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Ana María Salazar

Equipo de segunda fuerza

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    11 de septiembre de 2009

    Desconocidos. Perfiles bajos. No harán sombra. Cuestionados. Designación de bancada. Reciclados. Chiquitos. Estos son algunos de los comentarios que lanzaron los analistas y comentaristas cuando el presidente Felipe Calderón anuncio el nombre de las personas que remplazarían a los titulares de PGR, Sagarpa y Pemex.

    Y es que sorprenden los nombramientos del Presidente, ya que una de las grandes críticas a su administración es que está mal rodeado y asesorado, y que la mayoría de los integrantes del equipo de secretarios y asesores cercanos son mediocres y de muy bajo perfil, muchos de ellos con el único atributo de ser amigos de Calderón o recomendados de bancada.

    Ante la reciente pérdida electoral en las elecciones intermedias hace unos meses, parecería que este sería el momento para “relanzar” su equipo para poder gobernar y sobrevivir los siguientes tres años, que posiblemente serán los más difíciles y críticos que ha tenido el país en décadas, tal vez desde hace un siglo.

    Al analizar las características de líderes extraordinarios que tuvieron que enfrentar situaciones de crisis, su capacidad de gobernar y enfrentar la emergencia tuvo mucho que ver con que fueron gobernantes que supieron rodearse de extraordinarios asesores y expertos.

    En el mejor de los casos, a lo que puede aspirar en los siguientes años Calderón será a nadar de muertito, teniendo la cabeza suficientemente arriba de la marea para tomar respiros de vez en cuando y no ahogarse. ¿Pero puede correr el riesgo de continuar con un gabinete ineficiente y sin credibilidad? Claro que no.

    Y aunque el país en los últimos tres años ha sobrevivido a un incremento dramático de la violencia, una crisis alimentaria, crisis económica, inundaciones, sequías, huracanes, pandemia y hasta un “secuestro exprés” de una aeronave, ¿realmente siente, señor Presidente, que tiene el equipo adecuado para enfrentar un magnicidio, un terremoto catastrófico, atentados terroristas o brotes de violencia social?

    Hace algún tiempo, durante una conversación, el ex presidente de Colombia y ex secretario general de la OEA, César Gaviria, me comentaba que los presidentes en una democracia tienen relativamente poco poder, pero entre las cosas que pueden controlar está su equipo de asesores y ministros. Gaviria señalaba que el presidente debe considerar a sus ministros como “fusibles”, que pueden prenderse o apagarse según las necesidades políticas del gobernante. Eso incluye hacer cambios en el gabinete para demostrar cambio de rumbos, darle blindaje al presidente o responder a necesidades políticas con diferentes grupos de poder.

    Por eso es difícil entender los nombramientos más recientes del Presidente. Ninguno de los tres son nombramientos que le da más credibilidad a las propuestas del Ejecutivo ni parecería darle algún blindaje político; al contrario, sus nombramientos están abriendo nuevos flancos de ataques y críticas hacia Calderón.

    Esto es particularmente cierto con la selección de Arturo Chávez Chávez, cuestionado por ONG por su desempeño en Chihuahua como procurador, pero también por su falta de nivel o experiencia por los mismos senadores que tienen que ratificarlo. Cuando se considera que el procurador es uno de los funcionarios que más relación tiene con el gobierno de EU, nombrar a Chávez es abrir otro frente con ese país. Hay que recordar que legisladores y ONG estadounidenses han fuertemente cuestionado a las autoridades de Chihuahua por los asesinatos y la violación de derechos humanos de las mujeres de Juárez.

    Más allá de su capacidad profesional o su sposible omisiones como procurador en Chihuahua, me pregunto si Chávez tiene el nivel y la presencia para poder negociar y, si es necesario, enfrentar al secretario de Seguridad Pública, el eterno sobreviviente Genaro García Luna. No estoy diciendo que debe existir una relación de antagonismo como el existió entre los archienemigos Medina Mora y García Luna. Lo que estoy sugiriendo es que tampoco debe existir un total sometimiento del Ministerio Público a las fuerzas policiacas del país.

    El proceso de ratificación de Chávez seguramente expondrá las debilidades de este nombramiento. Este proceso tal vez podría ser el catalizador de una reforma al Estado que podría asegurar más calidad en los nombramientos presidenciales. ¿Deberían todos los secretarios de Estado estar sujetos a la ratificación del senado, como es el caso de EU? La ratificación debería empujar al Ejecutivo a nombrar personas que puedan sobrevivir el escrutinio de su currículum por parte del Senado, los medios y la sociedad civil. ¿Será Chávez (al cuadrado) el siguiente titular de la PGR? Está por verse si los senadores cumplen a cabalidad con sus funciones.

    www.anamariasalazar.com

    Analista política



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