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Jorge Chabat

Solito contra el narco

Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde tam ...

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    21 de junio de 2010

    El combate al narcotráfico ha sido desde los inicios de este sexenio, una guerra particular del presidente Calderón. Parece que él es el único que cree en ella. Su discurso se basa en una premisa que, en principio, debería ser incuestionable pero en la que pocos creen: que las leyes deben aplicarse, no sólo proclamarse. Desde los inicios del gobierno calderonista han abundado voces desde todos los ámbitos que plantean que el combate al narco fue un capricho del Presidente, como si aplicar la ley fuera opcional. Muchos incluso han dicho que la violencia y las muertes que provoca el narcotráfico son culpa del gobierno. Esto es, si tenemos todo el caos que tenemos es por una obsesión extraña de Calderón en aplicar la ley. ¿A quién se le ocurre que aplicar la ley resuelve algo? De plano este Presidente no entiende nada, dicen. ¿Pues qué Calderón no se ha dado cuenta en qué país está? Si esto no es Europa ni Estados Unidos. Gobernar se trata de irla llevando, de acabar el sexenio de la mejor manera posible, de cobrar cada quincena sin más aspavientos. La política se trata de mantenerse en el puesto, no de atacar los problemas.

    Y a lo mejor en estas críticas pre modernas hay algo de verdad, pues parecería que el Presidente ha dado por sentado que el solo argumento de la legalidad sería suficiente para legitimar la ofensiva contra el narco. Pero en un país en el cual la cultura de la legalidad es más bien una influencia exótica, importada de tierras lejanas, no lo ha sido. Es por ello que resulta positivo el desplegado que publicó el propio presidente Calderón hace una semana explicando la lógica del combate al narco, insistiendo en un punto clave, que en el fondo de lo que se trata es de cumplir con una función básica del Estado: dar seguridad y que ello sólo se logra aplicando la ley. Sin embargo, la publicación de dicho desplegado ha presentado varios problemas. Primero, es una clarificación de los objetivos de la misma que es desde luego muy pertinente pero que en realidad debió haberse planteado desde hace tres años. Segundo, el timing para dar a conocer este análisis de la estrategia antinarco no pudo haber sido peor: se hace en medio del mundial de futbol cuando a la mayor parte de la población lamentablemente parece importarle más cuántos goles anota la selección mexicana que cuántos muertos hay por la narcoviolencia. Para colmo, al día siguiente del desplegado de Calderón, México derrota a Francia en Sudáfrica y el análisis del texto de Calderón se diluyó en los medios y la opinión pública. Tercero, el desplegado del Presidente no fue rebotado por ningún miembro del gobierno de Calderón —tal vez porque su gabinete estaba también celebrando la hazaña de la victoria sobre Francia— y el Ejecutivo se quedó solito con su guerra contra el narco. Sólo algunos analistas se refirieron a este texto y muchos de ellos, herederos de una tradición forjada en las épocas del PRI, lo criticaron sólo por venir del Presidente. En pocas palabras, el análisis serio que contenía el texto del Presidente se perdió en un mar de noticias pamboleras y en medio del silencio del equipo gubernamental.

    El mensaje del presidente Calderón es sin duda el mejor texto del gobierno que se ha escrito sobre el tema. El análisis es profundo y difícil de refutar en la lógica de un Estado democrático que se basa en la aplicación de la ley. Dicho análisis plantea con claridad que la opción de combatir al narco era la única posible, al menos dentro del marco de las leyes vigentes, y que no hacer nada no era una opción responsable. Realmente el texto del Presidente merecía un mejor destino que el que ha tenido hasta ahora. Merecía una respuesta de todos aquellos que han insistido en que la guerra contra el crimen organizado es la causante de los muertos y que dicha guerra es un capricho del Presidente. Merecía, en suma, una discusión seria entre la clase política y en los medios de comunicación que lamentablemente no se ha dado y no parece que vaya ya a darse. En fin, es una lástima que en un tema tan trascendente para el país, la falta de una estrategia de comunicación efectiva por parte del gobierno haya dejado solo al Presidente en una guerra que, nos guste o no, es de todos, porque al final quienes vamos a beneficiarnos de una mayor seguridad o quienes vamos a ver nuestra vida arruinada por una mayor inseguridad somos todos y no sólo el Presidente.

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    Analista político e investigador del CIDE



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