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Rogelio Ramírez de la O

El presupuesto, un mito

Consultor y analista económico, director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning). Su preparación en el ámbito del comerc ...

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    19 de agosto de 2009

    La crisis fiscal fue un shock para el gobierno, una sorpresa negativa. ¿Pero por qué, si muchos ya lo sabíamos?

    En primer lugar, todos los planes presupuestales y, aun más, su ejecución, siempre estuvieron rodeados de un optimismo sin bases. Su solo sustento fueron los altos precios del petróleo. Los gobiernos estatales se contagiaron del espejismo y gastaron sus ingresos de participaciones federales sin construir con ellos riqueza permanente o invertir en educación, ciencia u obras.

    A fines del año pasado el gobierno esperaba un producto interno bruto de 13.1 billones de pesos para 2009. Con la caída, que lo tomó por sorpresa, será casi 15% menor, y como en eso basó el Presupuesto, hizo de él un mito. Aparte, no hay manera de compensar el faltante con más impuestos en 2010, menos si se intenta cobrar a quien ha perdido más capacidad de consumo, la clase media.

    Un problema es que la mayor parte del gasto alimentaba el esquema del gobierno federal no para invertir, sino para mantener contentos a los gobernadores del PAN y de la oposición y así comprar su apoyo. Hoy se puede quejar de que los gobernadores “gastaron la bonanza”, pero debe recordarse que fue el propio Ejecutivo el que les dijo en repetidas ocasiones que juntos iban a compartir más ingresos.

    La verdadera salida de este choque ya convertido en crisis no está al alcance del gobierno ni del Congreso. A ambos la inercia los avasalla. Para empezar, el gasto público total se tendría que recortar en 500 mil millones de pesos para que no hubiera déficit.

    O bien los ingresos aumentar en ese monto. Con los petroleros no se puede contar porque la producción de petróleo está cayendo y su precio nadie sabe cuál será. Pero también el precio de la gasolina importada (casi 50% de nuestro consumo) está aumentando.

    Los gobernadores no podrán funcionar con menores ingresos porque no tienen la imaginación ni la buena administración para hacer nada sin mucho dinero y desperdicio. El Congreso, por lo tanto, no estará de acuerdo en que les recorten ingresos.

    Así, la principal “salida” de gobierno, gobernadores y Congreso será la deuda, lo que este gobierno dijo que no haría. Y las primeras señales están a la vista: permitir la bursatilización de las participaciones futuras de los estados. Eso no es más que tomar prestado del ingreso futuro y, por cierto, será a un alto costo financiero.

    Pero, en un intento fútil de evitar una reducción en la calificación de la deuda y para ganar tiempo, van a recortar la inversión pública. Todas las promesas que recibió el sector privado de que habría mucha obra pública, grandes proyectos, infraestructura y con ello actividad económica, van a pasar al olvido. El país tendrá más deuda, pero su capacidad real de pago habrá disminuido.

    La verdadera solución debería ser redimensionar el tamaño de la burocracia. Sin eso no habrá nunca recursos para invertir. Pero para ello se requiere del más alto liderazgo político, porque hay que involucrar a estados, municipios, Congreso y Poder Judicial. Sólo a partir de ello se pueden comenzar a discutir más impuestos y a quiénes cobrárselos.

    Como ese liderazgo está ausente, la “solución” después de semanas de discusiones en el Congreso y entre los organismos públicos y privados, será la salida falsa. Lo único que van a lograr congelando la inversión es hundir más a la economía, lo que a su vez golpeará la recaudación de los próximos años y desfondará cualquier presupuesto que se haga, para que siga siendo un mito.

    [email protected]

    Analista económico



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