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Ana María Salazar

Las “otras” víctimas de la violencia

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    23 de abril de 2010

    Hace unos días una amiga me comentaba que su hija le preguntó: “Mamá, ¿alguien me va a robar?”. Estamos seguras de que esta pregunta surge en reacción de la constante información que se transmitió sobre la desaparición y muerte de la niña Paulette Gebara, información escuchada seguramente por muchos pequeños mexicanos. Una solución fácil sería prohibir o controlar el contenido que ven y escuchan nuestros pequeños. Pero una sicoterapeuta que entrevisté para mi programa de televisión Seguridad Total me señalaba que a pesar de que la mayoría de los niños no ven los noticiarios o leen los periódicos, tienen mucho más información sobre los problemas de seguridad, como robos, secuestros y narcotráfico, que afectan a nuestro país. El problema en este momento es que la violencia en México es tal y la criminalidad ha impactado a tantos mexicanos, que es literalmente imposible evitar que nuestros pequeños estén expuestos a la realidad violenta que vivimos. Ante este clima de violencia, me pregunto si alguien ha volteado a ver a los niños.

    Para un adulto, con la capacidad de raciocinio y lógica, las imágenes y la información sobre muertes, secuestros y violencia son impactantes. Para los niños son imágenes aterradoras e incomprensibles. Nosotros podemos racionalizar nuestros temores. Los niños no pueden diferenciar estas fronteras. Recuerdo que semanas después de los atentados del 11/9 surgieron discusiones, aunque anecdóticas, sobre comportamientos de niños que reflejan sus temores y preocupaciones. Desde una niña que llora al saber que uno de sus padres tiene intenciones de volar, a un niño que expresa miedo de subir a un edificio de varios pisos. O expresiones de odio dirigidos contra personas con apariencia árabe o estadounidense. Lo que más me impactó en esa época fue ver cómo un grupo de niños recreaba los terribles sucesos del 11 de septiembre en sus computadoras al colapsar helicópteros cibernéticos en contra de edificios, y con gritos de júbilo proclamaban: “¡Estamos destruyendo las torres gemelas y ahora vamos a pegarle al Pentágono!”. También recuerdo cuando vivía en Colombia, que durante un examen de ascenso en una escuela de artes marciales, un niño me preguntó muy preocupado si no sería una bomba una caja con alambres que veía el techo. Lo que el futuro cinturón azul observaba era una lámpara fosforescente mal instalada.

    Es difícil en este momento estimar el impacto a largo plazo sobre nuestros niños de la violencia que se vive en el país. Pero los especialistas nos recomiendan hablar claro y sin especulaciones, con nuestros hijos ante casos como la muerte de la pequeña Paulette, y de tantos otros temas que suceden todos los días y a los que están expuestos los niños en los medios de comunicación. Bien dicen que es mejor que la verdad la sepan de nosotros y no por otro lado, podemos tocarles estos temas sin que toquemos los detalles, pero sí ayudarles a asimilar estos hechos reduciendo su impacto, esto es importante ya que si no intervenimos ellos irán perdiendo su capacidad de asombro, lo que los puede llevar a perder muchos límites.

    La sicoterapeuta me dio varias sugerencias adicionales. 1. Cuando el niño tenga una pregunta o una inquietud, no le des información de más con la que tenga que ver con su edad. 2. Explicar en su propio contexto, darle la información es importante, sobre todo si la está preguntando, pero tampoco darle de más. Entonces eso es muy importante porque cada persona tiene miedos diferentes. 3. Podemos explicarle con juegos, con una metáfora y trasladarlo a la realidad.

    Pero más allá del papel que deben de jugar las autoridades federales y estatales en mediar entre grupos antagónicos y buscar evitar que las diferencias se traduzcan en violencia, no debemos de olvidar el papel fundamental que juega la familia. Es en el seno familiar donde la mayoría de nosotros aprendemos cómo se deben de resolver los conflictos y a ser tolerantes. Seguimos el ejemplo de aquellos que nos rodean. Si nuestros jóvenes viven la intolerancia y la violencia en casa.... ¿Qué se puede esperar de su comportamiento fuera del hogar?

    Una última reflexión. Los niños aprenden de sus padres y de los adultos que los rodean. Si somos violentos, ellos también lo serán. Si tomamos medidas de prevención para evitar ser la siguiente víctima de un delincuente o de un accidente, ellos también seguirán nuestros pasos. Tan sencillo como eso.

    [email protected]

    Analista política



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