadanía se hace también digital, se vuelve más participativa. Pero de eso a más constructiva o edificante, hay una distancia del cielo a la tierra. El colorido de los comentarios suele provenir de insultos, amenazas, descalificaciones, injurias que, como bien apunta José Antonio Aguilar Rivera, en muchísimas ocasiones tienen tonos xenófobos, racistas, misóginos, homofóbicos, clasistas... Las participaciones de los lectores a las notas sobre el matrimonio entre parejas del mismo sexo, por ejemplo, destaparon la cloaca de la homofobia en su expresión más lacerante. Del mismo modo, las linduras que se escribieron tras la desaparición del ex candidato a la Presidencia, Diego Fernández de Cevallos: entre el agravio real y el linchamiento.
Los principales medios del mundo se lo toman en serio. ¿Cancelar espacios de discusión?, ¿exigir registro del usuario para debilitar el anonimato?, ¿sofisticar moderaciones?, ¿reforzar criterios de autorregulación para los usuarios? El periódico Washington Post informó ya que modificará el sistema de comentarios de los lectores con nuevas capas de filtrado que permitan una mejor criba; la inversión para lograrlo no será menor. Milagros Pérez Oliva, defensora del lector del diario El País, nos recuerda que cuando un texto merece miles de comentarios, “la conversación digital tiene poco de diálogo y mucho de ruido”. Y por supuesto no es infrecuente el reclamo de más de un lector que grita —escribir solamente con mayúsculas equivale a gritar en la etiqueta del ciberespacio— que su comentario fue censurado y no aparece. Los motores que moderan no siempre distinguen si el HDP es científico o asesino; o si el lavar se refiere a la tina o al dinero. Pero somos rápidos para gritar ¡censura!
Habremos de definir reglas que permitan interacción sin violencia. Hay quienes dicen que los comentarios agresivos caen por su peso y recomiendan fijarse solamente en los constructivos: pero no es fácil tener que leer insultos y amenazas hasta dar con aquellos que sí aportan. Muchos periodistas o columnistas optan ya por no sumergirse en tales lodazales. Hace falta estómago para aguantar.
Con todo, mi propuesta es sí mantener los espacios de interacción y que los medios asuman su responsabilidad para no convertirse en entornos de apología a la violencia: mejores sistemas de moderación, que sean dinámicos; registro obligado; transparencia en los criterios de moderación (el diario estadounidense New York Times tiene públicas las razones por las cuales elimina algunos comentarios); fomentar la autorregulación; exhibir la violencia e intolerancia. Y los lectores debemos ser más conscientes del papel que nos toca en estas épocas de inteligencia colaborativa: salgamos del capullo, denunciemos la intolerancia.
Que no se olvide: nos hemos ganado a pulso el derecho a participar. Demostremos que ha valido la pena.
http://twitter.com/warkentin
Directora del Depto de Comunicación de la Universidad Iberoamericana y de ibero 90.9 fm.


